Ordinariato: instrumento de poder
Jorge Gamboa Arosemena
opinion@prensa.com
A raíz de la presentación de credenciales de nuestra embajadora ante el gobernante del Estado Vaticano, el papa Benedicto XVI, ejerciendo funciones políticas, con sutileza, le reclama que está pendiente la ratificación por parte de Panamá del concordato negociado con el gobierno anterior.
Días después, el presidente de la Asamblea y el canciller expresan que están dispuestos a impulsar dicha aprobación. Además, en La Estrella de Panamá (15/11/2009), el nuncio apostólico de Panamá, monseñor Andrés Carrascosa, da declaraciones que considero no deben quedar sin respuesta.
El Ordinariato Castrense para mí es la reedición de una polémica pública que tuve con monseñor Laboa (qdDg), en junio de 1987, cuando yo le pedía a la jerarquía de mi Iglesia que no cediera ante el chantaje del dictador Noriega que retenía las visas del clero extranjero, mientras no aceptaran que él escogiera los capellanes, afines a las tropelías que los militares hacían.
Hoy, con una relativa situación diferente, reaparece la figura del ordinariato. Digo relativa, porque cambiadas las circunstancias, el tema “ejercer poder” sigue siendo lo mismo: unos aprovechan y otros padecen. Ya hay voces que han manifestado sobre lo inconveniente de aprobar esta institución.
Carlos Guevara Mann, los integrantes del Comité Ecuménico, Brittmarie Janson Pérez, como también en su momento Guillermo Endara, se han opuesto por ser una incongruencia con nuestro ordenamiento constitucional, un elemento que tiende a revivir el militarismo y sería una discriminación con otras confesiones religiosas.
Usemos las declaraciones, monseñor, para señalar una serie de errores o hasta falsedades ideológicas.
Veamos algunas: Dice monseñor: “Nadie, y mucho menos la Iglesia católica, quiere volver a militarizar el país”. ¿Cómo una persona de esa experiencia puede aseverar que “nadie” quiere militarizar el país? Los absolutos no existen, y sí hay quienes quieren remilitarizar el país.
Dice monseñor: “He leído unos juicios de intenciones, como si se tratara de una búsqueda de poder”. Aquí monseñor reaccionó a la defensiva de algo que la historia confirma que ha sido el proceder del Estado Vaticano, un reino de este mundo, no como nos predicaba nuestro Señor Jesucristo, que su reino no era de este mundo, porque para que la monarquía contemporánea del Vaticano haya celebrado su octogésimo aniversario (concordato con Musolini, 1929) en un mundo de lobos políticos, no puede ser por otro motivo que administrando poder.
Dice monseñor: que en Estados laicos se permite que otras confesiones religiosas accedan a las tropas. “Eso ocurre en un país como EU o como Francia, que son conocidos por la laicidad”. Monseñor, buscó dos ejemplos de Estados con prácticas imperialistas con esos acuerdos, porque sus fuerzas Armadas son considerables y cumplen una de sus premisas expuestas por monseñor, porque tienen tropas acuarteladas, que es de donde viene el término castrense. El querer compararnos falsea la realidad.
Dice monseñor: con toda candidez que lo del pago a los ordinarios es “insignificante”, entonces que el Vaticano corra con los gastos.
En otro orden de ideas, entiendo que el clero, para atender la población, hoy es escaso; si abren otra estructura que requiere personal, ¿de dónde lo van a sacar? ¿Dejarán las diócesis y sus parroquias sin labriegos para recoger la mies? ¿Por qué hay prioridad para los organismos armados y no hacen un Ordinariato Castrense para los acuartelados bomberos? ¿Será porque este cuerpo no trafica poder?
Los miembros de nuestra Fuerza Pública no están acuartelados, a excepción de los nuevos cuerpos militarizados, que son minorías, pero monseñor dice que “la sede del ordinariato para la fuerza pública estará en la capital”. ¿Para qué en la capital, si aquí en la capital los miembros de la Fuerza Pública no están acuartelados?, ellos van y vienen a sus casas todos los días, lo que los hace accesibles en sus comunidades donde hay parroquias que pueden hacerles su labor pastoral.
Cuando monseñor opina sobre nuestra constitucionalidad y sobre nuestros problemas políticos, me recuerda a los embajadores de EU que perennemente intervienen en asuntos internos de nuestra nación, lo que no es correcto. El canciller impulsa este concordato. Él ha confesado ser “colaborador del Opus Dei”. ¿Tendrá algo que ver el Opus Dei en esto? El Estado debe ser laico, porque hay que “dar a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César”.



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