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Mensaje: Alimento diario semana 24 lunes

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    Por Defecto Alimento diario semana 24 lunes

    La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro
    Semana 24--- Nuevo cielo y nueva tierra
    Lunes --- Leer con oración: Mt 16:16-19; 17:1-5; 2 P 1:12-18; 3:11-13
    “Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P 1:11)
    Ser introducidos en el reino
    El tema de esta semana es: "Cielos nuevos y tierra nueva". En su segunda epístola Pedro nos muestra que los que serán calificados para entrar en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 P 1:11) serán aquellos que permiten que la vida de Dios crezca en ellos y también buscan tener un vivir piadoso, un vivir que Lo exprese; son aquellos que están siendo conformados a la imagen de Cristo a fin de expresar Su gloria, por practicar las virtudes humanas elevadas del Señor Jesús.
    En 2 Pedro 1:12 leemos: "Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente". Ese fue un importante recordatorio que el apóstol Pedro nos dejó por medio de su experiencia.
    Seguidamente en los versículos 13 y 14 leemos: "Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado". El apóstol nos dirigió esas palabras, amonestándonos y advirtiéndonos. Esto también refuerza el hecho de que mientras más madura es la persona, más ella repite lo que juzga que es importante, y este es el caso de Pedro (v. 15). Además, nos habla acerca de la segunda venida de Cristo, lo cual no fue resultado de fábulas engañosamente inventadas, sino de su testimonio ocular y del testimonio de los demás apóstoles (v. 16). Al final de este versículo, Pedro asocia la venida del Señor en gloria con la experiencia que tuvo con Él en el monte de la transfiguración (Mt 17:1-8). Ese episodio sucedió inmediatamente después de que el Señor Jesús reveló la iglesia (16:18).
    En Mateo 16 el misterio de Dios, que es Cristo, fue revelado por el Padre mismo (vs. 16-17). Después tenemos otra revelación concerniente a la iglesia como misterio de Cristo (v. 18); así, por primera vez la iglesia fue mencionada. De esa forma vemos que la voluntad de Dios es que todos los que nacieron de nuevo vivan juntos. Este es el significado literal de la palabra "iglesia", que en el griego es ekklesía, es decir, la asamblea de los llamados para fuera.
    El Señor Jesús después de revelar la iglesia, habló de las dos llaves del reino de los cielos (v. 19). La expresión "reino de los cielos" en el versículo 19 es usada en lugar de la palabra "iglesia" en el versículo 18, esto significa que la iglesia y el reino son la misma cosa. Por tanto, la iglesia es la realidad del reino de los cielos en esta era. De esta manera, sin la iglesia las puertas del reino no pueden ser abiertas, porque ella tiene las llaves, es decir, es por medio de la iglesia que somos introducidos en el reino.
    Para entrar en la manifestación del reino, es necesario que pasemos por la etapa de la iglesia. En otras palabras, la vida normal de la iglesia es el ambiente propicio para practicar la Palabra, hacer la voluntad de Dios, tener un vivir recto y justo. Esto nos introducirá en la manifestación del reino de los cielos en la era venidera.
    Punto Clave: Tener la vida normal de la iglesia.
    Pregunta: ¿De qué manera podemos entrar en el reino?

  2. #2
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    Por Defecto Martes

    La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro
    Semana 24 --- Nuevo cielo y nueva tierra
    Martes --- Leer con oración: Mt 16:16, 21-24, 26; Hch 2:36; Ef 4:15-16
    “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mt 16:19)
    La autoridad de la iglesia viene del reino
    El versículo que acabamos de leer y orar nos muestra que todo lo que la iglesia desatare en la tierra será desatado en los cielos, y todo lo que atare en la tierra será atado en los cielos. La vida de la iglesia es la realidad del reino de los cielos y tiene, por tanto, su autoridad.
    El Señor Jesús prosiguió hablándole a los discípulos después de la revelación de la iglesia: "Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día" (v. 21). Para que la iglesia fuese engendrada, era necesario que el Señor Jesús sufriese en Jerusalén hasta Su muerte y resurrección. Este proceso no sólo engendraría la iglesia, como Su cuerpo, también Lo haría la Cabeza de la iglesia (Ef 4:15-16). No obstante, Simón Pedro, en su hombre natural sintió pena por el Señor, pues no quería verlo ir a Jerusalén para sufrir en mano de los judíos. Entonces llamó al Señor aparte y comenzó a reprenderlo diciendo: "Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca" (Mt 16:22). Él no sabía que aquello que el Señor estaba por hacer era la voluntad y determinación de Dios. Era necesario que Jesús fuese muerto y resucitase, pues en Su resurrección Él sería exaltado por Dios como Señor y Cristo (Hch 2:36).
    Satanás sabía que si el Señor Jesús no hubiese muerto y resucitado, la iglesia no sería engendrada, por eso hizo lo posible para usar a Pedro a fin de impedir que el Señor fuese a Jerusalén. Sin embargo, el Señor Jesús no reprendió a Pedro, sino a Satanás que estaba usando la mente natural de Pedro: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres" (v. 23).
    A partir de la interferencia de Satanás el Señor le dijo a Sus discípulos: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (v. 24). Seguir al Señor es lo mismo que vivir la vida de la iglesia; si no lo seguimos es imposible vivir esa vida. Si alguien quiere ir en pos del Señor, existe una condición: "negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirlo". Cada vez que nuestro hombre natural aparece, debemos tomar la cruz y hacerlo morir. Nuestra vida del alma no fue hecha para ser elogiada, sino para ser negada. Así, obtendremos la salvación completa de Dios. La vida de la iglesia es un vivir de renuncia constante a la vida del alma.
    El mayor problema en la vida de la iglesia es que muchos valoran demasiado su vida del alma y no quieren negarse a sí mismos. Para mostrar la importancia de eso, el Señor dijo: "Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (v. 26). En la vida de la iglesia tenemos la oportunidad de negar nuestra vida del alma cuando pasamos por las probaciones ardientes y por el fuego. Estas cosas son necesarias porque el Señor quiere eliminar lo que es natural en nosotros para que la vida divina sature totalmente nuestro ser. Así pues, de manera muy espontánea y constante la naturaleza divina será trabajada en nuestra naturaleza humana y finalmente seremos vencedores. Este será nuestro galardón.
    Punto Clave: Nuestro mayor problema es la vida del alma.
    Pregunta: ¿De qué manera debemos vivir la vida de la iglesia?

  3. #3
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    Por Defecto Miercoles

    La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro
    Semana 24 --- Nuevo cielo y nueva tierra
    Miércoles --- Leer con oración: Mt 16:27-28; 17:1-4; Lc 16:16; Ro 10:4
    “Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz” (Mt 17:2)
    El reino milenario - una esfera de gloria
    La impresión que Pedro tuvo acerca del galardón del reino vino de su experiencia en Cesarea de Filipo. Además de haber recibido la revelación de los dos mayores misterios de la Biblia (de Dios, que es Cristo; y de Cristo, que es la iglesia), Pedro pudo ver que los que viven la vida de la iglesia, al renunciar a sí mismo, tomando su cruz y siguiendo al Señor, tendrán el derecho al galardón del reino (Mt 16:24-27). En Mateo 16:27a leemos: "Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles". Los ángeles en esta porción se refiere a los vencedores, que habrán sido arrebatados antes de la venida visible del Señor (Ap 3:10).
    Prosiguiendo en Mateo 16:27b leemos: "Y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras". Estas palabras fueron muy importantes para Pedro, por eso en sus epístolas, el apóstol habla acerca del galardón para aquellos que fueren aprobados en el juicio. Nuestra esperanza es que todos nosotros podamos crecer en la vida de Dios, renunciando a la vida del alma a fin de que la naturaleza divina se infunda cada vez en nuestra naturaleza humana, haciéndola más elevada. Así seremos iguales a Cristo, conformados a Su imagen, y expresaremos la gloria de Dios.
    En el versículo 28 leemos: "De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino". Esta es la esperanza que todos los santos tienen. En el tiempo de Pedro ellos nos pudieron experimentar eso, pero hoy nosotros tenemos esa esperanza, pues recibimos del Señor Sus preciosas y grandísimas promesas (2 P 1:4).
    Después que el Señor haya juzgado a todas las naciones en el trono de Su gloria, que será el juicio sobre los gentiles vivos antes del milenio (Mt 25:31-32), entrará en la gloria, es decir, reinará en el reino milenario. En Mateo 17 el Señor nos da una muestra de eso: "Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz" (vs. 1-2). Esa es una pequeña revelación de cómo será en el futuro. El reino será una esfera de gloria.
    En el versículo 3 leemos: "Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él". En aquel momento Pedro, tomado por su exaltación natural, dijo: "Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías" (v. 4). Pedro aún conservaba su concepto tradicional. En este versículo Moisés representaba a la ley, y Elías a los profetas; la ley y los profetas son los puntos del Antiguo Testamento que los judíos más valoraban. Por causa de su mente tradicional Pedro puso a Moisés y Elías en el mismo nivel que el Señor Jesús. Él había olvidado la revelación que había acabado de recibir al respecto de Jesús como el Cristo, el Hijo del Dios viviente. "Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd" (v. 5). Necesitamos estar en el espíritu a fin de que podamos recordar que el Señor Jesús concluye con la ley y los profetas, los cuales estaban vigentes hasta Juan el Bautista (Lc 16:16). Además, el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree (Ro 10:4).
    Punto Clave: Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
    Pregunta: ¿Qué lección aprendemos con Pedro en cuanto a la transfiguración del Señor en el monte?

  4. #4
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    Por Defecto Jueves

    La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro
    Semana 24 --- Nuevo cielo y nueva tierra
    Jueves --- Leer con oración: 2 P 1:10-11, 17-21; 2:1-22; 3:10, 12-13
    “Sabe el Señor librar de la prueba a los piadosos, y guardar a los injustos bajo el castigo para el día del juicio” (2 P 2:9)
    Librar de la prueba a los piadosos
    A la luz del relato de la experiencia de Pedro en el monte de la transfiguración (Mt 17:1-5) y de las palabras mencionadas en su segunda epístola (1:17-18), vemos que un día nosotros, los santos, entraremos en la gloria, que es el galardón que el Señor nos dará. Si la vida de Dios creciere en nosotros y estuviéremos saturados completamente por la naturaleza divina, tendremos el privilegio de reinar juntamente con el Señor (Ap 3:21).
    Ser un vencedor, por tanto, en el contexto de la experiencia de Pedro, requiere de nuestra parte una diligencia cada vez mayor (2 P 1:10). Un vencedor es alguien que creció en la vida divina y negó su vida del alma. Al mismo tiempo es aquel que expresa la naturaleza divina en su humanidad. Esto lo calificará para obtener como galardón la entrada en el reino eterno de nuestro Señor Jesucristo (v. 11).
    Así que, la revelación que Pedro recibió se extiende, además de la manifestación del reino, hasta nuestra entrada en los cielos nuevos y tierra nueva (3:13). Aunque Pedro no haya usado el termino "Nueva Jerusalén" en su segunda epístola, ese termino está implícito en las expresiones "nuevos cielos" y la "nueva tierra". Pues él sabía que todas las cosas de la vieja creación serían exterminadas por el fuego (v. 12). Dios purificará toda la tierra y quemará todas las cosas anormales, entonces Pedro nos advirtió, al recordarnos acerca del juicio de Dios sobre la tierra. Él además dice: "Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones" (1:19). Cuando el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en nuestros corazones se refiere a nuestra entrada en el reino milenario.
    Además, Pedro complementó: "Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (vs. 20-21). Solamente cuando un hombre está en el Espíritu Santo puede hablar estas palabras. El apóstol nos advirtió de antemano para que todos nosotros pudiésemos estar preparados. En aquella época la iglesia ya estaba entrando en la degradación; había muchos falsos profetas y falsos maestros, personas que intentaban engañar a los hijos de Dios (2:1-3). Pedro nos alertó acerca de todas estas cosas, pues quería que nos diésemos cuenta de que ninguna palabra negativa y falsa debe permanecer en medio nuestro. Su advertencia vino repetidas veces para que recordáramos sus palabras.
    También fue con el objetivo de advertirnos en cuanto a esos falsos profetas y falsos maestros que Pedro escribió su segunda epístola. Aunque tal vez todavía no hayamos visto nada de eso, debemos estar advertidos. Para algunos, tal vez eso ya esté sucediendo. Sin embargo, Dios juzgará todas las cosas, así como lo que hizo con los ángeles que se rebelaron; con los que estaban en fornicación en la generación de Noé; y contra los habitantes de Sodoma y Gomorra que con sus procedimientos libertinos afligían al justo Lot (vs. 4-8).
    El día del juicio al que Pedro se refiere es el Día del Señor (v. 9b; cfr. 3:10). Ese Día del Señor será un tiempo de juicio, en el que Dios juzgará todas las cosas. Entre los versículos 10 y 22 del capítulo 2, Pedro continúa dando más detalles acerca de los falsos maestros, que serán castigados por el Señor en aquel día.
    Nuestro deseo es permitir que la naturaleza divina sea trabajada en nuestra naturaleza humana, a fin de que Dios sea plenamente expresado en nuestro ser. Debemos tener plenamente la piedad, pues en ese día el Señor librará de la prueba a los piadosos (v. 9).
    Punto Clave: Vivir piadosamente.
    Pregunta: ¿A qué se refiere el Día del Señor?

  5. #5
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    Por Defecto Viernes

    La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro
    Semana 24 --- Nuevo cielo y nueva tierra
    Viernes --- Leer con oración: Mi 7:18; 2 P 3:1-9; 1 Jn 1:7, 9; 3 Jn 3, 4
    “El Señor no se retrasa con respecto a la promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es longánime para con vosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P 3:9)
    El Señor es longánime
    Si somos sabios, tomaremos las palabras de advertencia del apóstol Pedro a fin de que seamos guardados del Día del juicio, en el cual anticipadamente debemos ser aprobados por el Señor (2 P 3:1-2). Generalmente una persona madura repite sus palabras con la intención de ayudar a los más jóvenes. Y los más jóvenes pueden considerar que es muy repetitiva. Por consiguiente, Pedro usa la palabra recordar para prevenirnos en cuanto a la situación presente.
    En los versículos 3 y 4 leemos: "Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación". Un vencedor debe prevenirse de todas estas cosas que ya nos fueron advertidas por los profetas y apóstoles y posteriormente recordadas por Pedro. No sólo debemos apartarnos de ellas, también debemos recordar a los demás de que no cometan los mismos pecados.
    No pensemos que Dios no está preocupado de lo que está sucediendo en el mundo y con nosotros, en la iglesia (vs. 5-7). No es necesario que mencionemos la cantidad de cosas inicuas de este mundo maligno. En la vida de la iglesia, no obstante, también hay cosas que no le agradan al Señor siendo la principal de ellas la falta de disposición de practicar la Palabra y el excesivo énfasis en estudiarla bajo el punto de vista doctrinal. Por otro lado, nosotros, principalmente después que recibimos ayuda del ministerio ulterior del apóstol Juan, fuimos advertidos que es insuficiente conocer únicamente las verdades, sino que debemos practicarlas y propagarlas. Debemos dar atención a la Palabra de Dios y ser fieles a Su voluntad. No vamos a bajar la guardia ante los que intentan desanimarnos con sus viejos conceptos o puntos de vista naturales.
    Juan habló que hay, entre los de la iglesia en Tiatira, aquellos que se profundizan en las cosas misteriosas y profundas (Ap 2:24). Sin embargo, Dios no quiere eso, Él desea que simplemente practiquemos las verdades; y nosotros no renunciaremos a ninguna de ellas. Como Juan nos escribió: "Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad" (3 Jn 3-4). A algunos sólo les gusta oír la verdad, pero no se disponen a practicarla. Quien está en la esfera anímica no logra practicar la verdad; sólo quien está en el espíritu lo logra. Los hijos de Dios que practican la verdad llegan a ser motivo de alegría para los demás.
    El Señor es longánime para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. No debemos envolvernos en difamaciones, con falsos testimonios y críticas. Aunque, a veces oremos al Señor pidiéndole que interfiera en esas situaciones, percibimos que el Señor no lo hizo aún porque Él es longánime (2 P 3:8-9). Su longanimidad tiene como objetivo ganar a todos. Cuando nos arrepentimos, todas las cosas son purificadas por la sangre del Señor Jesús. Si nos arrepentimos genuina y cabalmente, las cosas de las cuales nos arrepentimos jamás serán mencionadas en el tribunal de Cristo (1 Jn 1:7, 9).
    Por tanto, el Señor Jesús por medio de nuestro arrepentimiento desea que antes de Su venida ya hayamos solucionado todas nuestras cosas pendientes. De lo contrario, perderemos el galardón y seremos echados en las tinieblas de afuera, donde será el lloro y el crujir de dientes (Mt 22:13; 25:30). Hoy vivimos en la era de la gracia. Cuando nos arrepentimos, somos purificados por la sangre preciosa del Señor, y es como si jamás hubiésemos cometido pecados (Mi 7:18).
    Punto Clave: Conocer, practicar y propagar las verdades.
    Pregunta: ¿Cuál es la finalidad de la longanimidad del Señor?

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    Por Defecto Sabado

    La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro
    Semana 24 --- Nuevo cielo y nueva tierra
    Sábado --- Leer con oración: Ro 14; 1 Jn 1:7
    “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (Ro 14:13)
    Arrepentirse para recibir a los hermanos
    El arrepentimiento es la consecuencia de ir delante del Señor y ser iluminados (1 Jn 1:7). Debajo de Su luz podemos darnos cuenta de nuestras fallas y arrepentirnos de ellas. Un buen ejemplo de arrepentimiento fue el hermano Witness Lee. Antes de dormir en el Señor, él aún habló del arrepentimiento. En el pasado, debido a algunas situaciones de mal entendido, el hermano Lee no actúo de manera adecuada con cierto hermano. Pero más tarde, se arrepintió de su actitud que tuvo y pidió perdón. Hoy son pocos los siervos de Dios que se arrepienten de esa manera. Al contrario, cuando algunos hermanos se equivocan, insisten en su error hasta el final en vez de arrepentirse.
    Otro aspecto del arrepentimiento del hermano Lee fue con respecto a la práctica de Romanos 14, en cuanto recibir a los santos (v. 1). En el año de 1997, poco antes de su muerte, el hermano Lee, arrepentido, dio una palabra concerniente al asunto de recibir. Añadió que entre los hijos de Dios no debe haber críticas ni juicios. Tal vez algunos hermanos aún sean infantiles y no tengan mucha claridad sobre ciertos asuntos. Sin embargo, debemos recibirlos, y con paciencia ayudarlos poco a poco. A la luz de ese capítulo de Romanos el hermano Lee nos dijo que debemos recibir a todos los hijos de Dios, es decir, a todos aquellos que fueron regenerados por el Espíritu. No debemos criticar a nadie por sus prácticas (vs. 1-6).
    Cuando alguien venga a nuestro medio, no vamos a intentar corregirlo o ajustarlo. Vamos ayudar al hermano, poco a poco, evitemos las críticas con respecto a comer o no comer carne, o si él considera un determinado día especial a diferencia de los demás, debemos recibirlo y disfrutar a Cristo como nuestra realidad. Sin embargo, en el pasado, nuestra actitud para con los hermanos de los grupos cristianos fue de menosprecio. Nosotros nos considerábamos más elevados que ellos. Por causa de eso, terminábamos perdiéndolos.
    Por tanto, este es un excelente ejemplo de arrepentimiento para nosotros. Necesitamos ir delante del Señor, ser iluminados y arrepentirnos de nuestros errores. Este es el punto de partida para que recibamos a los hermanos, no sólo a los que piensan de manera diferente que nosotros, sino también a aquellos que no se reúnen con nosotros. Debemos acoger a todos aquellos que nacieron de nuevo y fueron bautizados dentro del Cuerpo de Cristo.
    Además, en Brasil, también tuvimos esa actitud, es decir, en vez de recibir a los hermanos, discutíamos con ellos, y es por eso que al final los perdíamos. Pero ¡Gracias al Señor! desde el año de 1989 cambiamos de actitud y comenzamos a recibir a todos los hermanos de los distintos grupos cristianos. Vimos que lo más importante no es ganar una discusión, al usar las verdades correctas y bien aplicadas, sino el ganar a nuestro hermano. A partir de allí muchos cristianos, incluso con puntos de vista diferentes, entraron en la vida de la iglesia. El camino que el apóstol Pablo nos dio fue que no juzguemos ni nos critiquemos unos a otros, pues cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios (Ro 14:7-12)..
    Punto Clave: Recibir a los hermanos.
    Pregunta: ¿Qué lecciones podemos aprender de las experiencias del hermano W. Lee?

  7. #7
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    Por Defecto Domingo

    La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro
    Semana 24 --- Nuevo cielo y nueva tierra
    Domingo --- Leer con oración: Mt 25:31-46; 1 P 4:17-19; 2 P 3:7-18
    “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 P 3:13)
    La justicia mora en los cielos nuevos y en la tierra nueva
    El juicio comienza por la casa de Dios (1 P 4:17). Este juicio se refiere a las experiencias de fuego por las que pasamos en la vida de la iglesia, cuya finalidad es purificarnos, librándonos de todas las impurezas del alma. Negar nuestra vida del alma es algo que exige sufrimiento. No obstante, es mejor que suframos hoy, para que delante del tribunal de Cristo seamos alabados, y no reprobados (vs. 18-19). Si crecemos en la vida divina, por negarnos a nosotros mismos, por tomar la cruz y seguir al Señor y, sobre todo, por permitir que la naturaleza de Dios se exprese en nuestro vivir, ciertamente delante de Su tribunal estaremos calificados a entrar en el gozo del galardón del reino.
    No obstante, entre las naciones habrá un grupo llamado de ovejas que los ayudarán con ropa, comida y visitas (Mt 25:31-40). También habrán cabritos, que no les prestarán ayuda (vs. 41-46). A las ovejas, el Señor les permitirá disfrutar del reino en la parte terrenal como pueblo para que sean gobernadas por Cristo y por los santos vencedores y sean enseñadas por el ministerio sacerdotal de los judíos salvos. Pero, los cabritos serán lanzados en el lago de fuego después del juicio.
    Aún en la gran tribulación el Señor juzgará a la gran Babilonia (Ap 18:2; 19:2). Tanto a la religión, como el comercio, que representan dos aspectos importantes de la gran Babilonia, serán juzgados por el Señor. Toda la tierra será el blanco del juicio de Dios.
    Al final de la gran tribulación, el anticristo y el falso profeta serán lanzados al lago de fuego (Ap 19:20). Pero, Satanás será lanzado en el abismo para ser más tarde usado por el Señor. Durante el reino milenario él estará preso en ese abismo (20:2-3). Después habrá algunos entre las naciones, las ovejas, que se rebelarán. Dios entonces soltará a Satanás del abismo al final del milenio, y él las liderará para que se levanten en contra del Señor y pelearán contra los santos (vs. 7-9). Esas ovejas que se rebelarán también serán lanzadas en el lago de fuego. Finalmente Satanás también irá al lago de fuego, en donde serán lanzadas todas las impurezas (Ap 20:10-15).
    El Día del Señor también es el Día de Dios (2 P 3:10, 12). Conforme a lo que vimos arriba, en ese día el Señor juzgará todas las cosas negativas. Después de Su juicio seremos introducidos en los cielos nuevos y en la tierra nueva, como leemos: "Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia" (v. 13). Las naciones, que son las ovejas mencionadas por el Señor en Mateo 25 y, si fueren fieles a Él durante el período del reino milenario, serán trasladadas para ser las naciones en los nuevos cielos y a la nueva tierra (Ap 22:2).
    Continuando en 2 Pedro 3:14 leemos: "Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz". Por tanto, esa debe ser nuestra condición delante del tribunal de Cristo. Por eso Pedro nos advirtió cuidadosamente para que estemos prevenidos (2 P 3:17). Pablo también habló de esas cosas (v. 15; cfr. 2 Ts 2). Igualmente Juan, fue usado más tarde por el Señor para escribir el libro de Apocalipsis y nos mostró que cada uno de esos eventos se cumplirán conforme a lo que registró en Apocalipsis. En otras palabras, el libro de Apocalipsis será el cumplimiento de todas las palabras de Pedro mencionadas al final de su segunda epístola.
    La Nueva Jerusalén será la consumación final y máxima de la economía de Dios en el nuevo cielo y la nueva tierra (Ap 21- 22). Aunque Pedro no haya usado el termino "Nueva Jerusalén", él recibió la revelación y habló en el versículo 13 de su segunda epístola acerca de "nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia". Debemos ser justos no sólo en el sentido de no pecar o hacer cosas correctas, sino en el sentido de hacer totalmente la voluntad de Dios. Así seremos trasladados a los cielos nuevos y a la tierra nueva, en los cuales mora la justicia, que es Dios mismo. Nosotros mismos llegaremos a ser la justicia. Cielos nuevos y tierra nueva corresponden a la Nueva Jerusalén según la percepción de Pedro, la cual expresa la mezcla completa y plena de Dios con el hombre.
    Este es el resultado del mezclar de la naturaleza divina con la naturaleza humana: Dios plenamente expresado en el hombre. Hoy debemos tomar el encargo de las epístolas de Pedro y practicar sus palabras en todos los aspectos de la vida de la iglesia, conforme leemos: "Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén" (2 P 3:18). ¡Jesús es el Señor! ¡Amén!
    Punto Clave: La justicia es Dios mismo.
    Pregunta: Después de todo lo que fue presentado en esta serie del Alimento Diario, especialmente en este día, ¿Cuál debe ser nuestra actitud?
    Dong Yu Lan
    Jesus es el Señor!
    La iglesia en Armenia

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