La Palabra de Dios, simiente que produce fruto

Rev. William Soto Santiago, Ph.D.



Viernes, 16 de marzo de 2007



Villahermosa, Tabasco, México



Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes; es para mí un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos en Isaías, capítulo 55, versos 8 al 11, donde dice:



“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.



Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.



Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,



así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”



Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.



“LA PALABRA DE DIOS, SIMIENTE QUE PRODUCE FRUTO.”



La Palabra de Dios está representada en la simiente del campo que produce fruto: se siembra, nace una plantita y luego de esa plantita, luego nace el fruto que luego es cosechado por los labradores.



De esto fue que habló Cristo en San Lucas, capítulo 8, donde explicando todo eso, nos dice capítulo 8, verso 10 en adelante, dice:



“Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.



Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.”



Y ahora, Dios coloca Su Palabra aquí, como la semilla en el campo es colocada para ser sembrada, nacer y llevar mucho fruto.



Y ahora, “la Palabra es la semilla,” nos dice aquí; luego aquí nos enseña que la buena tierra son seres humanos, los cuales son los hijos e hijas de Dios, y la mala tierra enseña que no son los hijos e hijas de Dios.



Y ahora, también en San Mateo Él habla de la buena semilla en el capítulo 13, y nos dice en el verso 19:



“Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”



Y luego en el verso 23, dice:



“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”



Y ahora, aquí Cristo representa la buena tierra en las personas que escuchan la Palabra, la entienden y llevan fruto, unos más y otros menos. Pero ahora, la buena tierra, el terreno donde es sembrada la Palabra, son seres humanos, y la semilla es la Palabra.



Y ahora, la Palabra del Reino es el Evangelio de Cristo, que es predicado por testimonio, dando testimonio de Cristo por medio del Espíritu de Cristo, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga Vida eterna.



Y ahora, encontramos que el Día de Pentecostés Pedro predicó esa Palabra, y dio el fruto de unos tres mil que oyeron y creyeron, porque fue sembrada esa Palabra en el corazón de ellos y dio el fruto del arrepentimiento y el recibimiento de Cristo en sus corazones, siendo bautizados; y Cristo los bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en ellos el nuevo nacimiento.



Esto sucedió porque ellos escucharon la predicación del Evangelio de Cristo y dio fruto, el fruto que tenía que dar y trajo el Reino de Dios como tres mil personas; y así en cada ocasión que predicaban el Evangelio de Cristo los apóstoles, daba fruto esa Palabra, hijos e hijas de Dios, hijos e hijas de Dios que entraban al Reino de Dios porque escucharon la Palabra del Reino, el Evangelio de Cristo que es la Palabra de Dios que produce fruto, la cual es una semilla, una simiente, es la Palabra creadora de Dios con la cual fueron creados los cielos y la Tierra, y esa Palabra que produjo el fruto de la creación de los Cielos y de la Tierra ha continuado siendo hablada y ha continuado produciendo fruto abundante en el Reino de Dios.



Yo soy un fruto de esa Palabra simiente que fue sembrada en mi corazón, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, porque hemos escuchado la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo que es simiente que produce fruto (produce fruto para y en el Reino de Dios): hijos e hijas de Dios.



Y ahora, podemos ver cómo el Reino de Dios pasó a otro pueblo para llevar el fruto de hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios; por eso se predica la Palabra que da fruto, que lleva fruto, para que nazcan en el Reino de Dios los hijos e hijas de Dios. Todavía se está predicando la Palabra de Dios, la simiente que produce fruto (San Marcos 16:15-16):



“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.



El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”



Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, lo recibí como mi Salvador, fui bautizado en agua en Su Nombre, y Él me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en mi el nuevo nacimiento, y así produjo el fruto que estaba prometido, ¿y en y con quién más hizo lo mismo esa Palabra de Dios que produce fruto? Con ustedes también. Y ahora se encuentran todos ustedes y yo también en el Reino de Dios como fruto de esa Palabra, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia.



Todavía continúa produciendo fruto esa Palabra, el Evangelio de Cristo, para producir hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios, es una nueva creación de seres que Dios está creando, en la misma forma que creó los Cielos y la Tierra: por medio de Su Palabra creadora, por medio de la Palabra simiente que produce fruto: hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios.



Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, puede hacerlo en estos momentos, pues ha escuchado el Evangelio de Cristo que es la Palabra de Dios que produce fruto, hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios; por eso Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” (San Juan 3:5)



Nacer del Agua es nacer de la Palabra de Dios, del Evangelio de Cristo; y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu de Cristo y obtener por consiguiente el nuevo nacimiento del Agua y del Espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu de Cristo para ser el fruto de la Palabra de Dios que es la simiente que produce fruto.



Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo y nació la fe de Cristo en su alma en estos momentos, puede pasar al frente y estaré orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino y venga a ser fruto de la Palabra de Dios, que produce el fruto de hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios.



Así como nuestro cuerpo físico es fruto de la unión de nuestros padres terrenales, eso son los hijos, el fruto de sus padres terrenales; y los hijos e hijas de Dios en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios, son los hijos e hijas de Dios, el fruto producido por la Palabra de Dios, la Palabra del Reino, el Evangelio de Cristo. Por eso Cristo ordenó, diciendo:



“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.



El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos 16:15-16)



¿Por qué Él mandó a predicar el Evangelio? Porque esa es la Palabra de Dios, la simiente que produce fruto, el fruto de hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios. El fruto de nuestros padres terrenales son hijos e hijas, y el fruto de nuestro Padre celestial son hijos e hijas de Dios.



Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. En las demás naciones que están en este momento a través del satélite Amazonas conectados o a través de internet, pueden continuar también viniendo a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho, para que sean fruto de la Palabra creadora de Dios, de esa Palabra que lleva al fruto de hijos e hijas de Dios, en el Reino de Dios.



Todavía vienen más personas que como ustedes han escuchado la Palabra creadora de Dios y ha sido dada la fe de Cristo a sus corazones, nació la fe de Cristo en sus corazones y por consiguiente esa Palabra tiene que producir el fruto de hijos e hijas de Dios.



Por lo tanto, toda persona que escucha esa Palabra, dice Cristo: “El que es de Dios, la Palabra de Dios oye.” O sea, esa Palabra creadora que produce el fruto de hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios.



Cristo nos enseña que los que oyen la Palabra y producen fruto a ciento por uno, a sesenta o a treinta por uno, son la buena tierra, o sea, son los hijos del Reino, son los hijos e hijas de Dios que por medio de escuchar la Palabra y recibir el Espíritu de Cristo, obtendrían el nuevo nacimiento y por consiguiente nacerían en el Reino de Dios como hijos e hijas de Dios. Por eso es tan importante la predicación del Evangelio de Cristo.



Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo.



Si falta alguna persona en las demás naciones por venir a los Pies de Cristo, puede venir. Vamos ya a orar con nuestras manos levantadas a Cristo todas las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestros ojos cerrados todos los presentes y los que están en otras naciones, los que han venido a los Pies de Cristo reciban y recibirán a Cristo, están recibiendo a Cristo, repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por ustedes:



Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, Tu Palabra, y nació Tu fe en mi corazón; creo en Ti de todo corazón, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu Primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario, como el único Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, me rindo a Ti, me entrego a Ti en alma, espíritu y cuerpo.



Sálvame Señor, perdona mis pecados y con Tu Sangre límpiame de todo pecado, y bautízame con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en Tu Reino, quiero entrar a Tu Reino, quiero vivir Contigo en Tu Reino por toda la eternidad. Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.



Y con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén y amén.



Y ahora, Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, y nació la fe de Cristo en vuestra alma y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.



Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados en agua en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.



Y ahora, pregunto al reverendo Andrés Cruz Gallego si hay agua: hay bautisterio con agua. ¿Hay ministros que les bautizarán? Hay ministros también que les bautizarán. ¿Hay ropas bautismales también? Hay ropas bautismales en ambos lados, hay vestidores de ropa también, y personas que les ayudarán para llegar a los vestidores de ropa y también cuidarán de vuestras ropas mientras ustedes estarán siendo bautizados.



Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.



En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo es tipológico, simbólico. El agua no quita los pecados, es la Sangre de Jesucristo. El bautismo en agua es un mandamiento de Jesucristo, el cual debe ser cumplido, porque en él la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.



Cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador, muere al mundo. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Cuando el ministro lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna en el Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador.



Que Jesucristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego luego que sean bautizados en agua en Su Nombre, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.



Que Jesucristo les bendiga y pasen todos muy buenas noches. Dejo al reverendo Andrés Cruz Gallego con ustedes, para que les indique hacia dónde caminar para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y en cada nación dejo el ministro correspondiente, para que les indique también hacia dónde caminar para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.



Que Dios les continúe bendiciendo a todos.



Con ustedes el reverendo Andrés Cruz Gallego.



“LA PALABRA DE DIOS, SIMIENTE QUE PRODUCE FRUTO.”