Autor Mensaje:   Los angeles y las relaciones sexuales.
agapeo
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enviado 28-09-1999 10:51     Pulsa aquí para ver el perfíl de agapeo   Pulsa aquí para enviar un e-mail a agapeo     
Tal vez, partiendo de una deduccion o suposicion textual, Preguntaria: ¿Por que, si Satanas fue quien introdujo el pecado en el cielo y en la tierra ESTA SUELTO Y LOS ANGELES QUE NO GUARDARON SU DIGNIDAD ESTA EN ABISMO ENCADENADOS, PARA EL DIA DEL JUICIO? [2*pED. 2:4; jUDAS 6]. ¿NO SERAN ESTOS ANGELES QUE TUVIERON RELACIONES SEXUALES CON LOS HUMANOS?

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vistor
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enviado 28-09-1999 13:03     Pulsa aquí para ver el perfíl de vistor   Pulsa aquí para enviar un e-mail a vistor     
Estimados el Señor les Bendiga

Los "espíritus encarcelados" aparecen en tres pasajes de las epístolas católicas o generales: 1 Ped. 3: 18-22; 2 Ped. 2: 4-9 y Jud. 5-7. La interpretación de estos versículos es difícil, no sólo para quienes creen en la inconsciencia del hombre en la muerte, sino para todos los cristianos que creen que las elecciones que se hacen en vida no pueden modificarse después de la muerte.
Para entender estos pasajes difíciles es necesario tener en cuenta su trasfondo en el Antiguo Testamento y en la literatura intertestamental. En Gén. 6 se relata que los "hijos de Dios" vieron la hermosura de las "hijas de los hombres" y las tomaron como esposas (vers. 2). Luego les nacieron hijos "valientes" que fueron "varones de renombre" (vers. 4). No se dan más detalles, pero lo que sucedió a continuación no debe haber sido del agrado de Dios, pues se dice que el Señor decidió destruir la tierra por medio de un diluvio a causa de la maldad existente (vers. 7).
El libro seudoepigráfico de Enoc, probablemente del último siglo antes de la era cristiana, amplía esta narración. Según él, los hijos de Dios son 200 ángeles caídos que bajan a la tierra y buscan esposas humanas. A ellas los ángeles les enseñan las propiedades medicinales de las plantas y también a hacer encantos. De estos matrimonios nacen gigantes que comen tanto que la gente llega a detestarlos. En vista de esta actitud, los gigantes se comen a la gente. También "pecan contra los animales" y toman sangre (Enoc 6-7).
Entre otras cosas, los ángeles enseñaron a los humanos a hacer espadas, cuchillos y armadura. También les mostraron a las mujeres el uso de diversos cosméticos y joyas. Había entre ellos astrólogos y magos. El adulterio se hizo común (Enoc 8). Finalmente la gente clamó a Dios por causa de los gigantes y de la maldad de los ángeles casados con las mujeres (Enoc 9). En respuesta a este clamor, Dios mandó encerrar a los impíos en una oscura prisión donde debían quedar encerrados por setenta generaciones, hasta el día del juicio (Enoc 10).
Después de esto, Enoc fue designado como el que debía pronunciar el castigo de los ángeles encarcelados por causa de su conducta impía (Enoc 12). Al oír la proclamación de Enoc, los ángeles caídos se arrepintieron y pidieron a Enoc que le presentara a Dios el pedido de que en su misericordia los perdonara (Enoc 13). Pero Dios no acepta la intercesión de Enoc y lo manda a reiterarles a los ángeles caídos el castigo que les aguarda (Enoc 15-16).
Este relato fantasioso pasó a ser la interpretación aceptada de Gén. 6 entre muchos judíos y cristianos. Además, la suerte de estos ángeles caídos pasó a servir de ejemplo -junto con la suerte de los antediluvianos y los habitantes de Sodoma y Gomorra- del castigo que Dios impone a los que desobedecen.
Son evidentes los nexos entre este relato del período intertestamentario y los tres pasajes neotestamentarios que tienen que ver con los "espíritus encarcelados" o ángeles caídos, guardados en prisión.
1 Ped. 3: 18-22. Este pasaje muestra a Cristo que predica en el espíritu a los espíritus encarcelados que en tiempos de Noé se niegan a obedecer. Este pasaje también afirma que Cristo, gracias a su resurrección, ha subido al cielo a la diestra de Dios, donde los ángeles, las autoridades y las potestades le están sujetos (vers. 22).
2 Ped. 2: 4-9. En este pasaje se citan tres ejemplos de cómo Dios mantiene a los impíos en reserva hasta el juicio: los ángeles malos, los antediluvianos y los habitantes de Sodoma y Gomorra. Dice que los ángeles están en el infierno, en "prisiones de oscuridad", hasta el juicio.
Jud. 5-7. Aquí se afirma que ciertos ángeles no "guardaron su dignidad" y están guardados en prisiones eternas y oscuras. Junto con los hebreos que fueron infieles durante la peregrinación por el desierto, son considerados como ejemplos del castigo divino.
Pero aún más interesante que observar los parecidos entre el relato intertestamentario y los tres pasajes del NT es ver cómo se usó este material, que parece haber sido perfectamente bien conocido por cristianos y judíos en el siglo I.
En 1 Ped. 3, el apóstol señala la muerte de Cristo por nuestros pecados. Afirma que es apropiado el sufrimiento cuando se lo padece por hacer el bien (vers. 17). Luego sigue la afirmación de que Cristo "proclamó" o "pregonó" a los espíritus encarcelados. Así muestra 594 que no hay por qué tener miedo de los espíritus malignos porque ya han sido condenados. En este sentido, el relato intertestamentario ayuda a comprender el pasaje, porque Enoc es enviado a anunciar el castigo a los espíritus, no a predicarles salvación. Pedro sugiere que Cristo ha realizado lo que comúnmente se le atribuía a Enoc. Con su muerte y resurrección ha dado el golpe de gracia a los espíritus malignos.
En 2 Ped. 2, los espíritus encarcelados que aguardan el juicio final son sólo un elemento en una serie de ejemplos negativos. Son evidencia de que Dios rescata a los piadosos y castiga a los impíos. Dentro del contexto de una advertencia en contra de falsos profetas y maestros, este pasaje no afirma que sea verdad la leyenda de Enoc. Simplemente la usa como ejemplo
En Jud. 6, la referencia al castigo de los ángeles es incidental. Es parte de una lista de ejemplos -común en el judaísmo de ese período- que muestra que Dios tiene preparado el castigo de los falsos maestros que amenazan a los cristianos a quienes Judas escribe.
Para algunos, el que un autor inspirado haya podido emplear materiales tomados de una evidente leyenda puede causar dificultad. Sin embargo, corresponde recordar que la parábola del rico y Lázaro (Luc. 16) fue empleada por Cristo mismo para enseñar una lección. Estos tres pasajes parecen entenderse mejor si se supone que los lectores conocían la ampliación intertestamental del relato de Gén. 6. También ocasionan menos dificultad de interpretación cuando se establece que son ejemplos tomados de un pasaje seudoepigráfico conocido, y no afirmaciones teológicas de Pedro y judas.

Bendiciones

Vistor

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vistor
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enviado 28-09-1999 13:06     Pulsa aquí para ver el perfíl de vistor   Pulsa aquí para enviar un e-mail a vistor     
Estimados el Señor les Bendiga

Los "espíritus encarcelados" aparecen en tres pasajes de las epístolas católicas o generales: 1 Ped. 3: 18-22; 2 Ped. 2: 4-9 y Jud. 5-7. La interpretación de estos versículos es difícil, no sólo para quienes creen en la inconsciencia del hombre en la muerte, sino para todos los cristianos que creen que las elecciones que se hacen en vida no pueden modificarse después de la muerte.

Para entender estos pasajes difíciles es necesario tener en cuenta su trasfondo en el Antiguo Testamento y en la literatura intertestamental. En Gén. 6 se relata que los "hijos de Dios" vieron la hermosura de las "hijas de los hombres" y las tomaron como esposas (vers. 2). Luego les nacieron hijos "valientes" que fueron "varones de renombre" (vers. 4). No se dan más detalles, pero lo que sucedió a continuación no debe haber sido del agrado de Dios, pues se dice que el Señor decidió destruir la tierra por medio de un diluvio a causa de la maldad existente (vers. 7).

El libro seudoepigráfico de Enoc, probablemente del último siglo antes de la era cristiana, amplía esta narración. Según él, los hijos de Dios son 200 ángeles caídos que bajan a la tierra y buscan esposas humanas. A ellas los ángeles les enseñan las propiedades medicinales de las plantas y también a hacer encantos. De estos matrimonios nacen gigantes que comen tanto que la gente llega a detestarlos. En vista de esta actitud, los gigantes se comen a la gente. También "pecan contra los animales" y toman sangre (Enoc 6-7).

Entre otras cosas, los ángeles enseñaron a los humanos a hacer espadas, cuchillos y armadura. También les mostraron a las mujeres el uso de diversos cosméticos y joyas. Había entre ellos astrólogos y magos. El adulterio se hizo común (Enoc 8). Finalmente la gente clamó a Dios por causa de los gigantes y de la maldad de los ángeles casados con las mujeres (Enoc 9). En respuesta a este clamor, Dios mandó encerrar a los impíos en una oscura prisión donde debían quedar encerrados por setenta generaciones, hasta el día del juicio (Enoc 10).

Después de esto, Enoc fue designado como el que debía pronunciar el castigo de los ángeles encarcelados por causa de su conducta impía (Enoc 12). Al oír la proclamación de Enoc, los ángeles caídos se arrepintieron y pidieron a Enoc que le presentara a Dios el pedido de que en su misericordia los perdonara (Enoc 13). Pero Dios no acepta la intercesión de Enoc y lo manda a reiterarles a los ángeles caídos el castigo que les aguarda (Enoc 15-16).

Este relato fantasioso pasó a ser la interpretación aceptada de Gén. 6 entre muchos judíos y cristianos. Además, la suerte de estos ángeles caídos pasó a servir de ejemplo -junto con la suerte de los antediluvianos y los habitantes de Sodoma y Gomorra- del castigo que Dios impone a los que desobedecen.

Son evidentes los nexos entre este relato del período intertestamentario y los tres pasajes neotestamentarios que tienen que ver con los "espíritus encarcelados" o ángeles caídos, guardados en prisión.

1 Ped. 3: 18-22. Este pasaje muestra a Cristo que predica en el espíritu a los espíritus encarcelados que en tiempos de Noé se niegan a obedecer. Este pasaje también afirma que Cristo, gracias a su resurrección, ha subido al cielo a la diestra de Dios, donde los ángeles, las autoridades y las potestades le están sujetos (vers. 22).

2 Ped. 2: 4-9. En este pasaje se citan tres ejemplos de cómo Dios mantiene a los impíos en reserva hasta el juicio: los ángeles malos, los antediluvianos y los habitantes de Sodoma y Gomorra. Dice que los ángeles están en el infierno, en "prisiones de oscuridad", hasta el juicio.

Jud. 5-7. Aquí se afirma que ciertos ángeles no "guardaron su dignidad" y están guardados en prisiones eternas y oscuras. Junto con los hebreos que fueron infieles durante la peregrinación por el desierto, son considerados como ejemplos del castigo divino.

Pero aún más interesante que observar los parecidos entre el relato intertestamentario y los tres pasajes del NT es ver cómo se usó este material, que parece haber sido perfectamente bien conocido por cristianos y judíos en el siglo I.

En 1 Ped. 3, el apóstol señala la muerte de Cristo por nuestros pecados. Afirma que es apropiado el sufrimiento cuando se lo padece por hacer el bien (vers. 17). Luego sigue la afirmación de que Cristo "proclamó" o "pregonó" a los espíritus encarcelados. Así muestra 594 que no hay por qué tener miedo de los espíritus malignos porque ya han sido condenados. En este sentido, el relato intertestamentario ayuda a comprender el pasaje, porque Enoc es enviado a anunciar el castigo a los espíritus, no a predicarles salvación. Pedro sugiere que Cristo ha realizado lo que comúnmente se le atribuía a Enoc. Con su muerte y resurrección ha dado el golpe de gracia a los espíritus malignos.

En 2 Ped. 2, los espíritus encarcelados que aguardan el juicio final son sólo un elemento en una serie de ejemplos negativos. Son evidencia de que Dios rescata a los piadosos y castiga a los impíos. Dentro del contexto de una advertencia en contra de falsos profetas y maestros, este pasaje no afirma que sea verdad la leyenda de Enoc. Simplemente la usa como ejemplo

En Jud. 6, la referencia al castigo de los ángeles es incidental. Es parte de una lista de ejemplos -común en el judaísmo de ese período- que muestra que Dios tiene preparado el castigo de los falsos maestros que amenazan a los cristianos a quienes Judas escribe.

Para algunos, el que un autor inspirado haya podido emplear materiales tomados de una evidente leyenda puede causar dificultad. Sin embargo, corresponde recordar que la parábola del rico y Lázaro (Luc. 16) fue empleada por Cristo mismo para enseñar una lección. Estos tres pasajes parecen entenderse mejor si se supone que los lectores conocían la ampliación intertestamental del relato de Gén. 6. También ocasionan menos dificultad de interpretación cuando se establece que son ejemplos tomados de un pasaje seudoepigráfico conocido, y no afirmaciones teológicas de Pedro y judas.

Bendiciones

Vistor

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