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Versión completa : VARA DE ALMENDRO. Amonestación



Caminante2007
20-02-2008, 19:58
VARA DE ALMENDRO

¡Dios apresura Su palabra para ponerla por obra!





“La palabra de Yaveh vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo Yaveh: Bien has visto; porque yo apresuro Mi palabra para ponerla por obra.” (Jeremías 1: 11, 12)



Más que nunca antes en la historia de la Iglesia, levantando bien en alto el blasón de la bendición de Dios, a través de innumerables publicaciones, congresos y demás operaciones de púlpito mayor y menor, el corazón del creyente es empujado hacia la prosperidad materialista, a la cual yo rebautizo con el apelativo de “materialismo cristiano”.



Muchos no se aperciben de esa infernal realidad, pero siguiendo el goloso y acaramelado son de los nuevos pseudo-celestiales flautistas de Hamelín, decrecen el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, convirtiéndolo en una aspiración personalista y ajena a la verdad completa del mismo. Muchos avanzan hacia un horizonte al cual nunca llegan, porque siempre queda a lo lejos, pero siguen en ese empeño, al cual llaman fe.



Para los celestiales flautistas, el glorioso Evangelio queda reducido a simple mercadería, al próspero negocio de las ingenuas, crédulas y dadivosas masas.



En cuanto a aquellos primeros, están los que ya disfrutan de una incierta prosperidad, a la cual bajo ningún concepto van renunciar sino todo lo contrario - ya viven atados a ella. Por otro lado, están los que todavía anhelan desesperadamente esa “bendición” que jamás logran alcanzar, aunque la pretenden a través de “pactar” y “re-que-te-pactar” una y otra vez con el dios de los maestros del “materialismo cristiano”, los cuales materialmente les succionan una y otra vez.



Luego están otros, que tienen presuntamente responsabilidad ministerial, pero que no la ejercen como es debido, porque no advierten consecuentemente a los santos acerca de todas esas deleznables actuaciones y mentiras de los muy afamados maestros del “materialismo cristiano”. No los rebaten en modo alguno, porque no se atreven por diferentes miedos y temores, falta de convicción, cobardía, o quizás porque en su fuero interno les gustaría ser como uno de ellos.



Temen más a los hombres que a Dios, cuando el Señor le advirtió al mismo profeta Jeremías que le obedeciera en todo lo que le iba a mandar decir a Su pueblo, y lejos de temer a la gente, le temiera a Él, si pensaba no hacerlo:



“Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos.” (Jeremías 1: 17)



Escribe el Pastor David Wilkerson al respecto:



“En mi opinión, existen muchos mercenarios en el púlpito hoy en día, pastores cobardes que están contentos con darle a los cristianos fríos lo que ellos piden. Predican mensajes cortos, optimistas, positivos, que no representan amenaza alguna, con poco o ningún contenido bíblico o evangélico. Para la gente no es otra cosa que una experiencia que los hace sentir bien, ¡y que los está conduciendo a la destrucción!” (1)



¡Hermanos! Es como manadas de lobos hambrientos que raudos se aproximan al campo abierto donde están las ovejas, pero el pastor, en vez de protegerlas llevándolas al seguro redil, las entretiene y las mantiene distantes unas de otras en grupitos separados – que sería aquí la famosa “visión celular” – y hace que miren al suelo, y las invita a soñar y a visualizar los mejores pastos terrenales, en vez de hacer que eleven sus cabezas, observen y aprendan lo que es de lo Alto, tal y como ordena la Escritura:



“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Colosenses 3: 1-3)



Para los destructores lobos, ávidos de sangre, será mucho más fácil capturar a las ingenuas y engañadas ovejas, dispersas en pequeños grupos, que además están demasiado entretenidas en el campo del desamparo, sólo preocupadas en alimentarse con el siguiente manojo de hierba que parecen visualizar sus enceguecidos ojos, llamando avivamiento a esto último.



Vara de almendro (shaked): Dios apresura su Palabra (shoked):
“La palabra de Yaveh vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo Yaveh: Bien has visto; porque yo apresuro Mi palabra para ponerla por obra.” (Jeremías 1: 11, 12)



“Circuncidaos a Yaveh, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.” (Jeremías 4: 4)



A pesar de que el Señor siempre fue bueno con Su pueblo (ver Jer. 1: 5-7), ellos tremendamente desagradecidos, le dieron interiormente la espalda, y andaban en sus propios y egoístas caminos. Dios trajo juicio a Judá y a Jerusalén, porque Su pueblo pretendía ser lo que no era. Se mostraba santo por fuera, pero el materialismo y otros pecados controlaban su vida.



La cosa no ha cambiado demasiado. La misma “vara de almendro” que fue para entonces, Dios la trae ahora en relación a lo que genéricamente llamamos Iglesia de Cristo, porque nuestro Dios, en cuanto a los suyos, “al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12: 6)



El celo del Señor por la santidad – sin la cual nadie le verá (He. 12: 14b) - está muy encendido, pero la respuesta de Su pueblo por lo general, es contraria a ese sentir y demanda de Dios.



Sinceramente, se que el Señor está mostrándonos Su vara de almendro, que significa justamente que está apresurando Su Palabra para ponerla por obra (Jer. 1: 11) y esa palabra que pondrá por obra es Su juicio: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pedro 4: 17)



No es ese un juicio para destrucción, sino para purificación, pero no va a ser fácil, hermanos.



No obstante, lejos de este pensamiento, hoy en día los falsos profetas y apóstoles de turno, como en el tiempo de Jeremías en cuanto a Judá, o como en los tiempos de Isaías en cuanto a Israel, en vez de dar la verdadera palabra que el pueblo de Dios debe oír, profetizan lo fácil y agradable, lo bueno, lo halagüeño, la conquista, la prosperidad, los sueños realizados, etc. etc. etc. Todo lo que muchos desean oír, “porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Yaveh; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras” (Is. 30: 9, 10); por lo tanto, la misma palabra que fue para aquellos falsos profetas, lo es para estos de hoy en día:



“Negaron a Yaveh, y dijeron: El no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre; antes los profetas serán como viento, porque no hay en ellos palabra; así se hará a ellos” (Jeremías 5: 12, 13)



¡Hermano, se sabio en cuanto a los tiempos!

Muchos no se aperciben realmente de los tiempos, y de este tiempo en concreto: “Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Yaveh.” (Jer. 8: 7), y al sabio en su propia opinión, el Señor le pregunta y afirma: “¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Yaveh está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas” (Jer. 8: 8). Estos que continuamente profetizan lo agradable y lo halagüeño al pueblo de Dios, adormeciéndolo, son los que han cambiado la Palabra del Señor en mentira.



Se está cumpliendo a cabalidad la profecía neotestamentaria: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Ti. 4: 3, 4)



Cualquier fábula, cualquier distracción, cualquier cuento, ¡cualquier cosa antes que atender a la Palabra de santidad del Señor!, y por supuesto, siempre hay hombres engañadores dispuestos a darles lo que piden.



2. El otro evangelio; el de la prosperidad materialista:

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt. 6: 24)



Lejos de oír la voz de Dios; lejos de vivir vidas que busquen el agradar a Dios, muchos sólo atienden a la voz de sus apetitos, y sus corazones están ya cargados de glotonería, sólo atendiendo a los afanes de esta vida. Sólo piensan en lo material, en la oferta de este mundo, y a eso lo llaman “prosperidad”. Sólo se preocupan de cómo crecer y engrandecerse, de cómo verse ante los demás como “bendecidos”, y a eso también le llaman “avivamiento”.



“Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.” (Fil. 3: 18, 19)



No piden el pan nuestro de cada día (Mt. 6: 11), sino que eso se les ha quedado ya en muy poca cosa; ahora buscan el emular, y aún superar a los impíos, argumentando que si ellos tienen tanta abundancia, con más razón nosotros hemos de tener mucho más, ya que somos hijos del Rey...cuando el Rey ni siquiera tenía donde recostar su cabeza cuando anduvo entre nosotros (Lc. 9: 58).



¿Cómo podrán ser tenidos por dignos todos estos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre? (Lc. 21: 36) ¡No hay manera!



Presos en su propia ceguera, tienen como ídolos y ejemplos a seguir a todos los afamados maestros del “materialismo cristiano”, porque son prósperos en lo material. Lamentablemente no se aperciben de que estos son ricos gracias a las dádivas que ellos les dan de continuo.

Y como dijo el Señor: “Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño; así se hicieron grandes y ricos. Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿No castigaré esto? dice Yaveh; ¿y de tal gente no se vengará mi alma? Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?” (Jeremías 5: 27-31)

Tanto unos como los otros, viven en engaño. Sólo se preocupan en “prosperar”, vestir bien, ir a la última moda, poseer todo lo que un impío cualquiera desea y busca, presumiendo de estar en bendición, de tener el favor de Dios, dejando de lado a los necesitados que les rodean diciendo, que si esos son pobres, es porque todavía están en maldición y necesitan un “cambio de naturaleza” (2), y no se dan cuenta de que es a ellos a los que Dios acusa. ¡Pobres ilusos! ¿Cómo Dios no va a castigar esa soberbia en aquellos que dicen ser pueblo de Dios y obran de ese modo?

Siguen las profecías y dichos de los falsos profetas y falsos pastores y apóstoles de la actualidad (Mt. 24: 24) que les dicen mentira, y ellos acomodados al engaño, se dejan seducir porque sus corazones ya están acostumbrados, andan torcidos y llenos de grasa. ¿Qué harán todos ellos cuando llegue el Señor a por los suyos? ¿Les recogerá el Señor, cuando ni siquiera viven esperando Su venida?

División que sí es de Dios

“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos.” (Romanos 16: 17, 18)



Existe división que es conforme al diablo. La causan todos los sensuales, que no tienen el Espíritu Santo (Jud. 19) – aunque muchos de ellos, se presentan como los ungidos del Señor. Saben usar la lisonja y las palabras suaves y halagüeñas. Son muy carismáticos y tienen don de gentes, por lo cual, saben como engañar el corazón de los ingenuos y cándidos. Sobre todo, saben como engatusar a aquellos que en el fondo de su corazón tienen una raíz de codicia, avaricia y ambición, aunque esto último no lo parezca a priori.



La Palabra del Señor nos insta a apartarnos de todos estos (ver también 2 Ti. 3: 1-5 y Tito 3: 10, 11)



Pero también existe una división, pero que es de Dios. Esta es una división que actúa para la santificación y purificación del verdadero cuerpo de Cristo. Es un apartar las ovejas de las cabras. Veamos la Escritura:



“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.” (2 Timoteo 2: 19)



"...cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados." (1 Corintios 11: 18, 19)



Dios conoce a todos los que son suyos - uno por uno – nosotros, realmente, no. Dios da su oportunidad para que todos los que invocan Su nombre, se aparten del mal. Eso lo hace por un tiempo definido, y los plazos se cumplen.



Creo que es ahora cuando genéricamente, el Señor está apartando y colocando - en el estilo de Mt. 25: 31ss – a sus verdaderas ovejas a su diestra, y a las cabras a su siniestra.



Esa división es de Dios, porque Él viene a por una iglesia sin mancha ni arruga. Todo aquel que persevere en el pecado, será definitivamente apartado del Señor.



3. Dios destruirá toda confianza en la prosperidad materialista:

“He aquí yo traigo sobre vosotros gente de lejos, oh casa de Israel, dice Yaveh; gente robusta, gente antigua, gente cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que hablare. Su aljaba como sepulcro abierto, todos valientes. Y comerá tu mies y tu pan, comerá a tus hijos y a tus hijas; comerá tus ovejas y tus vacas, comerá tus viñas y tus higueras, y a espada convertirá en nada tus ciudades fortificadas en que confías.” (Jer. 5: 15-17)



En el tiempo de Jeremías, Dios trajo enemigos armados contra Judá, y toda la prosperidad en la que confiaban fue de un plumazo barrida, y ellos fueron llevados cautivos a Babilonia. Por haber escuchado la voz de los falsos profetas por años, que les juraban de parte de Yaveh todos los parabienes y bendiciones posibles, sus pecados quedaban siempre latentes en sus corazones, y no esperaban en modo alguno ese juicio de parte Dios, ya que ingenuamente creían que Dios estaba contento con ellos, por causa del engaño de esos falsos profetas a los que escuchaban de continuo...



¿Piensan que ahora no va a ocurrir algo similar, cuando el Señor está a las puertas, y viene a por una Iglesia santa, sin mancha ni arruga, la cual Él conoce? (Ef. 5: 27; 2 Ti. 2: 19) ¿Piensan que el Señor va a recoger a todos aquellos que sólo ponen la mira en las cosas de esta tierra, y todavía se jactan de haber muerto para sí y ser de Cristo? ¿De veras creen que el Señor puede ser burlado? (Gl. 6: 7)



¡Tema a Dios, hermano!



En primer lugar, así como la abundancia material de Judá terminó, Dios destruirá toda confianza en la prosperidad materialista “cristiana”, porque desposeerá de esos bienes, y lo hará de maneras diferentes. Todo lo terrenal en lo que los cristianos profesantes ciegamente confían, se desvanecerá como un pergamino que se enrolla (Ap. 6: 14), con el fin de apercibirse de que para el Señor son desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos, ¡y esa es Su misericordia!, para que podamos elevar las voces al cielo, clamar a Dios, arrepintiéndonos de los pecados de codicia y de avaricia (Ap. 3: 17, 19), y ser liberados de toda esa trampa infernal.



4. Dios destruirá la confianza en la oferta de este mundo:

“Ahora, pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates? Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Yaveh tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Yaveh de los ejércitos.” (Jer. 2: 18, 19)



El Señor reprochó a Su pueblo que en vez de buscar la provisión en Él, la buscó en el mundo. Esto está ocurriendo de igual manera hoy en día. Nosotros andamos en el camino de Egipto también, ya que aunque no somos de Egipto, estamos en Egipto que simboliza el mundo, pero no hemos sido llamados a beber de las aguas del Nilo, que significa coparticipar del espíritu, las obras y de la oferta de este mundo. No obstante muchos que se dicen cristianos, hacen eso. Su confianza en realidad está en la oferta de este mundo. Beben de sus aguas, tanto del Nilo, como del Eufrates que aquí significa que su confianza la tienen en el mundo, y no realmente en Dios.



El beber de las aguas de este mundo, es sinónimo de depender de la oferta y provisión de este mundo. Así como Dios en tiempos de Jeremías destruyó la confianza y dependencia de Judá y Jerusalén en el mundo que le rodeaba, lo mismo hará hoy, en cuanto a todos aquellos que son hijos Suyos, pero su confianza realmente está en la provisión de este mundo ajeno a Dios.



No en vano la Escritura nos amonesta así:



“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4: 4, 5)



Por cierto, ¿Cuántos de esos actuales apóstoles de la prosperidad enseñan esto último?



5. Falta amor por la Palabra:

“¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Yaveh les es cosa vergonzosa, no la aman.” (Jer. 6: 10)



Cuando se ama la oferta de este mundo, no se puede amar la Palabra del Señor. Es incompatible una cosa con la otra; y esto está ocurriendo hoy en día en gran escala. Prefieren oír la vana palabra de los falsos apóstoles del “materialismo cristiano”, que jamás ofende, ni incita a cambiar hacia la dirección del Señor; sólo apunta de continuo hacia la “bendición” material, en realidad, hacia la avaricia y la codicia:



“Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.” (Jer. 6: 13, 14)



Llenan la cabeza de mentiras y desbordan los corazones con emocionalismo y falso avivamiento, ahogándolos respecto a la verdad de Dios. Les prometen un gran avivamiento mundial para este tiempo, una reforma mundial donde rebose la paz, pero como dice la Escritura, y jamás miente; dicen: “Paz, paz; y no hay paz”.



Se les amonesta de mil maneras, pero lejos de avergonzarse y cambiar, montan en su soberbia:



¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza; por tanto, caerán entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Yaveh” (Jer. 6: 15)



Tozudamente se niegan a escuchar, y ni siquiera a considerar lo que se les dice:



“Así dijo Yaveh: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos.” (Jer. 6: 16, 17)



Lamentablemente, “el Señor traerá su mal, según el fruto de sus pensamientos, porque no escucharon Mis palabras, y aborrecieron Mi ley” (Jer. 6: 19)



6. Dios está harto de que de su casa se haga una cueva de ladrones:

“He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan.” (Jer. 7: 8)



Aquellos cristianos del primer siglo, que ni siquiera tenían la Biblia completa en sus manos, preferían morir a manos del emperador romano, antes que negar el nombre de Cristo por participar en la oferta de aquel mundo profano e impío. En cambio, hoy en día, haciendo caso omiso a la Palabra, basándose en lo emocional y en la palabra mentirosa de los falsos apóstoles y profetas de turno, muchos hacen de sus propias vidas y de la casa de Dios, una cueva de ladrones:



“Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones? ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Yaveh.” (Jer. 7: 9-11)



Dios no va a sufrir más que Su nombre sea cuestionado a causa de todos aquellos que llamándose sus hijos, profanen una y otra vez su propio santuario y el santuario de Dios con el pecado de la soberbia, la codicia, la avaricia, y cualquier lujuria más.



No vale ya el artificio de la falsa adoración

“¿Para qué a mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan.” (Jer. 6: 20)



El torpe engaño de mezclar lo santo con lo profano, no va a ser más. Dios está hastiado de los congresos cristianos y de los cultos en general, donde se le adora y alaba, y donde al mismo tiempo, se enseña al pueblo en la dirección del “materialismo cristiano” y otras aberraciones escandalosas. Dios abomina todo esto de una manera muy especial.



Creo que la Palabra del Señor para estos últimos días va en la siguiente dirección:



“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Ap. 22: 11)



Y eso significa que cada uno sea como realmente quiere ser. El que actúa como impío, no pretenda ser santo (o conviértase de veras); y el que es santo, lo sea de veras, y siga siéndolo.



Dios ya no va a soportar más la hipocresía, el doble ánimo, la careta de cristiano, ni tampoco la falsa justificación ante los demás: “Por tanto, estoy lleno de la ira de Yaveh, estoy cansado de contenerme; la derramaré sobre los niños en la calle, y sobre la reunión de los jóvenes igualmente; porque será preso tanto el marido como la mujer, tanto el viejo como el muy anciano.” (Jer. 6: 11)



Dios está harto de que se use la libertad en Cristo como excusa para el libertinaje, la banalidad, la farándula cristiana, el flirteo con el mundo, la falsedad, la soberbia. El juicio viene, y el pueblo de Dios no se apercibe, porque vive encandilado por las falsas luces de los falsos profetas del “materialismo cristiano”, que lejos de mostrarles la vara de almendro, sólo quieren que atiendan a su mensaje de “prosperidad” para seguir engañándoles.



¡Tengan muy presente que el Señor ya ha empezado a limpiar su casa!



Muchos creen a esos nuevos pseudo-celestiales flautistas de Hamelín que les aseguran el gran avivamiento de las naciones, y la conquista de las naciones como un hecho incuestionable, aunque la misma Escritura lo niega, pero lo que va a ocurrir antes de la Parusía gloriosa del Rey Jesucristo, va a ser una cosa muy diferente:



“Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será desolada.” (Jer. 7: 34)



Ante nosotros, no viene paz y seguridad, ni tampoco voz de alegría, sino todo lo contrario. El Señor ha levantado la vara de almendro; Él apresura Su palabra para ponerla por obra (Jer. 1: 11), mientras los nuevos flautistas de Hamelín siguen haciendo sonar sus instrumentos melodiosos y encantadores por doquier, y ¡ay de ellos!



7. ¿Qué hacer en esta hora?:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap. 3: 22)



“Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿No será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí! dice Yaveh.” (Jer. 3: 1)



Este escrito que han leído creo que es profético. Es el sentir que el Espíritu Santo me ha trasladado, y estoy compartiendo con todos ustedes, en obediencia al Señor.



Esta dura amonestación es sobre todo dirigida a todos aquellos que son de Cristo. Los que en realidad no lo son, harán caso omiso de ella, como siempre ha sido así. Pero si usted es de Él, y se puede identificar con alguno de los pecados mencionados en este escrito, arrepiéntase y vuélvase de todo corazón a las sendas antiguas (Jer. 6: 16), que es la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo. Si no está en una, busque la congregación evangélica donde se enseñe y se viva esa doctrina.



Dios no se goza con el castigo, sino todo lo contrario. La dura palabra tiene como finalidad la corrección del que se ha desviado. Este es el caso.



¡Fíjese! A pesar de que muchos se han amancillado con el mundo y con los enemigos de Dios, nuestro Señor está dispuesto a volver a recibir al que así ha hecho, antes de que sea tarde del todo.



¿Quiero yo la muerte del impío? dice Yaveh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? (Ez. 18: 23). Si Dios no desea la destrucción del impío, con menos razón la quiere de sus hijos que se han desviado. Es hora de arrepentirse de todo mal camino y pecado oculto, y buscar de veras el agradar al Señor, tal y como enseñan las Escrituras.



Dios, en estos difíciles días, ha levantado verdaderos pastores para apacentar al verdadero pueblo de Dios en Su temor y en Su conocimiento:



“Convertíos, hijos rebeldes, dice Yaveh, porque yo soy vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sion; y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia.” (Jeremías 3: 14, 15)



Busque el cuerpo de Cristo y viva según la voluntad de Aquél que un día nos dio a Su precioso Hijo por todos nosotros



“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Ro. 8: 32)



¡El Señor no tarda!



Dios les bendiga.



© Miguel Rosell Carrillo, pastor de la iglesia evangélica, Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.

Febrero 2008

www.centrorey.org







Citas:



1. David Wilkerson; El Llamado Final; Ed. Vida; pág. 73;

2. César Castellanos; en su conferencia “La oración de Jabes; cambio de naturaleza” http://www.godtube.com/view_video.php?viewkey=50a8ce11492145b80f7e





FIN