
Originalmente enviado por
Norberto7
Quiero dejar claro que aunque admito dicciones contrarias en las Escrituras, imposibles de armonizar sin bloquear ciertos sentidos del intelecto racional para así hacerlo de una forma a ultranza mas contradictoria todavía, y además convencido de particular iluminación para lograrlo.
No niego en absoluto con lo dicho, la realidad de Dios; Ni la obra trascendental de Jesús el Mesías, expuesta con rigor espiritual más que histórico y matemático en las sagradas Escrituras, aun en los autógrafos. De modo que, sin negar lo uno, tampoco cierro mi mente e intelecto a la evidencia de los hechos históricos y semánticos.
Hay cosas que se pueden explicar, la mayoría; Pero otras no, como ser el caso de Judas, y la incitación a David; O un texto u otro a de preferirse o modificarse, eso no afecta en nada mi creencia en Dios y su Hijo Jesús.
En el tema moral, cual los juicios de Dios sobre las naciones y los individuos, como en el caso de faraón y Egipto, concuerdo en general con Ricardo; Pero no me atrevo a decir como el a su cuestionador: “El caso es que con tu limitada capacidad humana (por amplia que sea)..." porque se que es ofensivo para el lector, y persuade de una lectura bien dispuesta del resto del mensaje.
Yo corrijo al sabio (Ricardo) para que me ame.
Recuerdo haber leído de swami Prahbupada: "Algunas personas con poco acopio de conocimiento," claro, lo decía de los que no pensaban como él.
La cosa es muy sutil, y los textos bíblicos son muy antiguos; Y sobre todo, su énfasis es espiritual, y no tanto histórico ni matemático.
Hay cosas que ni aun precisan haber existido histórica y "materialmente" para aun así exponer verdades eternas, superiores a cualquier logro meramente humano, por más erudito que éste sea.
Las acciones de Dios -Sus caminos- son razonables justos y misericordiosos; Lo cual puede despertar nuestro amor hacia Él. Pero el mismo efecto no necesariamente lo tendrá, el que más allá del tenor eminentemente espiritual de la Escritura, tengamos que creer en una absoluta precisión histórica y científica de ella como requisito de salvación; Y en caso de optar por tal criterio, excluir de ella -la salvación- a los que no asientan a nuestro criterio.