Autor Mensaje:   Testimonio de ex -sacerdote católico
Rogelio
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enviado 20-01-1999 12:45     Pulsa aquí para ver el perfíl de Rogelio   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Rogelio     
El siguiente es el testimonio de un ex sacerdote católico, los datos editoriales se encuentran al pie del mensaje.
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EL SEÑOR ME BUSCO

Testimonio del ex-sacerdote R. Di Lorenzo

Jamás se me había pasado por la mente dejar el sacerdocio y abandonar la Iglesia católica. Si alguien me hubiera dicho que yo como secerdote me encontraba en densas tinieblas y en error, y que El Señor me esperaba con Su Gracia liberadora en otro país, Holanda, habría rechazado eso como absurdo. Pero los caminos del Señor son distintos de los nuestros, hombres.

A los quince años entré a la orden de los salesianos. En 1956 fui ordenado sacerdote. me destinaron a un internado con 180 jovenes de 10 a 15 años. Me encontraba bien y hacía ese trabajo de muy buen grado.

El Motivo de Mi Salida

En marzo de 1965 fui enviado por mi superior a Roma para hacer un mes de retiro como castigo en una orden mucho mas severa que la nuestra, los pasionistas. ¿ Cual había sido el delito que había cometido? Haber sido sincero con mi superior, y pedirle que deseaba ser trasladado a otro lugar, por que veía en mí el peligro de una joven.
Partí para aquel convento de pasionistas. No hace falta decir que no fui aceptado en la comunión con aquellos hermanos porque era de una orden totalmente distinta de la nuestra. Estaba, pues, terriblemente solo . Pero el Señor me esperaba allí y El continuó la obra que había comenzado en mí. Sin embargo, qué paciencia ha tenido que tener conmigo, ya que tenía la cabeza muy dura.

En ese mes afloraron en mí los pensamientos más desesperados y amargos. A veces qería huir. ¿ Pero adonde?, no lo sabía, alejarme lo mas posible de aquel lúgubre claustro. A veces sentía en mi una corriente de odio. A veces estaba tan desanimado y abatido que quería poner fin a mi vida. El Señor me perdone.
Pero al lado de esos momentos de profundo abatimiento también viví momentos de profunda piedad. Allí imploré al Señor en mi miseria pidiéndole liberación. Pero todo permanecia en silencio alrrededor y en mí. Me sentía como encerrado en una carcel.

El convento estaba situado en una de las siete colinas de Roma, Celio, cerca de la vieja Roma. Desde allí tenía una panoramica de toda la ciudad, también del Coliseo, donde los primeros Cristianos entregaron sus vidas por el Señor en las garras de los leones.

También podía contemplar la vida que allí abajo se desbordaba delante de mí. Sentía envidia de la libertad. Deseaba mezclarme entre esa gente para ser sencillamente uno de ellos.
Deseaba tirar con esa negra sotana, ya que así era un extraño, un ser de un orden superior, en medio de la gente. Deseaba ser normal un hombre como ellos.

El encuentro con mi superior en Abril fue un encontronazo. El me dijo que inmediatamente después de Pascua me trasladaría a otro convento. Con toda contundencia le respondí:" No, eso no lo acepto de ninguna manera. Quiero regrasar a mi anterior convento en Napoles. Además quiero decirle con franqueza lo que pienso de usted: Usted solo tiene en lugar de un corazón , un código de derecho canónico.

El día " Jueves Santo" partí para Nápoles, pero no para regresar a mi convento, sino para permanecer un tiempo en casa de mis padres.

El Señor continuaba su obra en mí. En el armario de mi celda encontré un Nuevo Testamento. Por primera vez en mi vida lo leí entero. Traté de leerlo tal como estaba allí, sin que me estorbaran las amenazas de la iglesia, que sería maldito, si leía otra cosa de la que ella me enseñaba.
Descubrí que el Padre de Jesucristo era totalmente distinto del Dios y Padre que la iglesia a mí me había enseñado. Comencé a ver que lo que hasta ahora había creído y enseñado a los otros, era totalmente distinto a lo dice El Evangelio. Descubrí que la salvación que yo debía obtener, no la podía llevar durante la misa en mis manos, aunque estuviesen ungidas por el obispo; sino que esa salvación se encontraba siempre fuera de mí, en Cristo ya que " Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición ( Gal. 3:13).

Un domingo por la mañana, cuando paseaba por Nápoles, me fijé en un dificio, en donde se presentaban lectura protestantes. Estaba a la entrada de una iglesia Valdense. No entré, pues aún estaba vestido como sacerdote y eso sería causa de mucha confusión. Anoté el nombre y el teléfono del pastor. Me invitó a su casa para charlas sobre mis dificultades.

Más tarde, en un caluroso agosto me encontré con el ex- sacerdote Hegger, que había venido de visita a Italia, junto al pastor Poggioli. Y algunas semanas más tarde me encontraba en la casa para ex-sacerdotes en Velp (Holanda).

Allí se operó en mí ese misterio, el nuevo nacimiento por la Palabra de Dios y bajo la acción del Espíritu Santo. El Espíritu a tenido que quitar toda clase de obstáculos de mi camino: treinta años de convento, la nostalgia de mi patria Italia, mi (de)formación filosófica y teologica, las barreras del idioma, y sobre todo mi pecador "yo", Pero Dios es todo poderoso. El puede hacer hijos de Abraham incluso de las piedras. El demolió la casa de la satisfacción de mí mismo y de mi propia justicia hasta los cimientos. El me hizo morir con Cristo y con Su poder a mi pecador "yo", para pasar de la muerte a la vida con y en Cristo.

El Nombre de Dios sea siempre glorificado por la grandeza de Su Gracia en Cristo.

Renato Di Lorenzo
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En la trancripción del original, nada se ha cambiado, ni siquiera comillas o parentesis. El relato es tal cual aparece en: " EN LA CALLE RECTA", año XXV, Nº 122, Mayo -Junio 1993.

Stichting In de Recthte Straat
Boulevard, 11
VELP (Gld)Holanda

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L Fernando
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enviado 20-01-1999 19:37     Pulsa aquí para ver el perfíl de L Fernando   Pulsa aquí para enviar un e-mail a L Fernando     
Hermano Rogelio:

Bonito el escrito del ex sacerdote católico (salesiano).

Yo fui educado en el amor de Dios en un colegio de esa misma congregación, cultivaron en mi tal amor que en un momento determinado decidí hacerme salesiano. Allí fui formado (más bien FORMADO con mayúscula) tanto filosóficamente como teológicamente hasta el día en que descubrí que no era este el camino por el cual me llamaba el Señor.

Los salesianos me ayudaron a discernir, y con ellos estoy profúndamente agradecido. La educación que se imparte en sus colegios es de excelencia, tanto en el aspecto pedagógico como religioso.

A pesar de haberme retirado sigo ligado a mi Iglesia católica, en ella veo un buen camino de salvación, en ejemplos como la vida de San Juan Bosco (fundador de los salesianos), Santo Domingo Savio, Beata Laura Vicuña (ella es chilena por si te interesa) y otras tantas personas que han sido ejemplo del Amor de Dios desde la Iglesia Católica, es tanto lo aportado por dicha congregación en la difusión de las enseñanzas de Nuestro Señor llegando, en algunos lugares, a dar la vida por defender la Verdad.

Una vez más intentas atacar a la Iglesia Católica con las palabras de un ex-sacerdote. Te faltó la frase indicando que tú deseo no era atacar.

Rogelio puedes creer que existe el Amor, que el Amor de Dios supera tú Iglesia, la mia, a los budistas y a todas las formas de religiosidad que existen, ¿por que no buscas en los escritos de Madre Teresa de Calcuta textos en que entre en contradicciones con la Iglesia Católica? (pueden ser de otros insignes católicos). Esta discusión no lleva a nada, lo único que se puede decir es que, como ya escribí en otra respuesta a un ataque tuyo, tus temas están marcado por un sólido odio a la Iglesia Católica.

Podría buscar responderte de la misma manera que tú haces, pero no lo voy a hacer porque, a pesar de conocer evangélicos que dejan mucho que desear en cuanto a la enseñanza de la Palabra de Dios, no es menos cierto que existen muchos que merecen todo mi respeto y admiración por la integridad y por la coherencia entre su vida y sus palabras. Yo prefiero destacar a estos últimos por sobre los primeros porque en ellos puedo ver el Amor de Dios hecho carne.

A todo el foro:
Como católico, este es el último mensaje que me dedico a defender, ya que es más fácil destruir que construir, invito a quienes esten realmente inspirados en el Amor de Dios, a construir el camino que nos lleve al Señor no dándole importancia a los mensajes que sean de ataque a alguna Iglesia (sea esta la mía u otra).

Me pongo, si, a disposición de Uds. para aclarar dudas acerca de nuestra forma de vivir la Palabra, siempre y cuando se diriga con el respeto que merece el ser humano que lea dicho mensaje y sus creencias (responder dudas es muy diferente a responder ataques).

Rogelio:

No se que te ha hecho la Iglesia Católica, pero estoy orando para que tu rencor desaparezca y te dejes inundar por el Amor de Dios.

Dios nos bendiga y nos enseñe a Amar.

IP: Guardada

Rogelio
Miembro
enviado 20-01-1999 20:13     Pulsa aquí para ver el perfíl de Rogelio   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Rogelio     
Hermano Fernando

Antes de leer y contestar a su respuesta al testimonio del ex -sacerdote católico Renato Di Lorenzo, a continuación he pegado el mensaje respuesta una intervención suya. Este mensaje no ha sido respondido por usted, espero que esta sea la ocasión de hacerlo:


AQUÍ COMIENZA EL MENSAJE SIN REPUESTA
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Hermano Fernando

Usted dice:

" Que bueno es poder contactarnos en la paz de Cristo, pues yo esperaba un ataque de parte suya.."

Declaro:
En todos los mensajes que usted podrá haber leido del suscrito, no ha encontardo ningún ataque u ofensa al catolicismo Romano, tal como se indica en cada una de los mensajes, solamente se expone lo que el mismo catolicismo romano, Dice y practica, se incluyen las citas Bíblicas que evidentemente contrastan fuertemente con lo afirmado por
su organización, con la finalidad de que los católicos que no conocen estos asuntos puedan revisarlos por si mismos.

Usted dice:

"..intentando modificar el artículo que
citó del Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica o en su defecto, esperaba que Ud. ofreciera disculpas por haber citado mal(después de todo Ud. habla de que la Iglesia debe dar signos de arrepentimiento y que mejor que predicar con los hechos)."

Declaro:

Este es un excelete lugar para que usted explicite, ante este y los otros foros, cuales fueron las supuestas citas erroneas, que menciona.
En cada uno de los mensajes, comparativos entre la doctrina católica y la Palabra de Dios, se citan con toda claridad los autores y la editorial, personalmente he realizado la transcripción desde los originales citados
con el mayor cuidado a fin evitar lo que usted menciona.

Usted dice:

"El hecho de haber puesto una cita incorrecta me puede llevar a pensar en dos sentidos:

1.- Actuó de buena intención después de haber escuchado algo del tema y sin investigarlo o

2.- Lo hizo con la mala intención de que no todos pueden ir a leer el original, por lo que se van a quedar con su palabra."

Declaro:
Usted yerra con respecto a la supuesta cita incorrecta, no creo que los Ex -sacerdotes católicos convertidos al Evangelio y los editores de "EN LA CALLE RECTA", desde donde están tomados los articulos no se
percataran del error. En ese supuesto y dificil caso, en las ediciones posteriores lo mencionarían lo cual no es así. En todo caso y para mayor claridad la publicación es absolutamente gratuita y usted puede
pedirla por correo, conocerá el respeto con que tratan el tema y el cuidado en su redacción, debido a que se le considera como un instrumento de dialogo con Roma y los fieles que no cononcen estos asuntos.

A lo primero:
La intención es explicita en cada uno de los mensajes y la rigurosidad en la transcripción del texto original, es absolutamente verificable.

A lo segundo:
Yerra con estrépito mi amigo, le repito, la intención está explícita en los mensajes, es decir, exponer lo que Roma por si misma declara y defiende.

En relación a "quedarse con mi Palabra", usted debe saber que cualquier persona que abraza El Evangelio, por la Gracia de Dios y no por medio de hombre o ritos paganos, una de las primeras cosas que aprende, es revisarlo todo y contrastarlo con La Palabra de Dios, por causa de lo engañoso del corazón y lo poco fiable que es el hombre, mas aun cuando se sabe que el engaño sistematizado apoyado por la filosofía mundana, es usado para pervertir deliberadamente La Palabra
de Dios, por muchas organizaciones que se dicen Cristianas y que en la evidente práctica no lo son.
El hecho de incluir los datos editoriales del documento evidentemente niega el asunto segundo.

Usted dice:
Espero sinceramente que Ud. se encuentre en el primer punto (ya que la solución es fácil, ponerlo como pregunta en un foro permitiendo que nos podamos defender o corroborar personalmente el hecho) y le solicito que en los diferentes lugares de este u otros foros donde lo haya puesto rectifique para que la visión que cada persona se forme esté conforme a la realidad.

Declaro:
En ningún otro foro he tenido la oportunidad de conocerlo, me sorprende, pues en todos los foros que participo, son de discusión
abierta, sea este o el de Ciudad Futura.

Disculpeme y no se ofenda usted, pero por causa de lo que usted dice en este párrafo, dudo de la sinceridad que declara, mas aun sospecho que usted no es la persona que declara ser.

Usted Dice:

Por último quisiera hacerle una aclaración: no existe diferencia entre la jerarquía de la Iglesia con los fieles, nosotros nos mantenemos unidos a quién creemos realmente depositario de la Palabra de Dios,.."

Declaro:
Parcialmente no concuerdo con usted:

Primero; En relación a las diferencias entre dirigentes y fieles, es asunto simple revisar las conversiones de los últimos 500 años, la crisis generalizada del catolicismo especialmente en Holanda, los intentos y
estrategias de reevangelización.

Como muestra un botón, tanto España como Italia son en la evidente práctica 100% católicos, ¿Es necesario reevangelizar paises 100% católicos?, disculpeme y no se ofenda, pero revise usted por si mismo,las estadísticas mundiales en cuanto a cuales son los paises de Europa con mayores tasas de corrupción. También es importante revisar en
detalle la quiebra del banco Ambrosiano en Italia, y la opinión de la asociación de bancos de ese país.
Para complementar lo anterior existe un escritor católico contratado por la asociación de bancos de Italia, que realizó una investigación periodistica y la editó como libro, se llama " EN EL NOMBRE DE DIOS" el autor católico es David Yalup, excelente investigación que trata sobre los detalles de la muerte del papa Luciani, Juan Pablo I.(está en Chile editado en español).

Segundo;
Concordamos, cada persona cree en lo que le es dado creer, todo proviene de Dios, personalmente y considerando Juan 6:44 y Juan 6:65( el capitulo completo), creo que el creer no es asunto voluntario ni del
intelecto de la persona, sino del tipo de Espíritu que Nuestro Señor permite que more en cada persona en particular, aunque algunos
defiendan y exalten la filosofía mundana y el intelecto humano, por sobre La Palabra de Dios y El Poder de Su Espíritu.

La Palabra de Dios, es clara e inequivoca, en Gálatas 1:1-10, en cuanto a quién se debe agradar, cuando se es siervo, y principalmente, que es lo que se debe predicar. Por otra parte usted estará de acuerdo con lo siguiente:

Asunto diferente, es quién no conoce la verdad y yerra , que el que la conoce y la desprecia, tuerce e induce a otros al error, para su beneficio u organización.

Usted dice:

"en el caso personal no intento convencer a nadie, sino que busco que el actuar de todos los cristianos se lleve por el Amor de Dios y de esta manera crecer (con la ayuda de mis hermanos católicos, de mis hermanos
cristianos y de mis hermanos de otra religión o ateos) espiritualmente intentando también dar signos que, si no son rechazados de plano, pueden ayudar también al resto a vivir en la paz del Señor."

Declaro:

Creo que los seguidores de Cristo y Su Palabra no debemos ser convencedores, sino mostradores y difundidores de La Palabra de Dios, como Cristo mismo lo indica , clara e inequivocamente: "Predicad esta Palabra a todo el mundo", " La tierra y el cielo pasarán mas mis Palabras no pasarán" y también " Uno es el que planta otro es el que
riega".

Se ha fijado usted en la importancia y grandeza de esto, es lo ÚNICO ETERNO que existe a nuestro alcance y que tenemos en este universo, en el cual todo se corrompe, incluido el intelecto humano, para
finalmente morir irremediablemente. De ahí la vestidura de incorrupción de la que habla El Apostol Pablo.

Tan importante como la Paz que Nuestro Señor Jesucristo nos permite,es permanecer en el AMOR A La Verdad, que es Cristo y Su Palabra.

Que al Gracia de Dios y Nuestro Señor Jesucristo iluminen su Espíritu,

Su Hermano
Rogelio
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AQUÍ TERMINA EL MENSAJE SIN RESPUESTA

Rogelio

IP: Guardada

Rogelio
Miembro
enviado 20-01-1999 21:01     Pulsa aquí para ver el perfíl de Rogelio   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Rogelio     
Para todos

A fin de evitar malos entendidos e informar adecuadamente, en relación a los mensajes de la publicación " EN LA CALLE RECTA", dirigida por ex -sacedotes romanocatólicos, a continuación reproduzco la información en la portada de la revista y la declaración pública de sus editores y corredactores:

EN LA PORTADA DICE:

"EN LA CALLE RECTA"

Revista Internacional para Testimonio y Diálogo con Roma. Corredactada con ex-sacerdotes convertidos al puro Evangelio de JESUCRISTO.

EN LA CONTRAPORTADA DICE:

Edita:
Stichting In de Rechte Straat
Boulevard, 11
VELP (Gld) HOLANDA
Tel. 031-26-3616667/031-26-3634959

Director:
J.D. van Roest
Engweg, 44a
6741 CZ Lunteren
Holanda

Redactor Jefe:
Francisco Rodríguez P.
Apartado, 215
24400
Ponferrada, Leon
España

Declara:
NOSOTROS: H.J. Hegger ( Holanda), Fco. Rodríguez ( España), T. Vanhuysse ( Bélgica), A. Aparicio (Portugal), M. Carvajal (Ecuador), J.M. de León (Uruguay), R. Di Lorenzo (Italia), A. Bailly (Francia), como ex- sacerdotes de la Iglesia Católica FUNDAMENTAMOS NUESTRO TESTIMONIO EN UNA CONVERSIÓN Y VIVENCIA EN CRISTO POR LA FE.

Nuestra arma de diálogo es la sola Escritura frente a la doctrina oficial de Roma tal como está definida en los concilios, las definiciones ex-cáthedra de los papas, sus encíclicas, y el código de derecho canónico de 1983. Nuestr información oficial la tomamos de L'Oservatore Romano, el periódico del Vaticano.
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Datos adicionales:

La publicación es totalmente gratuita y pude ser solicitada al redactor jefe en España o al siguiente número de fax en Holanda:
031-26-3610971

En internet cuentan con un Web en Holandés. La dirección es:

Http://www.meetingpoint.org/irs/


Esperando que esta información les resulte de utilidad,

Los saluda
Rogelio

IP: Guardada

Rogelio
Miembro
enviado 22-01-1999 14:22     Pulsa aquí para ver el perfíl de Rogelio   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Rogelio     
Hermanos todos

Al igual que el obispo Strossmayer, estoy dispuesto a ser quemado en la plaza de san Pedro y con gozo lo aceptaría.

Con la Gracia de Dios y Nuestro Señor Jesucristo, los hijos de Dios no tenemos necesidad de maldecir, por causa de que el Apóstol Pablo, magníficamente se adelantó en el tiempo y nos legó: Gálatas 1:6-10., como sentencia poderosa, libre de discusión filosófica y sobre todo poder mundano.

Como única defensa personal, intelectual y Espiritual, solo haré eco de las palabras de Pablo:

" Pues, ¿ Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿ O trato de agradar a los hombres? PUES SI TODAVÍA AGRADARA A LOS HOMBRES, NO SERÍA SIERVO DE CRISTO". ( Gálatas 1:10).


Que siempre os acompañe el AMOR A LA VERDAD, que es Cristo y Su Palabra.

En Cristo
Rogelio


Pd: Nos veremos de vuelta de vacaciones

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marcoszavaleta
Miembro
enviado 26-01-1999 04:36     Pulsa aquí para ver el perfíl de marcoszavaleta   Pulsa aquí para enviar un e-mail a marcoszavaleta     
Rogelio:
me llamo poderasomente la atencion el testimonio des ex-sacerdote catolico, Yo mismo fui un Sacerdote de la Curia Romana hasta que entregue mi corazon a Cristo. esto me trajo muchois problemas en mi vida personal y aun los sigue trayendo. mas son una bendicion a mi vida espiritual.
actualmente trabajo con poblaciones marginadas en esta ciudad de Tijuana. como pastor. estoy agradecido a Cristo por haberme permitido el conocerle y dedicar mi vida a El. agradando al Padre Eterno. Romanos Cap. 8: 1 Nos dice: Ahora pues ninguna condenacion hay para los que estan en Cristo. para los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espiritu.
Ninguna condenacion hay para los que estan en Cristo Jesus.
(La palabra En significa dentro de)
hasta que no estamos dentro de Cristo (no dentro de una institucion humana o liturgia)
no podemos estar salvos de condenacion y esta salvacion es por Fe no por obras para que nadie se glorie.
No nos dice los que estan con Cristo (Judas Iscariote estuvo con Cristo lo mismo que Ananias y muchos otros) esta salvacion nos es dada por gracia que proviene de Dios.
Doy gracias al Altisimo por haberme liberado y ahora si dedicar mi vida a seguir a Jesucristo.
La Madre Teresa dijo algo muy bueno El Amor de Cristo se practica no se platica.
Les amo en el Amor de Cristo. que es Misericordioso.
su hermano marcos

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fercho
Miembro Reciente
enviado 26-01-1999 05:47     Pulsa aquí para ver el perfíl de fercho   Pulsa aquí para enviar un e-mail a fercho     
Hermano Marcos DIOS te bendiga, ya que fuiste sacerdote católico, podrias explicarme que es la transubstanciación para los católicos?

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Rogelio
Miembro
enviado 19-03-1999 23:19     Pulsa aquí para ver el perfíl de Rogelio   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Rogelio     
Hermanos en Cristo

A fin de complementar el magnífico y revelador testimonio del hermano en Cristo Antoine Bailly, me he permitido reeditar y poner a la cabeza del tablón de mensajes, el testimonio del hermano Renato Di Lorenzo, ex-sacerdote, católicoRomano de origen Italiano, convertido al Evangelio de Nuestro Señor.

Como Hermanos en Cristo, nosotros, que tenemos puesta la Fe, en El que está sentado a la Diestra del Padre y que está por sobre todas las cosas y carne de la tierra y del universo conocido y por conocer, que creemos en la autoridad de Su Incorruptible Palabra, también sabemos que el testimonio de un hombre que confiesa a Nuestro Señor Jesucristo, debe escucharse con reverencia y temor, pues la Gloria es a Nuestro Señor Jesucristo , y es El, el que dará Testimonio del hermano ante su Padre y confesará su nombre, de acuerdo a Su Justa y Perfecta Voluntad. ¡ a El sea la Gloria¡

El Señor nos proteja de la herejia. ¡Si ven pronto Señor clamamos¡

En la Paz de Cristo
Rogelio

IP: Guardada

Malcom
Miembro
enviado 24-03-1999 02:06     Pulsa aquí para ver el perfíl de Malcom   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Malcom     
Dios les bendiga

Tambien yo quiero compartir un testimonio de un ex-sacerdote catolico, espero que sea de bendicion.


EL DON Inefable

por el PADRE CARLOS CHINIQUY


EL PRÓLOGO

El Padre Chiniquy era un sacerdote famoso del Canadá. Nació en Kamuraska, Quebec, el 2 de julio de 1809. Allí fundó la primera sociedad anti-alcohólica, y recibió el título de “Apóstol de la Temperancia del Canadá.”
Debido a su capacidad, fue comisionado a conducir un grupo numeroso de canadienses franceses quienes establecieron una colonia en el Estado de Illinois, Estados Unidos del Norte de América.
Hacia el fin de su vida llegó a ser amigo del Presidente Abraham Lincoln...
Visitó Inglaterra varias veces y la siguiente historia de su conversión fue dada por primera vez en Londres.
Su vida se prolongó hasta la edad de noventa anos y murió en Montreal el 16 de enero de 1899.

El Don de la Salvación

Nací en la Iglesia Romana en 1809, y fui ordenado sacerdote en el ano de 1833.Por veinticinco anos fui sacerdote de dicha Iglesia; y os digo, amigos míos, con toda franqueza, que amaba a la Iglesia de Roma y que ella me amaba a mi. Habría estado dispuesto a derramar hasta la última gota de sangre por mi Iglesia y habría dado mil veces mi vida por extender su poder y dignidad en todo el Continente Americano y en todo el mundo. Mi gran ambición era convertir a los protestantes y llevarlos a mi Iglesia, porque se me enseno y así lo prediqué que fuera de la iglesia de Roma no había salvación y me entristecía mucho que aquellas multitudes de protestantes tendrían que perderse.

Unos anos después de que nací nos cambiamos a un lugar en donde no había escuelas. Mi querida madre fue entonces mi primera maestra, y el primer libro en que me enseno a leer fue la Biblia. Cuando tenía ocho o nueve anos, leía el divino Libro con increíble placer y mi corazón se arrobaba con la hermosura de la Palabra de Dios. Mi madre escogía los capítulos para que yo los leyera, y yo les ponía una atención tal que muchas veces rehusaba ir afuera a jugar con los muchachos para solazarme con el placer que me producía la lectura del Santo Libro. Me gustaban algunos capítulos más que otros, y los aprendía de memoria.

Mi madre murió repentinamente, y no mucho después la Biblia desapareció de la casa. probablemente un sacerdote había enviado a alguien para que se la llevara. Aquella Biblia es la raíz de todo en la historia de mi conversión. Fue la luz puesta en mi alma siendo yo joven y gracias a Dios que aquella luz nunca se ha extinguido. Allí ha permanecido. Es a aquella querida Biblia, por la misericordia de Dios, a la que debo hoy el gozo inefable que siento de estar entre los redimidos, entre aquellos que han recibido la luz y beben de la fuente pura de la verdad.

Pero quizá vosotros diréis, “¿No permiten los sacerdotes católicos romanos que sus feligreses lean la Biblia? Sí, y doy gracias a Dios que así es; y es probable que se jacten de este privilegio. Es un hecho que hoy, casi por todo el mundo se concede permiso de leer la Biblia, y encontraréis la Biblia en las casas de muchos católicos romanos.

Pero una vez que hemos confesado esto debemos decir la verdad. Cuando el sacerdote de Roma, en el día de hoy, pone una Biblia en las manos de sus feligreses, o un sacerdote recibe una Biblia de su Iglesia, hay una condición. La condición es que aunque el sacerdote y los feligreses pueden leer la Biblia, deben jurar que jamás interpretarán una sola palabra conforme a su conciencia, a su inteligencia, o a su propia mente. Cuando fui ordenado sacerdote juré que interpretaría las Escrituras conforme al consenso unánime de los Santos Padres.


Luego, amigos míos, id a los católicos romanos del día de hoy y preguntadles si tienen permiso para leer la Biblia. Ellos os dirán, “Si, yo puedo leerla.” Pero preguntadles, “¿Tenéis permiso para interpretarla?” Os dirán, “!No!” El sacerdote dice terminantemente al pueblo, y la Iglesia dice terminantemente al sacerdote, que ellos no pueden interpretar ni una sola palabra e la Biblia según su entendimiento y su conciencia, y que es un pecado condenable que se echa sobre sí el interpretar una sola palabra. En efecto, el sacerdote dice al pueblo, “Si tratáis de interpretar la Biblia con vuestra inteligencia, estáis perdidos. Es el libro mas peligroso. Podéis leerlo, pero no lo podéis entender.”

¿Cuál es el resultado de tal ensenanza? El resultado es que aunque los sacerdotes y el pueblo tienen la Biblia en las manos, no la leen. ¿Leeríais un libro si habéis sido persuadidos de que lo que consideráis como la más grande autoridad sobre la tierra dice que el libro es peligroso para vosotros, y que no podéis entender ni una sóla palabra por vosotros mismos? ¿Seríais tan insensatos de gastar vuestro precioso tiempo en leer un libro del cual estuvierais persuadidos no entender ni una sóla línea? Entonces, amigos míos, ésta es la verdad acerca de la Iglesia de Roma. Ellos tienen muchas Biblias; encontraréis muchas Biblias sobre las mesas de los sacerdotes y de los legos, pero entre diez mil sacerdotes no hay dos que lean la Biblia desde el principio hasta el fin y que le pongan atención. Leen unas pocas páginas aquí y allí, eso es todo.

En la Iglesia de Roma la Biblia es un libro sellado, pero no fue así conmigo. Yo la había encontrado preciosa a mi corazón cuando era pequeno y cuando ya fui sacerdote de Roma la leía para ser fuerte y para adiestrarme en la controversia con los ministros protestantes.

Pero, bendito sea Dios, que siempre que leía la Biblia había una voz misteriosa que me decía, “¿No ves que en la Iglesia de Roma no sigues las ensenanzas de la Palabra de Dios, sino sólo descansas en las tradiciones de los hombres?” En las calladas horas de la noche cuando oía aquella voz, yo lloraba y vertía lágrimas pero se repetía con la fuerza del trueno. Quería vivir y morir en la Santa Iglesia Católica Romana y le rogaba a Dios que acallara aquella voz, pero la oía aún más fuerte. Cuando yo leía su Palabra El trataba de romperme las cadenas. Venía a mi con su luz salvadora, pero yo la rehusaba.

No tengo rencor en contra de los sacerdotes de Roma. Alguno de vosotros pensará que lo tengo. Estáis equivocados. Algunas veces lloro por ellos, porque sé que aquellos pobres hombres, así como yo lo hice, están luchando contra el Senor, y que son tan miserables como yo lo era. Si os relato una de las luchas de que os hablo entenderéis lo que es ser sacerdote de la Iglesia de Roma y oraréis por ellos.

En Montreal hay una espléndida catedral, capaz de acomodar a quince mil personas. Acostumbraba yo a predicar allí con mucha frecuencia. Un día el obispo me pidió que predicara sobre la Virgen María y tuve mucho gusto de hacerlo. En ocasión de una gran festividad prediqué en la catedral, delante de los obispos, la doctrina del Catolicismo Romano relativa a la Virgen María. Dije al pueblo lo que en ese tiempo pensaba era la verdad y lo que los sacerdotes creen y predican dondequiera. He aquí una parte del sermón:

“Amigos míos, cuando un hombre se ha rebelado contra su rey, cuando ha cometido un gran crimen contra su emperador ¿viene sólo a hablarle? Si tiene que pedir un favor a su rey, ¿intenta él en tales circunstancias comparecer sólo ante su presencia? No, el rey le rechazaría. ¿Que hace en tal caso? En lugar de ir sólo, escoge a uno de los amigos del rey, a alguno de sus oficiales, algunas veces a la hermana o a la madre del rey, y entonces pone la petición en sus manos y ellos van a hablar en favor del culpable. Piden perdón para él, aplacan la ira del rey y muy a menudo éste les concederá el favor que habría rehusado de otra manera al culpable.

“Entonces”, dije yo, “todos somos pecadores, todos hemos ofendido al grande y poderoso Rey, Rey de reyes. Nos hemos rebelado en contra de El. Hemos hollado sus leyes bajo nuestros pies y sin duda El está airado contra nosotros. ¿Que podemos hacer ahora? ¿Iremos con las manos llenas de iniquidades? !No!
Pero gracias a Dios que tenemos a María, la madre de Jesús, nuestro Rey, a su diestra y como un buen hijo nunca rehusa un favor a su madre amada, así Jesús nunca negará un favor a María. El nunca le negó ninguna petición que ella le hizo cuando estuvo en la tierra. Jamás El rechazó a su madre de manera alguna. ¿Dónde está el hijo que rehusaría un favor a su madre querida cuando él podría hacerla gozar concediéndole lo que quiere? Luego, os digo, que Jesús, el Rey de reyes no es sólo el Hijo de Dios, sino el Hijo de María, y El ama a su madre. Y como El nunca le negó ningún favor a María, jamás le negará ningún favor en el día de hoy. !Ah! nosotros no podemos presentarnos delante del gran Rey, cubiertos como estamos de la iniquidad. Presentaremos nuestras peticiones a su santa madre; ella misma irá a los pies de Jesús, Jesús su Hijo, y ella sin duda recibirá los favores que pide. Ella pedirá a Jesús que os perdone vuestras iniquidades, y El os dará cualquier cosa que su madre le pidiere.”

Mis oyentes quedaron tan contentos ante la idea de tener tal abogada a los pies de Jesús intercediendo por ellos día y noche, que todos vertieron lágrimas de gozo. Pensaba yo en ese tiempo que aquella no sólo era la religión de Cristo, sino que la religión de la lógica y que nada podría decirse en su contra. Después del discurso el Obispo se me acercó y me bendijo; me dio las gracias diciendo que el sermón haría mucho bien en Montreal.

Aquella noche me caí de rodillas y tomé mi Biblia. Mi corazón estaba lleno de gozo por causa del buen discurso que había dirigido por la manana. Leí en San Mateo 12:46 las siguientes palabras, “Y estando aún El hablando a las gentes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar. Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar. Y respondiendo El al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquél que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.”

Cuando yo hube leído aquellas palabras vino una voz mas terrible que la voz del trueno diciendo, “Chiniquy, tu predicaste una mentira esta manana cuando decías que María había recibido de Jesús siempre los favores que le había pedido. ¿No ves que aquí Jesús está rechazando a su madre? ¿No ves que María viene a pedir un favor, esto es de ver a su hijo, durante cuya ausencia ella había estado sola, debido a que El había dejado la casa por muchos meses para salir a predicar el Evangelio?” Cuando María llegó al lugar donde Jesús estaba predicando, el lugar estaba tan apinado que ella no pudo entrar. ¿Que haría entonces ella? Ella levanta la voz y le pide que vaya a verla; pero mientras Jesús oye la voz de su madre, y con sus divinos ojos la ve ¿le concederá su petición? No. El cierra los oídos a su voz y no atiende la súplica
que ella le dirige. Este es un rechazamiento público y ella lo siente muy vivamente. La gente se asombra. Están cavilando, casi escandalizados. Se vuelven a Cristo y le dicen, “¿Por qué no vas a hablar con tu madre?” ¿Que dice entonces Jesús? No da otra respuesta, sino esta extraordinaria, “¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?” Y mirando a sus discípulos, dice, “He aquí mi madre y mis hermanos y hermanas.” En cuanto a María, la dejó sóla y públicamente la rechazó.

Entonces la voz me habló de nuevo con el poder del trueno, diciéndome que leyera otra vez en San Marcos 3:31-35. Habréis encontrado que Marcos dice que Jesús rechazó a su madre. Leed Lucas 8:19-21. Lucas dice que Jesús rechazó a su madre, no concediéndole la petición. Entonces la voz me habló con terrible poder, diciéndome que Jesús mientras fue nino obedeció a José y a su madre; pero tan pronto como se presentó ante el mundo como el Hijo de Dios, como el Salvador del mundo, como la gran Luz de la humanidad, entonces María tenía que desaparecer. Los ojos del mundo deben volver hacia El solo para recibir luz y vida.

Entonces amigos míos, la voz me habló toda la noche: “Chiniquy, Chiniquy, tu dijiste esta manana una mentira, y estuviste predicando fábulas y cosas sin sentido; y predicaste en contra de las Escrituras cuando dijiste que María tiene el poder para conceder de parte de Jesús cualquier favor que le pidamos en cualquier forma.” Oré y lloré y fue una noche en que no dormí.

Al día siguiente fui a tomar el desayuno con el obispo Prince, el coadjutor. El me dijo, “M. Chiniquy, su apariencia es como si hubiera llorado toda la noche. ¿Que es lo que le pasa?”

Yo le contesté, “Senor mío, si encuentra Ud. en mi rostro las lágrimas de la desolación, Ud. no se equivoca. Estoy afligido sobremanera; mi corazón está triste.”
“¿Que le pasa?” preguntó el.
“!Ah! yo no puedo decírselo aquí,” le contesté.
“¿ Me permite Ud. hablar una hora con Ud. en su cuarto a solas? Le contaré un misterio que lo inquietará.”

Después del desayuno fuí con él y le dije: ”Ayer Ud. me alabó mucho por el discurso que pronuncié para probar que Jesús siempre había concedido las peticiones de su madre; pero, senor mío, anoche oí otra voz mas fuerte que la suya y mi desconsuelo es que estoy por creer que es la voz de Dios. Aquella voz me ha dicho que nosotros, los sacerdotes y obispos católicos romanos, predicamos una falsedad blasfema cada vez que decimos al pueblo que María siempre tiene el poder para recibir de las manos de Jesucristo los favores que ella le pide. Esto es una mentira, mi senor: temo que esto sea un error diabólico y condenable.”

El Obispo entonces dijo, “M. Chiniquy, ¿que quiere Ud. decir con eso? ¿ Es Ud. protestante?”

“No”, le contesté yo, “yo no soy protestante. He sido llamado protestante muchas veces porque me agrada leer la Biblia. Pero le digo a Ud. francamente, que sinceramente temo que prediqué ayer una mentira y que Ud., mi senor, predicará otra también cuando tenga que decir que necesitamos invocar a María, bajo el pretexto de que Jesús jamás ha rechazado un favor a su madre. Esto es falso.”

El Obispo dijo de nuevo, “M. Chiniquy, Ud. va demasiado lejos.”

“No, senor mío,” dije yo, “no hay por que hablar más. Aquí está el Evangelio; léalo Ud.” Y puse el Evangelio en las manos del Obispo, y leyó con sus propios ojos lo que yo había leído, y mi impresión es que él leía dichas palabras por primera vez. El pobre hombre estaba tan sorprendido que permaneció mudo y temblando. Finalmente preguntó, “¿Que significa eso?”

“Bien,” dije yo, “éste es el Evangelio, y aquí Ud. ve que María fue a Jesucristo a pedirle un favor, y El no sólo la reprendió, sino que se negó a considerarla su madre. El la rechazó públicamente para que supiéramos que María es la madre de Jesús como hombre, y no como Dios.”

El Obispo estaba fuera de si. No pudo contestarme. Entonces yo le pedí que me permitiera hacerle algunas preguntas. “Senor mío ¿quien lo ha salvado a Ud. y quien me ha salvado a mi en la cruz?”

“Jesucristo”, me contestó.

“¿Y quien pagó sus deudas y las mías derramando su sangre?” El contestó, “Jesucristo”.

“Ahora bien, senor mío, cuando Jesús y María estuvieron sobre la tierra, ¿quien amó mas al pecador, María o Jesús?” Y el de nuevo contestó que Jesús.

“¿Fue alguna vez un pecador a María en la tierra para ser salvo?” “No.”

“¿Recuerda Ud. si algún pecador fue alguna vez a Jesús para ser salvo?”. “Si, muchos”.

“¿Fueron ellos rechazados?”: “Nunca”.

“¿Recuerda Ud. si alguna vez Jesús dijo a los pecadores, “Venid a María y ella os salvará?”. “No”, contestó.

“¿Recuerda Ud. si alguna vez Jesús dijo a los pobres pecadores, ‘Venid a mi’?”. “Si, El lo dijo”.

“¿Ha retirado El sus palabras?” “No.”

“¿Quien fue el mas poderoso entonces, para salvar a los pecadores?” pregunté yo. “Oh, fue Jesús”.
“Entonces senor mío, puesto que Jesús y María están ahora en los cielos, ¿puede usted mostrarme en las Escrituras que Jesús ha perdido algo de sus deseos y de su poder para salvar a los pecadores, o ha dado este poder a María?”

Entonces el pobre obispo quedó como un hombre que es condenado a muerte. Temblaba delante de mi y como no pudo contestarme, se excusó por tener un negocio, y me dejó. Su “negocio” fue que no pudo contestarme.

Yo estaba persuadido, pero no estaba convertido. Había muchos lazos que me ataban al papa. había otras luchas que tenían que ser libradas antes de que yo pudiera romper las cadenas que me tenían ligado.

En 1851 fui al Estado de Illinois a petición de los obispos a fundar una colonia francesa. Llevaba conmigo unos 75.000 canadienses franceses, y me establecí en las magníficas llanuras de Illinois, para tomar posesión de la región en nombre de la Iglesia de Roma. Yo era un hombre rico y compré muchas Biblias y di una a casi cada familia. El Obispo se puso muy disgustado contra mí por esto, pero no me importó nada. No tenía yo la intención de abandonar la Iglesia de Roma, pero necesitaba guiar a mi pueblo tanto como podía en el camino que Cristo quería que yo lo hiciera.

El Obispo de Chicago hizo en aquel tiempo una cosa que nosotros los franceses no podíamos tolerar: Fue un gran crimen y yo le escribí al papa y el ordenó que el Obispo fuese despedido. Fue enviado en su lugar otro Obispo quien comisionó a su Gran Vicario para hacer la paz con nosotros.

El Gran Vicario ,e dijo, “M. Chiniquy, tenemos mucho gusto que Ud. consiguió que fuera despedido el Obispo anterior, pues era un hombre malo; pero hay la sospecha en muchos lugares que Ud. no está ya en la Iglesia de Roma. Se sospecha que Ud. es hereje y protestante. ¿Quisiera Ud. darnos un documento por el que pudiera Ud. probar a todo el mundo que Ud. y su pueblo son todavía buenos católicos romanos?”

Yo le contesté, “No tengo ninguna objeción.”

El replicó, “Es el deseo del Obispo enviado por el Papa obtener ese documento de parte suya.”

Tomé entonces un pedazo de papel, porque me parecía entonces una espléndida oportunidad para aquietar la voz que había estado hablándome de día y de noche y que turbaba mi fe. Quise persuadirme por este medio que en la iglesia de Roma estábamos realmente siguiendo la palabra de Dios y que no nos apoyábamos en las tradiciones de los hombres. Escribí entonces las siguientes palabras:
“Muy senor mío: nosotros los canadienses franceses de la Colonia de Illinois queremos vivir en la Santa Iglesia Católica Romana, fuera de la cual no hay salvación, y para probar esto a vuestra senoría, prometemos obedecer a vuestra autoridad conforme a la palabra de Dios, como la encontramos en el Evangelio de Cristo.”

Firmé esto e hice que los míos lo firmaran. Se lo entregué entonces al Gran Vicario y le pregunté que pensaba de él. El contestó: “Es exactamente lo que deseamos.” Me aseguró que el Obispo aceptaría mi escrito y que todo estaría bien.

Cuando el Obispo hubo leído la sumisión la encontró buena, y con lágrimas de gozo, me dijo, “Oh, tengo tanto gusto de que Ud. haya firmado su sumisión, pues temíamos que Ud. y los suyos se hicieran protestantes.”

Amigos míos, para mostrar mi ceguedad, debo confesar con vergüenza que yo tenía gusto de estar en paz con el Obispo, cuando no estaba aún en paz con mi Dios. El Obispo me dio “una carta de paz”, por la cual declaraba que yo era uno de sus mejores sacerdotes, y volví a los míos con el objeto de permanecer allí. pero Dios miró hacia mí en su misericordia, y quiso quebrantar aquella paz, que era paz con el hombre y no con El.

El Obispo, después de mi salida, fue apresuradamente a la oficina de telégrafos y telegrafió a los otros obispos mi sumisión, y les preguntó su opinión acerca de ella. Unánimemente le contestaron el mismo día, “¿No ve Ud. que Chiniquy es un protestante disfrazado y lo ha hecho a Ud. protestante? No es a Ud. a quien hace la sumisión; hace su sumisión a la Palabra de Dios, y si Ud. no destruye esa sumisión, también Ud. es protestante.”

Diez días después recibí una carta del Obispo y cuando fui a verlo, me preguntó si tenía la “carta de paz” que el me había dado en días pasados. Se la presenté, y cuando vio que era la carta de paz que el deseaba, corrió hacia la estufa y la arrojó al fuego. Me quedé asombrado. Corrí al fuego para salvar la carta, pero era demasiado tarde. estaba destruida.

Entones volví hacia el Obispo y le dije, “¿Cómo se atrevió Ud. senor mío, a tomar de mi mano un documento que es propiedad mía y destruirlo sin mi permiso?”

El me contestó, “M. Chiniquy, soy su superior y no tengo que darle cuenta a Ud.”

“Ud. es sin duda mi superior, y yo no soy sino un pobre sacerdote, pero hay un gran Dios que está muy por encima de Ud. y de mí y ese Dios me ha concedido derechos que jamás debo renunciar para agradar a ningún hombre; en la presencia de ese Dios yo protesto en contra de esta iniquidad.”

“Bien,” dijo el, “¿ha venido Ud. para predicarme un sermón?”

Yo le contesté, “No, senor mío, pero quiero saber si Ud. me trajo aquí para insultarme.”

El me dijo, “M. Chiniquy, lo traje aquí porque Ud. me dio un documento que Ud. sabía muy bien no era un acto de sumisión.” Entonces dijo que no podía aceptar tal sumisión y que hiciera yo otra sumisión suprimiendo las palabras: “conforme a la Palabra de Dios, como la encontramos en el Evangelio de Cristo.”

Entonces le contesté, “Senor mío, lo que Ud. me pide no es un acto de sumisión, sino un acto de adoración y yo se lo rehuso.”

“Entonces,” dijo él; “si Ud. no puede darme ese acto de sumisión, Ud. no puede por más tiempo ser sacerdote católico romano.”

Entonces levanté las manos a Dios, y dije, “Sea para siempre bendito el Altísimo Dios,” y tomé el sombrero y dejé al Obispo.

Fui al hotel, a mi cuarto rentado y cerré la puerta. Me caí de rodillas para examinar en la presencia de Dios lo que había hecho. Entonces vi por primera vez con toda claridad que la Iglesia de Roma no podía ser la Iglesia de Cristo. Al fin había aprendido la terrible verdad, no de los labios de los protestantes, no de sus enemigos, sino de los labios de la misma Iglesia de Roma. Vi que no podía permanecer en esa Iglesia a menos que eliminara la palabra de Dios en un documento formal, la piedra fundamental de mi sumisión a la autoridad de mi iglesia. Entonces vi que hacía bien al abandonar la Iglesia de Roma. pero !oh, amigos míos, que nube tan obscura me sobrevino! En mis tinieblas yo clamaba, “Dios mío, ¿en dónde está tu Iglesia? ¿A dónde debo ir para ser salvo? Oh, Dios de mi salvación ¿en dónde está tu ley salvadora? Oh, querido Jesús, ¿por qué es que mi alma está rodeada de tan obscura nube?”

Con lágrimas clamaba a Dios que me mostrara el camino por el cual debería ir para ser salvo; pero por un tiempo, no se me concedió respuesta. !Yo había abandonado a la Iglesia de Roma; había renunciado a mi puesto, mi honor, a mis hermanos y hermanas, todo lo que era amado de mi! Vi que el Papa, los obispos y los sacerdotes me atacarían en la prensa, en el púlpito y en el terrible confesionario, donde atacan al hombre de tal manera que uno no sabe de dónde viene el golpe. Vi que ellos me quitarían el nombre, la honra y aún quizá la vida. Vi que una guerra a muerte iba a principiar entre la iglesia de Roma y yo, y esperaba ver si habían quedado algunos amigos que viniesen en mi ayuda para librar la batalla, pero no quedaba ni un solo amigo. Vi que aún mis amigos más queridos estaban comprometidos a maldecirme y a mirarme como un infame traidor Vi que mi gente me rechazaría, mi amada patria donde yo tenía tantos amigos me maldeciría y que yo había venido a ser un objeto de horror en el mundo.

Entonces traté de recordar si yo tenía algún amigo entre los protestantes, pero como yo había hablado y escrito en contra de los protestantes toda mi vida, allí no tenía ni un sólo amigo. Vi que había sido abandonado para pelear la batalla contra Roma. Esto era mucho, y en aquella terrible hora si Dios no me hubiera hecho un milagro, habría quedado convertido en cadáver. La vida me vino a ser una carga tal que sentí no poder llevarla por más tiempo. Mi mente se turbaba, y me parecía imposible salir de aquel cuarto al frío mundo en donde escucharía la maldición de millones, y donde, ya sea que mirara al este o al oeste, al sur o al norte, vería sólo a los que me llamarían infame traidor.

Me parecía que Dios estaba muy lejos de mí, pero El se encontraba cerca. De pronto vino a mi mente este pensamiento, “Tu tienes contigo tu Evangelio, léelo y encontrarás luz.” Sobre mis rodillas, y con una mano trémula, abrí el libro; no yo sino mi Dios lo abrió, pues mis ojos cayeron sobre 1a Corintios 7:23, “Comprados sois por precio: no os hagáis siervos de los hombres.”

Con estas palabras me vino la luz y por primera vez vi el gran misterio de la salvación tanto como el hombre puede verlo y me dije, “Jesús me compró: entonces, si Jesús me ha comprado, !El me ha salvado y yo soy salvo! !Jesús es mi Dios, todas las obras de Dios son perfectas! Yo estoy, por tanto, perfectamente salvado: Jesús no pudiera haberme salvado solo a medias. ¿Pero cuál es el precio que El pagó? ”Y la respuesta vino tan repentina como un relámpago, “la sangre del Cordero derramada en la cruz: la vida de Jesús dada en el Calvario me ha salvado!” Y con llanto y lágrimas de gozo yo me dije, “Oh, soy salvo por la muerte de Jesús.” Y aquellas palabras me eran tan dulces que sentía un gozo inefable, como si las fuentes de la vida se hubieran abierto y avenidas de nueva luz hubieran fluido sobre mi alma. Con gozo inexplicable me dije, “No soy salvo, como creía, por el hecho de ir a María; no soy salvo por el purgatorio, o por las indulgencias, confesiones y penitencias. !Soy salvo sólo por Jesús!” Y todas las falsas doctrinas de Roma huyeron de mi mente como cae una torre que es golpeada en su base.

Entonces sentí tal gozo, tal paz, que los ángeles de Dios no podían ser más felices que yo. Con un grito de gozo, dije, “!Oh, querido Jesús, yo lo siento, yo lo sé, Tú me has salvado! !Oh, Don de Dios, yo Te acepto, si, yo te amaré hoy, manana y para siempre! !Don de Dios, habita en mi para hacerme puro y fuerte, habita en mi para ser mi camino, mi luz y mi vida: concédeme habitar en Ti ahora y para siempre! !Pero, querido Jesús, no me salves a mi sólo; salva también a mi gente, concédeme mostrarles también el Don! ! Oh, que ellos acepten el Don, y se sientan ricos y felices como yo me siento ahora!”

Fue así como encontré el Don inefable; fue de este modo como encontré la luz y el gran misterio de nuestra salvación, que es tan sencilla y tan hermosa, tan sublime y tan grande. Yo había abierto mis manos del alma y había aceptado el Don. Yo era rico en el Don. Me sentía salvo en el Don. Estaba seguro como lo estoy ahora, que Jesús no podía venir a enganarme. La salvación, amigos míos, es un don. No tuve ninguna otra cosa que hacer que aceptarla, amarla y amar al Dador. Oprimí mi Evangelio con los labios y lo bané con lágrimas de gozo, y juré que no predicaría otra cosa sino a Jesús.

Llegué en medio de la gente de mi Colonia el domingo por la manana. Toda la gente estaba sumamente excitada, y corría hacia mi y me preguntaban las nuevas que llevaba. Cuando se hubieron reunido en la inmensa iglesia, que los católicos romanos quemaron mas tarde, yo les presenté el Don inefable. Pensé al principio que se volverían en contra de mi para echarme fuera. Les mostré lo que Dios me había presentado, a su Hijo Jesús como un Don, y por Jesús El me había enviado el perdón de mis pecados y la vida eterna como un don. No sabiendo si ellos aceptarían el don o no, les dije, “Es ahora tiempo de que me vaya de vosotros, amigos míos. He abandonado la Iglesia de Roma para siempre. He tomado el Don de Cristo, pero os respeto lo suficiente para no imponerme; si creéis que es mejor seguir al Papa que seguir a Cristo, e invocar el nombre de María que invocar el nombre de Cristo para ser salvos, decídmelo, poniéndoos de pie.”

Para mi sorpresa, toda la multitud permaneció en sus asientos, llenando la iglesia de sollozos y de lágrimas. Pensé que alguno de ellos me diría que me saliera, pero ninguno lo hizo. Y observándolos, vi un cambio que se operaba en ellos, un cambio maravilloso, que no podía explicarse por las leyes naturales, y yo les dije con un grito de gozo:

“El Dios poderosos que me salvó a mi ayer, os puede salvar hoy. Cruzaréis conmigo el Mar Rojo y entraréis a la Tierra Prometida. Aceptaréis conmigo el gran Don, seréis felices y ricos en el Don. Os pondré la misma pregunta de otra forma: !Si pensáis que es mejor para vosotros seguir a Cristo que al Papa, invocar el nombre de Jesús solamente, si pensáis que es mejor poner vuestra confianza, durante vuestra vida, sólo en la sangre del Cordero derramada por vosotros en la Cruz, y si creéis que es mejor para vosotros tenerme para que os predique el puro Evangelio de Cristo, que tener un sacerdote que os predique las doctrinas de Roma, decídmelo, levantándoos, y yo seré vuestro pastor!”

Y todos sin una sóla excepción, se pusieron de pie, y con lágrimas de gozo, me pidieron que permaneciera con ellos.

El Don, el grande, el inefable Don, por vez primera había venido delante de sus ojos en su hermosura; ellos lo habían encontrado precioso: lo habían aceptado; y no hay palabras que puedan explicar el gozo de las multitudes. Como yo mismo, ellos se sintieron ricos y felices con el Don. Los nombres de mil almas, yo calculo, fueron escritos en el Libro de la Vida aquel día. Seis meses más tarde éramos dos mil convertidos; un ano después éramos como cuatro mil, y ahora somos cerca de veinticinco mil que hemos lavado nuestra ropa en la sangre del Cordero.

La noticia se esparció, tan rápida como un rayo por toda la América, y aún en Francia e Inglaterra, que Chiniquy, el sacerdote más conocido del Canadá, había abandonado la Iglesia de Roma encabezando un grupo noble de hombres. Y dondequiera que se decía esto, se alababa el Nombre de Jesús. Espero que vosotros bendeciréis al misericordioso y adorable Salvador cuandoquiera que sea mi privilegio contar lo que El ha hecho por mi alma.

Orad por los católicos romanos de las Américas y de todas partes, para que ellos puedan recibir con vosotros el inefable Don ; amad y glorificad al Don durante los pocos días de la peregrinación, y por toda la eternidad. Amén.


Si por medio de la lectura de este folleto has recibido la salvación u otra bendición, o si deseas mas ejemplares del mismo, favor de dirijirte a

John Ferguson
3923 West Sixth St.,
Los Angeles, Calif. 90005
USA

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Rogelio
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enviado 24-03-1999 13:01     Pulsa aquí para ver el perfíl de Rogelio   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Rogelio     
Excelente testimonio, Hermano Malcom.

El Señor en Su Gracia libre a los que permanecen sujetos.

Al Señor sea La Gloria, porque Suyo es El Reino y El Poder, por todos los siglos, amén.

En Cristo
Rogelio

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Fegna
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enviado 24-03-1999 21:12     Pulsa aquí para ver el perfíl de Fegna   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Fegna     
Hermano Rogelio:

Pero yo le agregaría a su frase lo siguiente:

El Señor, en Su Gracia, libre a los que permanecen sujetos y nos ayude a permanecer atado a Él a quienes fielmente seguimos sus preceptos permaneciendo en la única Iglesia que Él dejó, con San Pedro como guía y su Madre, siempre Virgen, como nuestra madre amadísima.

Todo esto para mostrar la Gloria de Dios, que perdura, y va a perdurar, por los siglos de los siglos, amén.

Tu hermano en Cristo

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victor
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enviado 24-03-1999 23:13     Pulsa aquí para ver el perfíl de victor     

sr. o srita. fegna:

le invito en el nombre de Jesus a conocer a Dios.
su pasion por la iglesia no lo va a llevar a ninguna parte, no lo va a salvar de nada y su amor por tal institucion solo lo va a llevar a perdicion eterna.(disculpe si soy duro) pero Jesus le ama y quiere que usted sienta su amor, su presencia, su salvacion, no que se aprenda de memoria la salvacion, no que pueda citar con facilidad la biblia, quiere que se defienda usted primero, que tome autoridad sobre su vida en el nombre de Jesus y le entregue su ser. Para que el lo salve. Lo invito a entregar su vida a Cristo.

victor

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Malcom
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enviado 25-03-1999 07:13     Pulsa aquí para ver el perfíl de Malcom   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Malcom     
sr. o srita. fegna:

Perdición eterna como dice Víctor

Desgraciadamente eso es verdad en el supuesto caso de que la Iglesia Católica fuera en su conjunto con decenas de dogmas inventados por hombres sea error, para el Catolicismo no es suficiente la Biblia sino ellos tienen otro “evangelio” (dogmas, decretos, apócrifos, tradiciones) nosotros los evangélicos si estubieramos equivocados (aunque entre nosotros mismos tenemos diferencias no cardinales) no estaríamos en condenación, pues nuestra única regla de fe es solo la Biblia y nada mas que ella que es la Palabra de Dios.
Amigo, cuando le preguntaron a nuestro Señor ¿Señor son pocos los que se salvan? El respondió que si en la parábola de la puesta estrecha, vemos que el Catolicismo es de las religiones mayores del mundo, piense en eso.
No hay pero tragedia para el hombre que no estar en la verdad del evangelio.

Dios le bendiga y le de su Luz.
Malcom

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Malcom
Miembro
enviado 25-03-1999 07:48     Pulsa aquí para ver el perfíl de Malcom   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Malcom     
sr. o srita. fegna:

Perdición eterna como dice Víctor

Desgraciadamente eso es verdad en el supuesto caso de que la Iglesia Católica fuera en su conjunto con decenas de dogmas inventados por hombres sea error, para el Catolicismo no es suficiente la Biblia sino ellos tienen otro “evangelio” (dogmas, decretos, apócrifos, tradiciones) nosotros los evangélicos si estubieramos equivocados (aunque entre nosotros mismos tenemos diferencias no cardinales) no estaríamos en condenación, pues nuestra única regla de fe es solo la Biblia y nada mas que ella que es la Palabra de Dios.
Amigo, cuando le preguntaron a nuestro Señor ¿Señor son pocos los que se salvan? El respondió que si en la parábola de la puesta estrecha, vemos que el Catolicismo es de las religiones mayores del mundo, piense en eso.
No hay pero tragedia para el hombre que no estar en la verdad del evangelio.

Dios le bendiga y le de su Luz.
Malcom

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Fegna
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enviado 25-03-1999 13:21     Pulsa aquí para ver el perfíl de Fegna   Pulsa aquí para enviar un e-mail a Fegna     
Hermanos Victor:

Gracias por su invitación pero yo mi vida ya se la he dedicado al Señor e intento ser fiel a ese propósito.

Mi amor es por la Iglesia que Cristo ungió, esto me permite mirar con optimismo mi salvación ya que permanerá hasta el fin de los días (se debe cumplir la promesa de Cristo) y no fue creada por hombres.

Hermano Malcom:

¿No tienen diferencias cardinales? ¿es Ud. Trinitario o unitario? ¿Es esta una diferencia pequeña? ¡Por favor! No me haga reir, observe los debates donde Uds. mismos se decalifican por observar el sábado o el domingo.

Al hablar con los hermanos evangélicos uno debe saber bien de que corriente, de cual vertiente pertenecen (piense Ud. que son más de 15.000 corrientes diferentes). En cambio mi Iglesia es una, guiada por Cristo hasta el fin de los tiempos.

Con respecto a su interpretación bíblica, si habrá leido mis mensajes habrá notado que me gusta mucho citar

cita:
1Jn:4:8:
El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor. (RVA)

Si Dios es Amor, su intención es salvarnos a todos, por lo que prefiero seguir a este Dios que al que tú me ofreces (debería pasarme la vida buscando la iglesia evangélica más chica para estar seguro, para continuar tu base base bíblica)

Fraternalmente en Cristo, su hermano Luis Fernando Carvallo Rencoret

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