Página 1 de 5 123 ... ÚltimoÚltimo
Mostrando resultados 1 a 15 de 64

Mensaje: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangelica

  1. #1
    Fecha de Ingreso
    Aug 2008
    Respuestas
    67

    Por Defecto a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangelica

    san ireneo en el siglo tercero fue el que compilo los libros que se consideraron inspirados por dios.jesus jamas mando escribir la biblia ,menos los apostoles.es la iglesia catolica que se vio obligada a hacerlo por escrito debido al gran numero de creyentes que aumentaba.originalmente era solo a travez de la tradicion oral y por carta.el evangelismo no ha contribuido en nada en la constitucion de este libro,como saben los evangelicos cuales son los libros inspirados ppor dios.al rechazar a la iglesia catolica se contradicen porque la biblia se debe a el trabajo de los obispos que la compilaron .molliestone

  2. #2
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Respuestas
    4.773

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    La Biblia es la Palabra de Dios, inspirada por el Espiritu Sato, y no se la "debemos" a NADIE, solo a Dios que en Su Gracia nos la preservó hasta hoy.

    El Canon de las Sagradas Escrituras y los Libros Apócrifos
    Por José Grau. Extracto del libro ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros? (Compilado por Pedro Puigvert) Editorial CLIE, 1999.



    CANONICIDAD
    «Mirad que nadie os engañe con filosofías falaces y vanas, fundadas en tradiciones humanas, dicho por vía de ejemplo de mí y de Apolos, os lo explico a vosotros para que en nosotros aprendáis a no ir más allá de lo que está escrito» (Colosenses 2:8; 1 Corintios 4:6)
    «La Santa Iglesia Cristiana, de la cual Jesucristo es la cabeza, ha nacido de la Palabra de Dios, en la cual permanece y no escucha la voz de un extraño» (Zwinglio)


    1. Definición de la Canonicidad
    1) El significado de la palabra «canon» (deriva del griego «kanon» y, probablemente, también del hebreo «kane», que significa una vara para medir, o una regla; metafóricamente, la palabra ha venido a significar «norma» o «medida» de la verdad religiosa.
    2) El uso de la palabra en la Biblia lo encontramos en Gálatas 6:16, Filipenses 3:16, donde significa que «la nueva creación» es el canon para el nuevo pueblo de Dios, «la regla», la norma del cristiano (2 Corintios 10: 1 3-16).
    3) Uso de la palabra referido a la Biblia. En el lenguaje de la Biblia «canónico» significa todo el contenido de las Escrituras; la «lista» o «catálogo» de los libros que componen la Biblia. la norma escrita reconocida por la Iglesia de los libros inspirados y, por tanto, normativos para ella.
    Por oposición se llama apócrifo a todo escrito que, habiendo pretendido o pretendiendo todavía la canonicidad, no es inspirado y, por lo tanto, no es reconocido por el pueblo de Dios.
    4) Reconocimiento de la canonicidad. la Iglesia reconoció como canónicos únicamente aquellos libros que reunieron las siguientes características propias de todo escrito portador de la Revelaci6n divina:

    a) Inspiración divina.

    b) Apostolicidad en el caso del N.T. y Profetismo en el A.T. que son la garantía de la inspiración divina requerida.
    El principio para aceptar un libro era la tradición histórica de su apostolicidad. Pero hemos de entender claramente que por esta apostolicidad no se quiere decir siempre que el autor haya sido un apóstol. Desde luego, cuando éste era el caso no había dudas: porque desde muy temprano la apostolicidad fue identificada con la canonicidad. Hubo dudas en relación a Hebreos, en Occidente, y a Santiago y Judas, que retrasaron la aceptación de estos libros en el canon de ciertas iglesias. Pero en un principio no fue así. El principio de canonicidad no es, pues, estrictamente la paternidad literaria apostólica de un escrito, sino la imposición que los apóstoles hacen del mismo. De ahí que el nombre que Tertuliano usa para canon sea «instrumentum»; habla del Antiguo y Nuevo Instrumento como nosotros nos referimos al Antiguo y Nuevo Testamento. Nadie niega que los apóstoles impusieron el Antiguo Testamento a la Iglesia -como su instrumento o regia-. Al imponer nuevos libros a las iglesias que fundaban, por la misma autoridad apostólica, no se limitaron a libros de su propia redacción. Es el evangelio de Lucas, un hombre que no era apóstol, el que Pablo coloca paralelamente en 1 Timoteo 5: 1 8 con Deuteronomio y le llama «Escritura». los Evangelios, que constituían la primera parte de los Nuevos libros -«Los Evangelios y los Apóstoles» fue el primer título que recibió el Nuevo Testamento-, según Justino, fueron «escritos por los apóstoles y sus compañeros». la autoridad de los apóstoles se hallaba en los libros que entregaron a la Iglesia como regla, no sólo en los que ellos mismos escribieron. las comunidades primitivos recibieron en su Nuevo Testamento todos los libros que llevaban evidencias de haber sido dados por los apóstoles a la iglesia como código de ley; y no deben desorientarnos las vicisitudes históricas de la lenta circulación de algunos de estos libros, como si la lenta circulación significara lenta «canonización» por una parte de las Iglesias (Benjamín B. Warfield, The lnspiration and Authority of the Bible, 1960, PP.415, 416).

    c) Unidad de la doctrina, que se deduce de los puntos anteriores y es su corolario.

    d) Autenticidad, es decir, genuinidad del escrito en cuanto a paternidad que se atribuye, fecha, etc., a prueba de la crítica honesta.
    La aceptación del Canon de la Escritura por parte de la Iglesia se basa en un criterio fundamentalmente cristológico. la Iglesia siguió el ejemplo de Jesús al admitir el A.T. como Escritura Sagrada, y estuvo atenta a la autoridad conferida a sus apóstoles por el Señor.
    Fue el Espíritu de Cristo el que habló por medio de los profetas, y también de los apóstoles (1° Pedro 1:11). «Las ovejas de Cristo oyen su voz indefectiblemente». (F. Bruce, El Fundamento apostólico, pp. 23,24) .

    Establecemos ante todo que el libro de los Evangelios tiene por autores a los apóstoles, a quienes impuso el Señor mismo el encargo de predicar las Buenas Nuevas. Si tenemos también por autores a los discípulos de los apóstoles (apostólicos Marcos y Lucas), estos últimos no han escrito solos, sino con los apóstoles y según los apóstoles. Porque la predicación de los discípulos podría ser sospechosa de vanagloria si no estuviera apoyada por la autoridad de los maestros y por la autoridad de Cristo mismo, quien hizo a los apóstoles maestros. Tertuliano, Contra Marción, IV, 2.


    2. El Canon del Antiguo Testamento
    La Biblia usada Por Cristo y sus apóstoles (la Biblia de Israel) constaba de tres partes: la ley, los profetas y los salmos.

    1. la ley (5 libros): Génesis, Éxodo, levítico, Números y Deuteronomio.

    2. los Profetas (S libros)
    a) Primeros profetas: Josué, Jueces, Samuel y Reyes.
    b) Profetas posteriores. los mayores: Isaías, Jeremías y Ezequiel. Los menores: los doce.

    3. los Salmos o Escritos (11 libros)
    a) Poéticos: Salmos, Proverbios, Job.
    b) los cinco rollos: Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester.
    c) Tres libros históricos: Daniel, Esdras, Nehemías, Crónicas.

    El contenido de este canon es exactamente el que figura en nuestras Biblias, solamente cambia su distribución y agrupación en libros. Así los judíos contaban los dos libros de Reyes como una unidad (y también Crónicas), así Esdras y Nehemías, que en nuestras ediciones contamos como libros individuales.
    ¿A qué obedecía esta división de los judíos? la triple división del A.T., tal como hemos detallado, correspondía al parecer a la posición de sus autores y dependía también del uso litúrgico en el Templo.
    los primeros cinco libros fueron escritos por Moisés con pocas excepciones (Deuteronomio 34, por ejemplo). Moisés fue el gran legislador hebreo, el primer profeta del pueblo de Israel. Los autores de la segunda división eran hombres que desempeñaban el oficio profético, para lo cual poseyeron el don de la profecía. Y los autores de la sección tercera eran siervos de Dios que tuvieron el don, pero no el oficio de profetas; es decir, hombres inspirados por Dios, pero no profetas de oficio (David, Daniel, Salomón, etc.).
    ¿Por qué, pues, las Lamentaciones se hallan en la tercera sección? Esto ocurría en algunos lugares, pero no siempre (según testimonio de Josefo y Jerónimo) a veces juntamente con Rut se hallaba en la segunda sección como apéndice de Jeremías, y Rut como apéndice de Jueces. En realidad, se supone que fue así hasta el siglo II antes de Cristo, y no fueron colocados en la tercera sección por razones litúrgicas y prácticas para el uso del culto público.
    ¿Por qué Daniel está también en la tercera sección? Porque Daniel fue político y sabio, pero no profeta, aunque poseyó el don de la profecía en alto grado. Su labor, sin embargo, fue como la de su contemporáneo Ezequiel, profético. Se le llama profeta en el N.T. (Mateo 24:15) en el mismo sentido que a David (Hechos 2:29, 30; Mateo 1 3:15) en el sentido de haber hecho predicciones, pero el significado de la palabra profeta (nabhi) en hebreo es más que esto. El oficio y la obra de Daniel fueron algo excepcional, y para ello, estuvo equipado con el don de la profecía, como David.
    ¿Por qué Amós, que manifestó él mismo no ser profeta, fue colocado por los judíos en la segunda sección?
    En Amós 7:14, 15 el autor explica cómo fue llamado por el Señor al oficio profético siendo él un pobre hombre de las montañas, sin haber imaginado nunca antes desempeñar dicho oficio, por no haber asistido ni a las escuelas de los profetas, ni ser hijo de profeta. En el momento de su llamamiento recibió la investidura de su nuevo oficio, lo que no sucedió con Daniel. Amós fue un auténtico profeta por llamamiento directo del Señor. Aún más: su llamamiento es el ejemplo más claro de vocación al oficio profético.
    Los varones del tercer grupo ocupan en el A.T. la posición que, en cierta medida, tuvieron en el N.T. hombres como Marcos, Lucas y Judas, a los cuales Tertuliano llamaba «varones apostólicos» para diferenciarlos de los mismos apóstoles.


    3. El Canon del Nuevo Testamento
    El Canon del N.T. se formó dentro de un período de tiempo mucho más corto que el del A.T. por ser la culminación, la cima de éste. El Nuevo Testamento fue compuesto en la segunda mitad del primer siglo (alrededor de 51 años, 45-96 después de Cristo), «en el cumplimiento de los tiempos» (Gálatas 4:4), la época sagrada y única de la manifestación del Hijo de Dios. Este canon consta de 27 escritos).


    4. El Significado del Canon
    Para entender correctamente lo que el canon bíblico significa para la Iglesia, y para cada cristiano, hemos de tener en cuenta:
    1. La Iglesia confesó, pero no confirió, la canonicidad de los libros inspirados.
    2. la Iglesia informó al mundo, y sigue informándole, acerca del fundamento sobre el que se asienta, pero no es ella la que formó dicho fundamento, sino Cristo mismo.
    3. la Iglesia fue la editora, no la autora del canon.
    4. El reconocimiento del canon, no la formación del canon, por parte de la Iglesia fue aquel proceso por medio del cual el pueblo fiel fue discerniendo, con creciente toma de conciencia, su fundamento profético y apostólico. Este proceso tiene su propia historia, en la que es notable ver cómo y cuándo la Iglesia primitiva consideró uno por uno los 27 libros que componen el N.T. como la colección de escritos divinamente inspirada y de igual autoridad que el A.T. (cf. El fundamento Apostólico, caps. VI y VII).
    5. El canon debe controlar a la Iglesia, no la Iglesia al canon, porque Dios es soberano no sólo como Señor y Salvador, sino como Revelador. Ninguna Iglesia debe pretender, someter el canon a su autoridad, sino todo lo contrario: someterse ella a la autoridad del canon. Este es su deber primario.
    Ninguna Teología, como hace el modernismo existencialista o racionalista, debe pretender tampoco someter el canon, y la misma Iglesia, a la arbitrariedad de la último moda filosófica (léase la cita de Zwinglio al comienzo de este estudio).
    6. El canon es una norma cerrada y única. «Al aceptar el canon y reconocer sus límites, la Iglesia no sólo distinguió entre escritos canónicos y no canónicos, sino que señaló los límites donde se encierra la única tradición apostólica autorizada. Todo esto carecería de significado si al mismo tiempo hubiera de haber continuado una tradición oral ¡limitada también canónica» (H. Ridderbos y Oscar Culimann).

    Estas tres citas sitúan el problema en su auténtica perspectiva:
    «Los escritos bíblicos no poseen autoridad divina porque están en el canon, sino que están en el canon porque son inspirados, es decir, porque poseen autoridad divina» (N.B. Stonehouse).
    «La autoridad precede a la canonicidad» (F.F. Bruce).
    «Al establecer el principio del canon, la Iglesia ha reconocido por esta misma actitud, que a partir de entonces, a partir de aquel momento, la tradición ya no era más criterio de verdad. Subrayó la tradición apostólica. Declaró implícitamente que, a partir de aquel momento, toda tradición posterior debería quedar sujeta y sumisa al control de la tradición apostólica (la Biblia)» (Oscar Culimann).


    5. El Canon Cristiano-Hebreo y el Canon Romano
    Hay unanimidad total entre todas las Iglesias que pretenden el nombre de cristianas por lo que se refiere al Nuevo Testamento, es decir, en cuanto al número de libros y al texto. Todas tenemos el mismo N.T.
    Pero no ocurre así con el Antiguo Testamento. Nuestras Biblias tienen 39 libros inspirados, cuyo texto corresponde exactamente a la división de 24 rollos practicada por Israel.
    En cambio, en las Biblias editados por los catóiico-romanos aparecen 7 libros más, amén de ciertas adiciones a algunos libros canónicos. Por las razones que expondremos seguidamente, estos libros son apócrifos, no inspirados, mera literatura humano, con todo el valor histórico (en algunos casos, no siempre), o literario que se quiera, pero escritos humanos al fin.
    Los libros apócrifos son: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico (no confundir con Eclesiastés), Baruc, 1 y 2 de Macabeos y las siguientes adiciones: Esther (10 vv. del cap. 10 al 16 de las versiones católico- romanas), Daniel 3:24-90 y caps. 13 y 14 de dichos versiones.
    Estos son los libros judíos no canónicos que Roma acepta como tales; pero existen aún otros libros apócrifos que ni los judíos ni la Iglesia Cristiana, ni Roma han aceptado jamás (por ejemplo: 2 y 3 de Esdras, la oración de Manasés, Enoc, etc.).

    1) Las razones que aduce Roma en favor de su canon
    a) Que algunos Padres de la Iglesia (muy pocos por cierto) citaron estos libros como si fueran inspirados. Cierto, pero también citaron los otros apócrifos. ¿Por qué no los admiten todos, guiados meramente por estas citas?
    b) Que los libros apócrifos se encuentran en muchas versiones antiguas. En la versión llamada de los Setenta, sobre todo, que sirvió de base para muchas versiones posteriores. Vale aquí lo mismo que hemos dicho ya: ¿por qué no acepta, pues, Roma todos los apócrifos que contienen estas ediciones?

    2) Las razones que tenemos para no incluir los apócrifos
    a) No formaron parte nunca del canon judío. Pablo afirma que los judíos fueron los depositarios de la Revelación (Romanos 3:2) y el suyo es, por tanto, el canon válido. No existe ni un solo ejemplar del Antiguo Testamento editado en hebreo que contenga los apócrifos.
    b) los libros apócrifos no son citados nunca por el Señor ni por sus apóstoles en el N.T. según reconoce el Diccionario de la Biblia de Herder (católico), artículo: Canon del A.T., p. 269. Téngase en cuenta que el N.T. cita 280 veces al A.T. y casi siempre de la versión griega de los Setenta que contenía los apócrifos.
    c) Josefo, el gran historiador judío, testifica que los apócrifos no se hallaban en el canon judío.
    d) Filón, el gran filósofo judío de Alejandría y la comunidad judía alejandrina de habla griega (que solía usar la versión de los Setenta) no consideraron, ni usaron jamás, los apócrifos como Sagrado Escritura.
    e) No encontramos los apócrifos en ningún catálogo de libros canónicos reconocidos por la Iglesia en sus primeros cuatro siglos de existencia.
    f) Los más ilustres Padres de la Iglesia rechazaron categóricamente los apócrifos: Melitón, Atanasio, Jerónimo, Cirilo, Rufino.
    g) La versión de los Setenta fue una edición compuesta por motivos culturales, no religiosos. Tolomeo II Filadelfo quería reunir en la famosa biblioteca de Alejandría la sabiduría de todo el mundo antiguo y mandó ordenar la traducción al griego de todos los libros existentes en hebreo o escritos por los hebreos, de modo que pudiera disponer de todo el acervo cultural judío. Fue traducido todo este material por judíos alejandrinos alrededor del año 280 a.C.
    h) Los mismos libros apócrifos delatan no ser de inspiración divina. Por ejemplo, los libros de los Macabeos que tienen un cierto e indudable interés (y aun en ocasiones un evidente valor histórico) renuncian a toda pretensión de inspiración (2 Macabeos 15:39).
    i) los apócrifos enseñan doctrinas contrarias a otras enseñanzas bíblicas (Sabiduría 10: 1-4 compárese con Génesis 6:5-7); dejan sentir la influencia pagana sobre sus autores, pues toleran la salvación por obras, los encantamientos mágicos, las oraciones por los muertos, etc.
    j) Casi todos estos apócrifos fueron escritos mucho después de que se hubiera cerrado el tiempo del canon del A.T., que duró hasta Malaquías. Sus autores no pueden ser profetas, ni tener el oficio profético, ni ser, por tanto, inspirados. 1 Macabeos 3:46-49 demuestra que Israel, después de Malaquías, se regía por el «Libro de la ley», y en 1 Macabeos 9:27 se confiesa paladinamente que Israel vivía en una época «desde el tiempo en que no había entre ellos profetas».
    k) La mayoría de estos libros son fraudulentos desde el principio, pues suelen apoyarse en la autoridad de algún gran hombre de Dios del pasado, como si fuera su verdadero autor.
    l) Aunque fue permitido la lectura de dichas obras, tanto en Israel como en la Iglesia Cristiana, para instrucción, jamás fueron tenidas por canónicas ni inspiradas, sino hasta el Concilio de Trento (1546, diecisiete siglos después que la Iglesia había vivido sin ellas); este concilio no fue representativo de la Cristiandad, y hoy en día los mejores teólogos católico-romanos desean que haya sido superada la época tridentina (cf. José Grau, Catolicismo Romano: Orígenes y Desarrollo, tomo II).
    m) La inclusión de estos libros en el canon romano se explica históricamente por la actitud que el Vaticano tomó en el siglo XVI de oponerse sistemáticamente a todo cuanto afirmaran los reformadores por el solo hecho de venir de ellos. Además, proveyó a Roma argumentos para algunas de sus doctrinas que no podían recibir espaldarazo de los demás libros (purgatorio, oraciones por los muertos, etc.).
    La sola autoridad de Atanasio y de Jerónimo, si tuviéramos que atenernos sólo al testimonio de los llamados Padres de la Iglesia, vale más que todas las declaraciones de Trento.
    n) Las Iglesias Evangélicas, al rechazar la apócrifa, siguen fieles a la norma que rigió la historia de Israel y la Iglesia Primitiva.

    Una edición completa de la apócrifa admitida por la Iglesia romana se puede encontrar en cualquier versión de la Biblia católica romana. Recomendamos la Nácar-Colunga por el cuidado que tiene en deslindar y advertir cuándo comienza y acaba el texto «deuterocanónico» en oposición al canónico.


    6. Algunas reflexiones sobre la teología del Canon
    La aportación de H. Ridderbos
    Hace medio siglo, en 1955, Herman N. Ridderbos llamó la atención sobre la naturaleza histórico-redentora del canon. Todavía en 1988 se hacían nuevas ediciones de su obra.
    Este teólogo holandés recogía y desarrollaba una línea de pensamiento latente desde hace siglos en la teología protestante. Hodge, Bruce, Cuilmann, Ramm y otros laboraron y laboran en este campo de la teología bíblica sobre el canon.
    Con toda rotundidad, Ridderbos afirma que la puesta en escrito de la tradición apostólica y su valoración como canon fue única y exclusivamente la obra del mismo Señor resucitado. Fue su acto final en la historia de la salvación y la revelación especial antes de la segunda venida. Había escogido a sus apóstoles para ser sus representantes, habiéndoles dado autoridad para serle testigos de su persona y de su obra, de su enseñanza y de su resurrección. El conjunto de este testimonio escrito bajo dicha autoridad apostólica es la roca sobre la que habló en Mateo 16:1-8. Sobre esta roca corno fundamento, la Iglesia tiene que cimentarse y edificarse.
    Al clarificar la naturaleza única, y conclusivo, de la obra redentora de Jesucristo con el cierre del canon bíblico, Ridderbos ha hecho una importante contribución a la teología evangélica. la historia de la salvación es el registro de las obras de la gracia divina para la salvación del mundo. De etapa en etapa, la maravillosa redención llevada a cabo por Dios en Cristo -de manera única, irrepetible y siempre perfecto- fue registrada por escrito y convertida en norma, canon, para el pueblo de Dios.
    Así como en la cruz el Salvador pudo decir «Consumado es» Juan 19:30), también podía exclamar al ser completado el canon: «Realizado es». Ya no queda nada más por revelar hasta la segunda venida de Cristo. Corno escribe Ridderbos: «al completarse el canon, la historia de la redención llegaba a su conclusión; ya podía empezar la historia de la Iglesia».
    Concretamente, la historia de la Iglesia del N.T. no empezó el día de Pentecostés. Comenzó al cerrarse el canon. Porque lo que leemos en Hechos forma parte todavía de la historia de la salvación.
    El libro de Hechos es llamado, con toda propiedad, el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Por medio de sus apóstoles, Cristo establece la Iglesia y esto se describe en términos de crecimiento de la Palabra, tanto o más que de crecimiento numérico de personas:
    «Y crecía la Palabra de¡ Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén..»
    «... la Palabra del Señor crecía y se multiplicaba...»
    «... y la Palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia...»
    «...así crecía y prevalecía poderosamente la Palabra del Señor»
    (Hechos 6:7; 12:24; 13:49; 19:20)

    Y así fue cómo la Palabra llegó desde Jerusalén a Roma. Cuando Pablo hubo predicado el Evangelio en el corazón mismo del Imperio Romano, Cristo Jesús entró triunfante como Rey de reyes allí donde Satán tenía su poderoso trono, la ciudad de las siete colinas (Apocalipsis 17:9). La tarea de los apóstoles llegó a su fin. El libro de los Hechos de los Apóstoles podía cerrarse ya.
    Las obras de Dios son perfectas. Y la obra de la redención es la más perfecta y maravillosa obra divina. ¿Cómo imaginar siquiera la más mínima imperfección en la obra reveladora del Salvador? El Señor no hace nunca las cosas a medias; nunca ha dejado por terminar ninguna de sus obras. Si la salvación expresa el carácter perfecto de las actuaciones divinas, también tiene que mostrarlo el relato inspirado de esta redención.
    Mientras que el Espíritu Santo sigue obrando en la historia de la Iglesia, no debemos confundir, sin embargo, su trabajo providencial en medio de su pueblo con la inspiración por parte de este mismo Espíritu del registro sagrado de acontecimientos salvíficos llevados a cabo por Dios en Cristo. Es decir, debemos diferenciar la historia de la salvación -la historia del canon- de la historia de la Iglesia. 0 lo que es lo mismo, discernir el fundamento del edificio que, luego, va edificándose sobre dicho fundamento único (Efesios 2:20).
    Cuando el libro de los Hechos de los Apóstoles llega al final, este final cierra los últimos episodios de la redención llevada a cabo por Cristo. Ya no queda nada más que decir tocante a la redención y a la revelación. Sólo quedaba por hacer una cosa, una sola cosa: la puesta por escrito de algunos documentos más del Nuevo Testamento y el cierre definitivo del canon.
    Como señala Ridderbos, esta perspectiva supone un importante discernimiento desde otro punto de vista:
    El cierre del canon no forma porte de la historia de la Iglesia. Porque la Iglesia no hizo el canon; como tampoco el Evangelio fue obra suyo. Tanto el Evangelio como el Canon crearon a la Iglesia.
    La autoridad de los apóstoles es la autoridad de Cristo mismo. No hay diferencia entre lo que Pablo enseña por «mandamiento» o por «permiso», o, sin tener mandamiento, bajo su propia responsabilidad.
    La autoridad del apostolado fue ejercida personalmente en el primer siglo y quedó limitada a este tiempo. los apóstoles murieron y su testimonio dejó de ser personal para convertirse en palabra escrita. El apostolado fue un ministerio único e irrepetible por la misma razón. Único por quedar circunscrito a aquellos que el Señor llamó e invistió de autoridad, una autoridad ejercida con la ayuda del Espíritu Santo, que hizo de los escritos apostólicos textos inspirados e infalibles. Así lo explica Ridderbos:
    «Los apóstoles no fueron simplemente testigos o predicadores en sentido general, en sentido eclesiástico. Su palabra es una palabra reveladora, es, en realidad, el testimonio único, dado una vez por todas, sobre Jesucristo; un testimonio frente al cual tanto la Iglesia como el mundo son responsables y por el cual seremos juzgados todos, creyentes e inconversos».


    7. La autoridad de la Biblia
    ¿De dónde procede la autoridad de la Biblia? De su autor: Dios.
    -Porque Dios es la máxima autoridad, su Palabra es la máxima autoridad.
    -Porque Dios es absoluto, su Palabra es autoridad absoluta.
    La naturaleza de la autoridad de la Biblia es triple:
    - necesaria
    - total
    - final
    «Si la Biblia es el portador único de la autoridad del Dios Creador único y de Jesucristo, el Salvador único del mundo, ello supone que no puede surgir, ni en la Iglesia ni fuera de ella, otra fuente de autoridad que pretenda suplantar su lugar. La autoridad de la Biblia radica en Dios, el único que tiene derecho soberano sobre el universo entero»
    (Andrés Kirk)


    8. El Canon: ¿Confesión de fe de la Iglesia o fuente de la fe de la iglesia?
    Marción y el canon del Nuevo Testamento
    «El desafío de Marción al cristianismo obliga a las iglesias a decidir qué libros debían estar incluidos en los Escrituras sagradas y cuáles no. En esta perspectiva, Marción habría hecho más bien que daño a la Iglesia. ¿No quedó establecido el canon del Nuevo Testamento como consecuencia del desafío de Marción a la cristiandad?»
    Con estas u otras palabras parecidas se suele explicar hoy en multitud de libros y seminarios la génesis del canon novotestamentario y los orígenes de su formación.
    ¿Es correcta dicha «explicación»? 0, dicho de otro modo, ¿queda despachada así, suficientemente, toda la compleja problemática de la gestación del canon cristiano?

    Evidentemente, Marción sirvió de acicate para que las iglesias proclamaran y confesaran cuáles eran a su parecer los escritos inspirados del Nuevo Testamento.
    Todos estamos de acuerdo en que Marción ayudó a la Iglesia a definirse en su confesión de fe sobre el canon sagrado de manera oficial e inequívoca. Pero no olvidemos que mientras la proclamación de la Iglesia es confesión de fe, el Canon es fuente de fe. Es decir, algo muy distinto. Sin esta fuente primera no existiría la posterior confesión.

    ¿Historia de la formación o del reconocimiento del canon?
    La Iglesia no decidió nunca qué libros tenían que formar el Nuevo Testamento. la Iglesia, las iglesias, confesaron los escritos que habían recibido de la autoridad de los apóstoles, porque eran conscientes de que debían cimentarse sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (cf. Ef. 2:20).
    El Señor, en su providencia, ya había decidido desde el principio los libros que constituirían el Canon inspirado.
    Muchos hablan hoy de la «historia de la formación del canon». Creo que este lenguaje puede inducir a confusión y operar como una cortina de humo que dificulta la visión clara de toda la problemática inherente en las cuestiones que atañen a la autoridad del Nuevo Testamento. En lugar de referirnos a la «formación del canon», sería más concreto y exacto matizar: «historia del reconocimiento del canon».
    Porque la Iglesia no formó, sino que reconoció el canon. la Iglesia no engendró el N.T., sino que reconoció agradecida los escritos que le eran dados por el testimonio apostólico.
    En términos sencillos, digamos que la Iglesia fue la editora, pero no la autora del canon inspirado.
    Autores como Ridderbos, Bruce y Ramm han señalado atinadamente que Dios es soberano tanto en la revelación como en la salvación. Por consiguiente, la génesis del canon no hay que ir a buscarla en la historia de la Iglesia, sino en la historia de la salvación.
    El carisma de la inspiración no lo dio Dios a la Iglesia, sino a sus profetas y apóstoles escogidos precisamente con la finalidad de que fueran testigos autorizados de la vida, la muerte, la resurrección y las enseñanzas de Jesucristo (cf. Jn. 17:20). Testigos inspirados, se entiende.
    La autoridad inspirada de los apóstoles es el fundamento, mientras que las confesiones y los credos de la Iglesia pertenecen al edificio que va construyéndose a lo largo de los siglos hasta que Cristo vuelva, para ser un templo santo en el Señor.
    Repitámoslo: el testimonio y los credos de la Iglesia son confesión de fe. Pero el canon mismo es fuente de fe, fuente inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16).

    Significado de la condena de Marción
    ¿Por qué fue criticado, y rechazado, Marción al reducir el número de los libros del Nuevo Testamento?
    La oposición que recibió de parte de los líderes más destacados de las iglesias y de cristianos de mayor valía, como lreneo y Tertuliano, no obedecía a rencillas ni antipatías personales. Ellos estaban contra Marción porque rechazaba gran parte de los Evangelios y otras porciones de los escritos apostólicos que no admitía en su lista -o canon- particular.
    ¿Qué significa esto? Que ya existía una colección de libros tenidos como inspirados en las iglesias y considerados canónicos, independientemente del hecho de que el discernimiento de cada comunidad necesitó cierto tiempo para reconocer algunos de estos escritos, exactamente como había ocurrido en el antiguo Israel para reconocer todo el Antiguo Testamento.
    la condena de Marción como hereje es inimaginable sin la existencia previa de una colección de escritos tenidos como inspirados. Ello supone el concepto bien arraigado de una norma identificada como una colección de la que era ¡lícito apartarse, pues era canon para la Iglesia de Iodos los tiempos.
    Por ejemplo, lreneo defiende los 4 Evangelios, ni uno más ni uno menos (Ady. Haer, 111, 1 1) con un claro sentido de continuidad con lo que siempre se había creído y con las fuentes inspirados de donde se había bebido. La dependencia de Ireneo de anteriores y continuados convicciones con respecto al canon de los 4 Evangelios se remontaba a Papías y a Policarpo.
    Para Tertuliano, los 4 Evangelios tienen por autores a los apóstoles, a quienes impuso el Señor mismo el encargo de predicar las buenos nuevas. Si tenemos también por autores a discípulos de los apóstoles (los apostólicos Marcos y Lucas) estos últimos no han escrito solos, sino con los apóstoles y según los apóstoles (cf. Lucas 1:2). Porque la predicación de los discípulos podría ser sospechosa de vanagloria si no estuviera apoyada por la autoridad de los maestros y por la autoridad de Cristo mismo, quien hizo a los apóstoles maestros (Tertuliano, Contra Marción, IV, 2).
    Aquí tenemos compendiada toda la teología del Canon.

    El Canon, ¿Historia de la Iglesia, o historia de la Salvación?
    El vocablo griego «Canon» que utilizamos, tanto por nuestra parte como en el cristianismo primitivo, se empleaba con dos significados:
    1. Para referirse a una regla o norma (Gálatas 6:16).
    2. Haciendo alusión a una lista o colección de libros inspirados. Desde el tiempo del período apostólico (historia bíblica, o de la salvación) hasta la época postapostólica (la época de la Iglesia) se produjo una progresión, o evolución, del lenguaje: primero fue el canon de la fe, como regla y norma reconocidas desde el principio de la predicación apostólica como inspirados (y éstos sobre la base de su apostolicidad, su antigüedad y su verdad).
    Esta progresión conlleva asimismo una continuidad. Comprobamos esta ininterrumpida continuidad en el testimonio de Justino, lreneo, Tertuliano y otros autores hasta llegar a Atanasio, quien confiesa recibir como inspirado lo que ha sido transmitido desde el principio con este carácter.
    Marción, pues, no movió a las iglesias a formular una lista de libros autorizados como si nunca antes hubiese habido ninguna. Marción, simplemente, forzó a las iglesias a confesar su fe con rotundidad, para informar al mundo inequívocamente de las fuentes de su fe.
    Porque la Palabra de Dios es fuente de fe, mientras que la palabra de la Iglesia es solamente confesión de fe.
    Afirmaba Zwinglio con razón:
    «La Santa iglesia Cristiana, de la cual Jesucristo es la única cabeza, ha nacido de la Palabra de Dios, en la cual permanece y no escucha la voz de un extraño».

    El canon no es el producto de la decisión de la Iglesia, de ninguna iglesia.
    La diferencia entre Roma y la Reforma en este punto no consiste en el valor intrínseco de la Escritura como Palabra de Dios, que ambas reconocen igualmente. La diferencia tiene que ver con el reconocimiento de ese valor divino de la Escritura y la manera de llevarse a cabo. Según Roma, dicho reconocimiento dependería de la Iglesia C.R. Según la Reforma, de las mismas evidencias de la Escritura que se impone por sí misma a la Iglesia. La Reforma, a diferencia de Roma, no ató el canon a la Iglesia, sino la Iglesia al canon. Como enseñaba Calvino:
    «Por lo que la Iglesia, al recibir la Sagrado Escritura y al vindicarla por su sufragio, no la hace más auténtica, como si antes hubiese sido dudosa; sino porque la Iglesia la reconoce como la pura verdad de su Dios, la reverencia y la honro, obligada por su deber de piedad» 0. Calvino, Institución, 1, 7)

    La verdad histórica, pura y simple, es que todo lo que constituye el Nuevo Testamento no fue el producto, sino la base de la decisión de la Iglesia al expresar la conciencia de su aceptación y reconocimiento de lo que el Espíritu le reveló que era canon, es decir, norma inspirada. Es aplicable al N.T. lo que Josefo decía de los libros del Antiguo:
    «se impusieron al consenso general de Israel como órdenes de Dios»
    El desafío de Marción obligó a la Iglesia a confesar, pero no a elaborar el canon cuya gestación y orígenes arrancan de la historia de la salvación.


  3. #3
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Respuestas
    4.773

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    LA CANONIZACION DEL ANTIGUO TESTAMENTO

    El canon de la Escritura es una frase mediante la cual se designa al catálogo de los escritos sagrados reconocidos como autorizados. La palabra canon, originalmente griega, kan6n, significaba al comienzo ca¬ña o vara de medir. En realidad indicaba "aquello que mide", es decir, un patrón, norma o regla; específicamente, "aquello que se mide" me¬diante dicho patrón o norma. Los libros que fueron medidos en base a dicho patrón o sometidos a prueba en cuanto a su inspiración y autori¬dad divinos, y fueron reconocidos como emanados de Dios, fueron in¬cluidos en "el canon."
    La corriente conservadora sostiene que la Escritura inspirada lleva¬ba el sello de la autoridad canónica desde el momento de su inspira-ción por el Espíritu de Dios, independientemente del mero reconoci¬miento humano o de su reunión formal en una sola colección. El punto de vista de la alta crítica, por otra parte, es el de que la canonización fue un proceso que tuvo larga duración. Según esta teoría la "Ley" fue canonizada primeramente en el 444 A.C., los "Profetas recién en 300¬200 A.C., Y los "Escritos" alrededor de 165-100 A.C. (véase "Orden de los Libros en el Antiguo Testamento Hebreo," pp. 3-4). La alta crítica supone, por lo tanto, que la división del canon hebreo en tres partes responde principalmente a una cuestión cronológica. Se afirma que los "Profetas" adquirieron popularidad recién después del 300 A.C., como resultado de lo cual sus escritos fueron reunidos y canonizados en el curso del siglo siguiente. Un supuesto "Segundo" y un "Tercer" Isaías (fundamentalmente los caps. 40-66) fueron agregados al libro de Isaías porque sus autores habían sido completamente olvidados. Se su¬pone que Daniel no fue escrito antes del 167 A.C. y que, por lo tanto, no pudo ser incluido en la sección segunda o profética. Otros libros, ta¬les como Ester, 1 y 2 Crónicas, y Esdras-Nehemías, habrían sido com¬puestos en fecha demasiado tardía para ser incluidos en la sección histó¬rica.
    La crítica conservadora, sin embargo, sostiene que la división tri¬partita del canon hebreo puede explicarse ya sea por el prestigio del escritor, o por la disposición de los libros con fines litúrgicos. Consi¬guientemente se sostienen fechas tempranas para los libros del A T que mantienen su integridad. La posición protestante ha sido invariablemen¬te la de una adhesión estricta al canon judaico.

    LA TAREA DE LOS MASORETAS

    Antes del 500 D.C. los manuscritos no tenían ningún sistema para in¬dicar las vocales, con excepción de ciertas consonantes para indicar vo¬cales largas. Entre 600 y 950 D.C. los expertos judíos, denominados ma¬soretas (tradicionalistas), inventaron un sistema completo de vocales y de acentos para indicar la puntuación del texto. Al mismo tiempo uniformaron el texto, incluyendo lecturas marginales (llamadas keri) y variantes textuales (llamadas kethiv). Este trabajo de los masoretas en la Biblia hebrea la preparó en forma providencial para el advenimiento de la imprenta cinco siglos más tarde.

    BIBLIAS HEBREAS IMPRESAS

    El salterio fue la primera sección de la Biblia hebrea en imprimirse. Apareció en 1477. En 1488 apareció la primera edición del AT he-breo completo, impresa con vocales y acentos.

    LOS PRIMEROS ESCRITOS CRISTIANOS

    Durante casi dos décadas después de la ascensión de nuestro Señor, el AT, generalmente en griego, constituía la única Biblia que se conocía (véase pp. 1-5). El primer libro del NT fue aparentemente Santiago, que posiblemente se escribió ya en el 45 D.C. Generalmente se estima que el Apocalipsis es el más tardío, fechado alrededor del 95 D.C. Du¬rante este período la iglesia primitiva empleaba el A T como su única Biblia. Pedro predicaba basándose en el AT (Hch. 2.14-36), como así también Esteban (Hch. 7.2-53), Felipe (Hch. 8.32-35), y Pablo. Todos los escritores del NT estaban empapados del AT y sus escritos inspirados se apoyan en la revelación inspirada de este último libro.

    ORIGEN DE LOS LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO

    El evangelio (1 Co. 15.3-4) se predicó primeramente en forma oral, interpretándose a la luz de la historia y la profecía del AT. Los rela-tos orales de la vida y obra de Cristo adquirieron forma escrita y final¬mente dieron lugar a los Evangelios sinópticos inspirados en algún mo¬mento anterior al año 70 D.C. Pronto se hizo sentir la necesidad de una interpretación doctrinal de la persona y obra de Cristo, acentuado esto por la necesidad de definir al cristianismo frente a errores tales co¬mo el legalismo y el antinomianismo. Las epístolas paulinas y otras fue¬ron escritas con el propósito de llenar esta necesidad. La necesidad de contar con un bosquejo histórico del desarrollo de la iglesia dio como resultado el libro de los Hechos. El Apocalipsis Se escribió con el fin de preservar la revelación de los planes y propósitos de Dios para el tiempo y la eternidad.




    LA CANONIZACION DEL NUEVO TESTAMENTO

    Algunos Libros No Canónicos de la Epoca del NT

    1ª Clemente, epístola escrita por Clemente de Roma (c. 96 D.C.) a la iglesia de Corinto, era altamente estimada. Algunos la consideraban como de autoridad canónica y era leída públicamente en la iglesia de Corinto alrededor del 170. Diversos escritores en Egipto se valieron de ella, entre ellos Clemente de Alejandría y Orígenes. Fue incluida en el Códice Alejandrino.2a Clemente también ue incluida en el Códice Alejandrino. Se la atribuyó erróneamente a Clemente de Roma, pero nunca fue muy leída.¬Ninguna de las dos epístolas de Clemente recibió reconocimiento canó¬nico en el mundo occidental.
    La Didache (La Enseñanza de los Doce Apóstoles) (c. 120) era con¬siderada como Escritura Sagrada por algunos en Egipto, especialmente Clemente de Alejandrí¿¡ y Orígenes. Tuvo amplia circulación.
    La Epístola de Bernabé (c. 130) estaba incluida en el Códice Sinaí¬tico y se consideraba autorizada en Egipto. Jerónimo (c. 400) la consi-deraba apócrifa, y gradualmente fue perdiendo todo derecho a figurar entre las Escrituras Sagradas.
    El Pastor de Hermas (c. 140) fue escrito por Hermas, que era her¬mano de Pío, obispo de Roma. También fue incluido en el Códice Sinaí¬tico, siendo altamente estimado por el Canon de Muratorio. Nunca ad¬quirió, sin embargo, jerarquía de Escritura Sagrada.
    El Apocalipsis de Pedro (c. 145), de menor importancia que los li¬bros anteriores, recibió sin embargo considerable atención en oriente, siendo también conocido en occidente. No fue aprobado por el Canon Muratorio y Eusebio lo consideró falso.
    Hechos de Pablo (c. 170) circuló ampliamente y algunos lo consi¬deraron canónico; pero los eruditos más versados detectaron su carác-ter apócrifo y fue finalmente rechazado.
    Posteriormente fueron apareciendo numerosos evangelios, hechos, epístolas y apocalipsis invocando paternidad apostólica. Se trataba de falsificaciones evidentes que nunca recibieron aprobación por parte de la iglesia.

    Factores que Impulsaron a la Determinación del Canon Neotestamentario

    La aceptación de 1ª Clemente, la Didache, la Epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas como canónicos o semi-canónicos, especialmente en oriente, hacia fines del tercer siglo puso de manifiesto la necesidad de definir claramente el canon. Además, el canon incompleto del hereje Marción (c. 140) había comenzado a recibir amplia adhesión. Mar¬ción era un gnóstico que, basado en argumentos doctrinales, aceptaba únicamente el Evangelio de Lucas y diez de las epístolas de Pablo, luego de mutiladas seriamente. Al propio tiempo la aparición de otros libros apócrifos y pseudoepigráficos atribuidos a autores inspirados, hacía im¬perativa una clara determinación del canon. Algo más tarde el edicto del emperador Diocleciano (303), por el que se ordenaba la incinera¬ción de todos los libros sagrados, hizo necesario que se definiera cuida¬dosamente el canon.

    Criterios para Determinar la Canonicidad del NT


    El primer criterio a tener en cuenta fue el del carácter apostólico. De¬bía determinarse si el autor era o no un apóstol auténtico. En caso con-trario, debía establecerse si tuvo alguna asociación estrecha con algún apóstol, como era el caso de los escritores del Evangelio de Marcos, el de Lucas, el del libro de los Hechos y el de la Epístola a los Hebreos.
    El segundo criterio atendía al contenido. Debía determinarse si el contenido y el tratamiento del mismo respondían a los elevados prin-cipios y al nivel espiritual que se exigían como evidencia de que se tra¬taba de la Sagrada Escritura. Siguiendo este criterio se eliminaron los libros falsos.
    El tercer criterio tenía en cuenta la universalidad. Debía establecerse si el libro tenía aceptación en toda la iglesia y si respondía a un interés universal.
    El cuarto criterio era la inspiración divina. Se procuraba determinar si el libro ofrecía pruebas evidentes de haber sido dado por inspira-ción de Dios (2 Ti. 3.16), Y si el Espíritu Santo concedía a hombres piadosos la convicción de que así era. Esta era la prueba final. De no haber mediado la intervención providencial el canon del NT jamás se hubiera podido determinar acertadamente.
    Libros Aceptados como Canónicos en Epoca Temprana
    A dichos libros Orígenes (245) los llamó homologoumena (libros "confirmados" o "aceptados"). Se trataba de los escritos del NT univer¬salmente reconocidos como Sagrada Escritura inspirada. Orígenes in¬cluyó los cuatro Evangelios, las epístolas de Pablo, la Pedro, 1 a Juan, Hechos y el Apocalipsis. Si bien no incluyó el libro de Hebreos entre los homologoumena lo mencionó como paulino y canónico. Más aún, los únicos libros que no citó como parte de la Escritura fueron Judas y 2a y 3a Juan.
    Eusebio de Cesarea (c. 300-325), el historiador de la iglesia, inclu¬yó entre los homologoumena a los cuatro Evangelios, Hechos, las epís¬tolas paulinas, 1 a Juan, la Pedro y el Apocalipsis. Parece haber omitido inadvertidamente a Hebreos.
    Libros Neotestamentarios que Fueron Cuestionados Inicialmente
    Orígenes llamó a los libros cuestionados los antilegomena ("discuti¬dos" o "cuestionados"). Entre dichos libros colocó a Hebreos (véase arriba", 2a Pedro, 2a y 3a Juan, Santiago, Judas, y los siguientes apócri¬fos: la Epístola de Bemabé, el Pastor de Hermas, la Didache, y el Evan¬gelio de los Hebreos.
    Eusebio de Cesarea dividió los antilegomena en (1) aquellos que es¬taban simplemente cuestionados-Santiago, Judas, 2a Pedro, 2a y 3" Juan; (2) aquellos que ya se consideraban realmente falsos o no inspi¬rados-Hechos de Pablo, el Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pe-dro, la Epístola de Bernabé, y la Didache.


    Razones para Dudar de Ciertos Libros del Nuevo Testamento

    Los siete libros que inicialmente fueron cuestionados son Santiago, 2a Pedro, Hebreos, 2a Juan, 3a Juan, Judas y el Apocalipsis. La vacilación de algunos dirigentes de la iglesia primitiva se explica por la peculiar evidencia interna de los mencionados libros. (1) Santiago y Judas se titulan simplemente "siervos" de Cristo, y no apóstoles, mientras que el autor de 2a y 3a Juan se refiere a sí mismo como "presbítero" o "an¬ciano", y no como apóstol. En el Apocalipsis Juan se titula a sí mismo "siervo" y "hermano". (2) El autor de Hebreos se mantiene en el ano¬nimato y el contenido difiere en vocabulario y estilo de las epístolas reconocidamente paulinas. La segunda epístola de Pedro, si bien no es anónima, se diferencia de la Pedro en la misma forma. (3) Por otra parte, Santiago estaba dirigida a los primitivos conversos judíos y no a la gran iglesia gentil y universal. (4) Judas estaba cuestionado, ade¬más, porque se decía que citaba al libro apócrifo de Enoc (1.9; 5.4; cf. Judas 14-15). Gradualmente, sin embargo, todos estos libros controver¬tidos si bien genuinos, fueron universalmente aceptados por la iglesia. En occidente esto ocurrió hacia el año 400 D.C. y en oriente hacia el 500 D.C.

    Reconocimiento del Canon en Occidente

    En testimonio de Clemente de Roma (c. 96 D.C.). En la muy venera¬da carta (conocida como 1ªClemente) a la iglesia en Corinto mientras era obispo de Roma, da muestras de que conocía el libro de Mateo, el de Romanos, el de 1 a Corintios, y se refiere repetidas veces al de He¬breos.
    El testimonio de Marción (c. 140). Como hereje gnóstico aceptaba únicamente el Evangelio de Lucas y diez de las epístolas de Pablo. Pero su testimonio, si bien equivocado, es ilustrativo y constituye un impor¬tante hito en el proceso de colección y aprobación del canon actual del NT.
    El testimonio de Hermas (c. ISO). Como supuesto autor del venerado libro del Pastor de Hermas ofrece autenticación del Evangelio de Mateo, de Efesios, y aparentemente también de Hebreos y Santiago, y especial¬mente del Apocalipsis.
    El testimonio de Ireneo (c. 140-203). Al haber estado en contacto con Policarpo de Esmirna en su juventud y por haber sido luego obispo de Lyons en la Galia, ofrece testimonio sobre los cuatro Evangelios, Hechos, 1 a Pedro, 1 a Juan, todas las cartas paulinas con excepción de Filemón, y el Apocalipsis.
    El testimonio del Canon Muratorio (c. 172). El fragmento fue des¬cubierto por el italiano Muratori en la biblioteca de Ambrosio en Milán en 1740. La primera parte, que está mutilada, contenía aparentemente los libros de Mateo y Marcos. Confirma todos los libros del NT con ex¬cepción de 1 a Pedro, 2a Pedro, Santiago y Hebreos.
    El testimonio de la antigua versión latina anterior al 170. Da fe de todos los libros excepto Santiago y 2a Pedro; Hebreos fue agregado an¬tes de la época de Tertuliano.
    El testimonio de Tertuliano (c. 150-222). Este voluminoso escritor latino de Cartago da testimonio de cuatro Evangelios, 13 epístolas pauli¬nas, Hechos, 1 a Pedro, 1 a Juan, Judas y el Apocalipsis. Sin embargo, rechazó el libro de Hebreos; sostenía que había sido escrito por Bernabé.
    El testimonio de Cipriano (c. 200-258). Como obispo de Cartago aceptó la posición de Tertuliano con respecto a Hebreos, y no citó, por otra parte, a Filemón, Santiago, 2a y 3a Juan, ni a Judas.

    Reconocimiento Posterior del Canon en Occidente

    El testimonio de Jerónimo (c. 340-420). El gran traductor de la Vul¬gata latina y renombrado erudito atestiguó todos los libros canónicos de nuestro NT. Aceptó a Hebreos sosteniendo que fue escrito por Pablo, y explicó la forma en que Santiago y 2a Pedro fueron reconocidos. Su opinión tiene un valor superlativo.
    El testimonio de Agustín (354-430). Su opinión, a diferencia de la de Jerónimo, no tuvo igual lucidez. Si bien aceptó la totalidad de los siete libros que habían sido cuestionados, propuso diferentes grados de autoridad para las Escrituras, y fue el principal responsable de que en la Iglesia Católica Romana se aceptase un canon ampliado del AT, que incluía a los apócrifos.
    Acción de los concilios eclesiásticos. La determinación del canon del NT no fue obra de ningún concilio. El valor como obra inspirada y la autoridad intrínseca de cada libro individual constituyeron los factores decisivos. Este hecho constituye una prueba fehaciente del carácter ge¬nuino y auténtico de los libros que nos han llegado en el canon. Recién al final del siglo cuarto hubo un pronunciamiento conciliar sobre la cuestión.
    El tercer concilio de Cartago (397) produjo la primera decisión sobre el canon. Uno de los cánones de dicho cuerpo estipula que únicamente los libros "canónicos" debían leerse en las iglesias. A continuación enu¬meraba exactamente los 27 libros actuales. Hebreos fue aceptado ba¬sándose en el criterio de tratarse de un libro paulino. El concilio de Hipona (419) reprodujo nuevamente la lista del tercer concilio de Car¬tago. La selección del canon fue, por lo tanto, un proceso espontáneo que se fue desarrollando en la iglesia hasta que cada libro hubo dado mues¬tras de su valor intrínsico.


    Reconocimiento del Canon en Oriente


    Ignacio, obispo de Antioquía (c. 116); Policarpo, obispo de Esmirna (c. 69-155), y Papías, obispo de Hierápolis (c. 80-c. 155), confirman los libros de Mateo, Juan, las epístolas paulinas, 1" Pedro, 1" Juan y po¬siblemente Hechos.
    La Didache (c. 120) presenta a Mateo y conoce a Lucas, como así también a la mayoría de los libros de nuestro NT.
    Melito, obispo de Sardis (c. 170), tiene citas de todos los libros del NT con excepción de Santiago, Judas, 2" y 3" Juan.
    Teófilo de Antioquía (c. 115-c. 188) aceptaba la mayoría de los li¬bros del NT y los tenía en igual estima que a los del canon del AT. Con todo, su sucesor, Luciano (martirizado en 312) excluyó de su "Canon Antioquino" el Apocalipsis, 2& Pedro, 2& y 3& Juan y Judas al hacer su re¬visión del texto del AT y NT.
    Basilio el Grande de Capadocia (c. 329-379) y Gregorio Nacianceno (c. 330-390) aceptaron todos los libros del canon actual, exceptuando el Apocalipsis, si bien lo citaron como procedente de Juan.
    Juan Crisóstomo (347-407) aceptó todo a excepción de 2" Pedro, 2" y 3" Juan y el Apocalipsis.
    Teodoro de Mopsuestia (c. 350-428) rechazó las epístolas universales o católicas y el Apocalipsis. Por lo tanto la opinión de esta parte de la iglesia se vio fuertemente influenciada por el canon de Constantinopla, que rechazó la 2" y 3" Pedro, Judas y el Apocalipsis, y que se formó en base al "Canon Antioquino" de Luciano.
    La Peshito (411-435) siguió también el canon de Constantinopla. Re¬cién cuando Filógeno (c. 508) hizo revisar la Peshito siriaca a fin de agregar los libros rechazados que la nociva influencia del canon de Cons¬tantinopla fue eliminada.

    Reconocimiento del Canon en Egipto y Palestina

    Justino Mártir (c. 100-165) aportó su importante testimonio sobre el Apocalipsis, considerado por él obra del apóstol Juan. Conocía también el libro de Hebreos y probablemente se refirió al Evangelio de Marcos con el título de "Memorias de Pedro."
    Clemente de,Alejandría (c. 1 55-c. 215) era hombre de amplias lec¬turas y aceptaba lados los libros de nuestro NT, incluyendo a Judas, Hebreos, las epístblas universales y el Apocalipsis.
    En Orígenes de Alejandría (c. 185-c. 253) hay indicaciones de que aceptaba los libros cuestionados (Hebreos, 2" Pedro, 2" y 3" Juan, San¬tiago, Judas). Sostuvo que el Apocalipsis estaba entre los libros acepta¬dos (homologoumena).


    Desarrollo Posterior del Canon en Egipto y Palestina

    Los papiros Chester Beatty pertenecientes al 1110 siglo, editados por Sir Frederic Kenyon en 1933-37, aportan autenticación a los cuatro Evangelios, los Hechos, las epístolas paulinas y Hebreos (que sigue a Romanos), y el Apocalipsis (únicamente se conserva, sin embargo la sección correspondiente a 9.10-17.2).
    Dionisio de AlejandrÍa (c. 200-265) confirma a Hebreos como epísto¬la paulina, al tiempo que afirma que Santiago, 2a y 3' Juan y el Apoca¬lipsis constituyen Escritura inspirada.
    Atanasio de Alejandría (298-373) aplicó el término de "canónicos" al total de 27 libros que componen nuestro NT canónico.


    Síntesis sobre la Formación del Canon del Nuevo Testamento


    El canon del NT se formó espontáneamente, y no por acción de con¬cilios eclesiásticos. La inspiración y la autoridad intrínsica de cada libro individual constituyeron los factores determinantes para su eventual aceptación y canonización. Hacia el 200 D.C. el NT contenía esencial¬mente los mismos libros que tenemos hoy. A dichos libros se les asigna¬ba entonces el mismo grado de autoridad y el mismo carácter definiti¬vo que les asignan los cristianos en el día de hoy.
    En el tercer siglo se debatió la cuestión de los antilegomena. En orien¬te se le hizo oposición al Apocalipsis. Hebreos revestía carácter discu¬tible en occidente. Hacia fines del III siglo prácticamente todos los li¬bros extracanónicos habían sido ya eliminados de las listas autorizadas.
    Durante el IV siglo el debate sobre cuestiones de la posición canó¬nica de ciertos libros cesó casi totalmente en occidente, debido a la in-fluencia de Jerónimo y Agustín y a las claras distinciones relativas al ca¬non que hizo Atanasio en Egipto. El tercer concilio de Cartago (397) selló la decisión alcanzada, y desde aquel momento no ha habido oposi¬ción apreciable hacia ninguno de los libros del NT.
    En oriente, no obstante, la discusión continuó por cierto tiempo. Pero el ejemplo de occidente, de Atanasio en Alejandría, y la influencia de los padres de Capadocia, anularon toda la oposición que todavía per¬duraba. Al agregarse 2" y 3' Juan, 2" Pedro, Judas y el Apocalipsis a la Peshito (la Biblia siriaca) , la cuestión del canon quedó resuelta en el este también. De este modo quedó resuelta la canonicidad del NT, en sus aspectos fundamentales, alrededor del año 400 D.C. en occidente, y del 500 D.C. en oriente.


    Historia del Canon hasta el Presente

    Salvo algunas diferencias insignificantes, el veredicto de los cuatro pri¬meros siglos sobre el canon del NT ha sido aceptado por la iglesia hasta el día de hoy. En la época de la Reforma los reformadores recalcaron la autoridad de una Biblia infalible en contraposición a la supuesta auto¬ridad de una iglesia infalible.
    En cambio, en relación con el canon del AT, en el concilio de Trento de 1546, por el Decree Sacrosancta la iglesia romana declaró canónicos a 11 de los 14 libros apócrifos. Ellos son Tobías, Judit, la Sabiduría de Salomón, Eclesiástico, Baruc, la y 2a Macabeos, el Cántico de los Tres Jóvenes, Susana, y Bel y el Dragón. Aceptaron también algunos agrega¬dos al libro de Ester.


    Cómo nos vino la Biblia “Manual bíblico de Unger”, Editorial Portavoz.

  4. #4
    Fecha de Ingreso
    Jul 2004
    Edad
    45
    Respuestas
    8.120

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Caminante2007 Ver Mensaje
    La Biblia es la Palabra de Dios, inspirada por el Espiritu Sato, y no se la "debemos" a NADIE, solo a Dios que en Su Gracia nos la preservó hasta hoy.
    ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.
    (Rom 3: 1-2)

    Pablo sabe que la Palabra de Dios es un don de Dios en primer lugar, sin embargo reconoce que la Palabra ha sido confiada a un pueblo, el pueblo de Israel. Esto es muy claro. Una cosa no quita la otra.

    Pablo se refiere en su momento al Antiguo Testamento.

    ¿A quien ha sido confiada la Palabra de Dios contenida en el Nuevo Testamento?
    ¡Bendita eres tú entre la mujeres
    y bendito es el fruto de tu vientre!
    Lc 1, 42

  5. #5
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Respuestas
    4.773

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Petrino Ver Mensaje
    ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.
    (Rom 3: 1-2)

    Pablo sabe que la Palabra de Dios es un don de Dios en primer lugar, sin embargo reconoce que la Palabra ha sido confiada a un pueblo, el pueblo de Israel. Esto es muy claro. Una cosa no quita la otra.

    Pablo se refiere en su momento al Antiguo Testamento.

    ¿A quien ha sido confiada la Palabra de Dios contenida en el Nuevo Testamento?
    1- Si usted reconoce que el AT fue confiado a los judíos, ¿por qué añade libros que NO ESTÁN en su Biblia?

    2- La aceptación de los libros del NT fue un proceso, en él tomaron parte las iglesias de oriente y occidente, como se indica en los anteriores estudios históricos.

  6. #6
    Fecha de Ingreso
    Apr 2007
    Respuestas
    377

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Caminante2007 Ver Mensaje
    1- Si usted reconoce que el AT fue confiado a los judíos, ¿por qué añade libros que NO ESTÁN en su Biblia?

    2- La aceptación de los libros del NT fue un proceso, en él tomaron parte las iglesias de oriente y occidente, como se indica en los anteriores estudios históricos.
    Entonces porque ha afirmado que no se lo debe a nadie???

  7. #7
    Fecha de Ingreso
    Jun 2008
    Respuestas
    238

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Kerigma21 Ver Mensaje
    Entonces porque ha afirmado que no se lo debe a nadie???

    OOPSS... Buena pregunta!

    Dios te bendiga!

  8. #8
    Fecha de Ingreso
    Jul 2004
    Edad
    45
    Respuestas
    8.120

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Caminante2007 Ver Mensaje
    1- Si usted reconoce que el AT fue confiado a los judíos, ¿por qué añade libros que NO ESTÁN en su Biblia?
    Porque el proceso de discernimiento y de aceptación o rechazo de los libros griegos aún lo realizaron los judios en la era cristiana, y que yo sepa, los cristianos no se guian por las decisiones de los concilios de rabinos.

    Me gustaría ver la cara de Pablo si le hubiesen dicho que tenía que acatar las decisiones del concilio de Jamnia en el año 70.

    2- La aceptación de los libros del NT fue un proceso, en él tomaron parte las iglesias de oriente y occidente, como se indica en los anteriores estudios históricos.
    Entonces la Biblia la tienes gracias al discernimiento de "las iglesias de oriente y de occidente" como tú dices.

    Segundo, "las iglesias de oriente y de occidente", en la epoca en que se tuvo que discernir el canon (entre 480 y 510 aprox) celebraban Misa. Y creían que María es madre de Dios. Y veneraban las reliquias de los santos. Y habían monasterios con monjes de vida contemplativa. Y creían que el obispo de Roma era sucesor de Pedro.

    ¿Tú dices que esas iglesias eran... evangélicas?
    ¡Bendita eres tú entre la mujeres
    y bendito es el fruto de tu vientre!
    Lc 1, 42

  9. #9
    Fecha de Ingreso
    Jan 2007
    Respuestas
    1.981

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Kerigma21 Ver Mensaje
    Entonces porque ha afirmado que no se lo debe a nadie???
    Como diria Homer Doh!
    ''Todas contra UNA y UNA contra Todas''.

  10. #10
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Respuestas
    4.773

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Kerigma21 Ver Mensaje
    Entonces porque ha afirmado que no se lo debe a nadie???
    Porque es la Palabra de Dios, no de los hombres.

    Si no entiende lo básico.

  11. #11
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Respuestas
    4.773

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Petrino Ver Mensaje
    Porque el proceso de discernimiento y de aceptación o rechazo de los libros griegos aún lo realizaron los judios en la era cristiana, y que yo sepa, los cristianos no se guian por las decisiones de los concilios de rabinos.

    Me gustaría ver la cara de Pablo si le hubiesen dicho que tenía que acatar las decisiones del concilio de Jamnia en el año 70.

    Entonces la Biblia la tienes gracias al discernimiento de "las iglesias de oriente y de occidente" como tú dices.

    Segundo, "las iglesias de oriente y de occidente", en la epoca en que se tuvo que discernir el canon (entre 480 y 510 aprox) celebraban Misa. Y creían que María es madre de Dios. Y veneraban las reliquias de los santos. Y habían monasterios con monjes de vida contemplativa. Y creían que el obispo de Roma era sucesor de Pedro.

    ¿Tú dices que esas iglesias eran... evangélicas?
    El proceso de aceptación del Canon del NT fue mucho más amplio de lo que usted lo reduce.

    Mi modelo de iglesia es la neotestamentaria, nada que ver con aquellas que fueron amoldándose al paganismo imperante.

    Es muy sencillo, todo se reduce a la forma y usos del NT, que son copiados y aplicados del AT judío.

  12. #12
    Fecha de Ingreso
    Nov 2000
    Respuestas
    16.177

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    molliestone
    a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangelica.
    Se lo debemos a Martín Lutero.
    El peor "pecado" de Lutero fue el de traducir la Biblia a la lengua de su pueblo. Le hubiesen perdonado incluso su crítica de las "indulgencias" y eso que tocar el bolsillo del romanismo es un pecado imperdonable. Convirtieron los dones de Dios mediante las indulgencias en pura y dura simonia.

    Ah, pero, poner la Biblia al alcance del pueblo es evidenciar que la mayoria de doctrinas romanistas no proceden de las Escrituras sino del antiguo y moderno paganismo.

    Claro que ahora nos saldran los petrinos, misticos y molliestones con el sonsonete que todos interpretan las Escrituras a su gusto. ¿Acaso no hace lo mismo el romanismo? Y no solo las mal interpretan sino que también las tergiversan.

    Hay algo que nos muestra en la práctica la realidad romanista. Se trata de los antibióticos. Hay personas que hacen un mal uso de los mismos. Solución Made in Roma. Prohibirlos.

    Lo mismo hicieron con el matrimonio. Dicen defender a la familia, pero la niegan a sus sacerdotes y contra el consejo de las Escrituras.
    Heb. 13:4
    Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios
    Como el romanismo, contra la Palabra, niega que el matrimonio sea honroso, ha estimulado a sus clérigos a la fornicación y a la pederastia. (No importa que sean muchos o pocos) ¿Será esto lo honroso?

    Veamos lo que Pablo recomendó a Timoteo:
    1 Tim 4:1-5
    1.- Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;
    2.- por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia,
    3.- prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad.
    4.- Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias;
    5.- porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.
    Ahora decidnos petrinos, místicos y Cia.
    ¿Quienes son los hipócritas que tienen cauterizada la conciencia? ¿No son los que prohiben casarse?

    ¿Quien creo el sexo? ¿Acaso fuimos los protestantes?
    ¿Quien mal interpreta las Escrituras, nosotros? Entre nosotros a nadie se le prohibe el matrimonio porque mediante la Palabra de Dios y la Oración es santificado.

    En la llamada "cristiandad" los únicos que lo prohiben es el romanismo y ya sabemos a que clase de espíritus escuchan.

    ¿Como, pues, no van a prohibir la lectura de las Escrituras? Estas os condenan sin el menor resquicio por donde escapar y para más cinismo afirmais que el mismo Espiritu que denunció lo que iba y está ocurriendo es el que asiste a vuestra Institución.

    Mat. 12:30-32
    30.- El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
    31.- Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.
    32.- A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero
    Ahora, decidme, petrinos, místicos y Cia. ¿Interpreto mal las Escrituras? ¿Quienes blasfeman contra el Espiritu Santo?
    Es obvio, ¿no?
    Tobi
    No respondas al necio según su necedad, para no hacerte como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se tenga por sabio.

  13. #13
    Fecha de Ingreso
    May 2007
    Edad
    39
    Respuestas
    15.131

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Caminante2007 Ver Mensaje
    La Biblia es la Palabra de Dios, inspirada por el Espiritu Sato, y no se la "debemos" a NADIE, solo a Dios que en Su Gracia nos la preservó hasta hoy.
    Si, y nuestro Dios tiene una doble moral rampante, que hizo que sus enemigos la compilaran la tradujeran a varios idiomas y la divulgaran por el mundo, hasta que por fín vinieran los verdaderos cristianos en el siglo XVI.



    Saludos
    Ve con DIOS Mamá.. el galardón de tu lucha te acompaña; Madre, Esposa, Cristiana ejemplar, cantante oficial de Catedral de Maracay por muchos años incansable colaboradora de la Iglesia 7/10/39-29/5/13.

  14. #14
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Respuestas
    4.773

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Caminante_7 Ver Mensaje
    Si, y nuestro Dios tiene una doble moral rampante, que hizo que sus enemigos la compilaran la tradujeran a varios idiomas y la divulgaran por el mundo, hasta que por fín vinieran los verdaderos cristianos en el siglo XVI.



    Saludos
    Es obvio que su "dios", no es mi Dios.

  15. #15
    Fecha de Ingreso
    Nov 2000
    Respuestas
    16.177

    Por Defecto Re: a quien le debemos tener la biblia a la iglesia catolica ;o a la iglesia evangeli

    Cita Originalmente enviado por Caminante2007 Ver Mensaje
    Es obvio que su "dios", no es mi Dios.
    Aquí le puedes añadir: GRACIAS A DIOS
    Tobi
    No respondas al necio según su necedad, para no hacerte como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se tenga por sabio.

Información sobre el Tema

Users Browsing this Thread

Actualmente hay 1 usuarios navegando por este tema. (0 miembros y 1 invitados)

Normas de Publicación

  • no puedes enviar nuevos mensajes
  • no puedes publicar nuevas respuestas
  • no puedes añadir vínculos
  • no puedes editar tus mensajes
  •  
Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


Sindica: RSS1 Sindica: RSS2 Add to Google Añadir a Mi Yahoo! Suscribir con Bloglines