Conquistar la ciudadanía del Reino de Dios, es lo más importante que cualquier ser humano pueda conquistar. Alcanzar una vivienda propia, un titulo universitario, una pareja, constituir una familia y tantas cosas que se pueden ambicionar mientras sean para bien es muy importante y llena la vida de mucha alegría, pero ninguna conquista es más importante que la ciudadanía del Reino de Dios. Cuando se tiene esta ciudadanía, se obtiene un gran tesoro, porque integrándose al Reino de Dios, es como si se saliera de este mundo de miseria, fracasos, enfermedades y se entrase hacia un mundo de abundancia, victorias y salud. El Reino de Dios nos proporciona toda la felicidad que un ser humano necesita, el mal no nos puede tocar, porque él fue expulsado de allá.
Por eso el Reino de Dios no tiene precio, es un gran tesoro y está escondido. Y sólo entrarán en él los que luchan, se esfuerzan y perseveran, la puerta de él es angosta y su camino es estrecho.
“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.” Mateo 13:44.
Todo lo que tengamos que hacer, de todas las cosas que nos tengamos que deshacer para entrar en el Reino de Dios valdrán la pena porque el valor del Reino de Dios es incalculable. Usted se preguntará ¿De qué me tengo que deshacer? ¿Qué tengo que dejar atrás para tomar posesión de ese tesoro? La respuesta es simple, de todo lo que no agrade a Dios. Existen muchas personas materialistas, amantes del dinero y cuando se les habla de diezmo o de ofrenda, ya cambian de semblante, otras cuando están solas son una persona y cuando se juntan con determinadas “malas compañías” terminan haciendo cosas que no querían hacer, caen en vicios, prostitución, algunos comparten su fe en el Señor Jesús con cosas que no sirven de nada como el horóscopo, el tarot, las cábalas y con la fe dividida de esa forma no han logrado ni lograrán conseguir nada. Muchos llevan dentro de sí deseos de venganza, odio, resentimientos y con estos pensamientos no podrán entrar en el Reino de Dios.
Si usted está en una de estas situaciones más que una oración del pastor, usted necesita tomar una decisión en su vida, querer integrarse al Reino de Dios y tener ese tesoro dentro de sí. Nosotros somos como un jarro de barro con un tesoro adentro.
“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.” Mateo 13:45-46
Si alguien quiere esa perla preciosa que es el Reino de Dios, entonces tiene que deshacerse de todas las cosas malas, para ser portador de la ciudadanía del Reino de Dios y tener todas las bendiciones que se incluyen en ella.
De aquí a 20, 30,40 años esta generación pasará y aquellos que lucharon por tener el Reino de Dios, vivirán con Jesús eternamente. La decisión es suya.

Dios les bendiga